Lo que empezó como una historia de Instagram ha terminado convertido en un pulso político de alto voltaje. Hakim Ziyech, internacional marroquí y actual jugador de Wydad, ha vuelto a posicionarse sin matices a favor de Palestina y ha provocado una respuesta directa del ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir.
El detonante fue la reciente aprobación en la Knéset de una ley de pena de muerte dirigida específicamente a presos palestinos. El parlamento israelí dio luz verde al texto el 30 de marzo, con 62 votos a favor y 48 en contra. La norma fija la horca como castigo por defecto para palestinos condenados en tribunales militares. Organismos como la oficina de derechos humanos de la ONU han denunciado que la ley es discriminatoria y erosiona las garantías procesales más básicas.
Ziyech no miró hacia otro lado. Publicó en su historia de Instagram una imagen de Ben-Gvir celebrando la votación y lanzó una pregunta cargada de ironía: si esta decisión también se presentaría como “legítima defensa”. Un mensaje breve, pero incendiario.
La respuesta del ministro israelí no tardó. En declaraciones recogidas por medios israelíes y regionales, Ben-Gvir tachó a Ziyech de “antisemita” y rechazó de plano cualquier crítica a la nueva ley. Fue más allá: advirtió de que “Ziyech y todos los demás antisemitas no escaparán”. Un tono amenazante que ha disparado aún más la tensión alrededor del caso.
Una postura que no es nueva
Para quienes siguen de cerca la carrera y la vida pública del marroquí, nada de esto sorprende. A sus 32 años, tras pasar por Ajax, Chelsea, Galatasaray y Al-Duhail antes de recalar en Wydad, Ziyech se ha consolidado como una de las voces más firmes del fútbol en defensa de la causa palestina.
Desde el inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza, el 7 de octubre de 2023, el jugador ha utilizado de forma reiterada sus redes sociales para denunciar las masacres contra civiles palestinos y el papel de las fuerzas de ocupación israelíes. No ha rebajado el tono. No ha buscado términos neutros.
En octubre de 2023, publicó uno de sus primeros mensajes de esta nueva etapa de activismo, acompañando su apoyo a Palestina con una cita sobre la opresión y la manipulación mediática. El gesto marcó una línea: Ziyech no se limitaría a mensajes simbólicos, sino que entraría de lleno en el debate político y moral.
Con el paso de los meses, lejos de apagarse, su discurso se endureció. Reaccionó a nuevas imágenes procedentes de la Cisjordania ocupada, condenó de nuevo las acciones de Israel y pidió mantener la presión pública. También señaló directamente a los gobiernos que, a su juicio, han permitido que la situación llegue a este punto.
Un cruce de acusaciones con peso político
Las palabras de Ben-Gvir contra Ziyech no se entienden en el vacío. El propio ministro arrastra un historial polémico: una condena pasada por incitación contra árabes y vínculos con un movimiento extremista prohibido en Israel. Que sea precisamente él quien acuse al futbolista de antisemitismo añade una capa de controversia al enfrentamiento.
El caso ha salido ya del terreno de juego. No se trata de un simple rifirrafe entre un jugador y un político. El intercambio refleja una fractura mucho más profunda, en la que el fútbol vuelve a convertirse en altavoz de conflictos que desbordan el deporte.
Ziyech, fiel a su línea, ha elegido no replegarse. Mantiene su postura, consciente de que cada publicación suya se lee hoy no solo en Rabat o Casablanca, sino también en Tel Aviv, Gaza, Bruselas o Doha. Su carrera le ha dado escaparate. Su compromiso, ahora, le coloca en el centro de una batalla de relatos que va mucho más allá de un balón.





