Haaland y Mbappé: La rivalidad que aún no arde
Durante años el fútbol ha buscado, casi con ansiedad, el relevo del duelo que marcó una era: Messi contra Ronaldo. Los focos apuntan ahora a Erling Haaland y Kylian Mbappé, pero la chispa todavía no ha prendido del todo. No es por falta de talento. Es, sobre todo, por contexto.
Haaland domina la Premier League con Manchester City, camino de convertirse en icono del campeonato inglés. Mbappé, recién aterrizado en el Real Madrid, encarna la nueva ola de Galácticos en La Liga. Dos superestrellas, dos ligas, dos ecosistemas mediáticos distintos.
Y ahí aparece el primer matiz clave: el City, pese a su éxito reciente y el triplete de 2023, no despierta la misma pasión global que otros gigantes históricos de la Premier. Su proyecto, respaldado por Abu Dabi, genera admiración deportiva, pero también cierta indiferencia entre neutrales. El Madrid, en cambio, sigue siendo una máquina mundial de relato y repercusión.
Con Messi y Ronaldo todo era distinto. Compartían país, compartían escenario, compartían odio deportivo. Uno vestido de azulgrana, el otro de blanco, a ambos lados de un Clásico que partía España en dos. El fútbol español funcionaba casi como un duopolio, alimentado por figuras inflamables como José Mourinho o Sergio Ramos y por duelos colosales en Europa. Cada gol, cada título, cada gesto se comparaba al instante.
Haaland y Mbappé no tienen ese cara a cara semanal. Solo se cruzan en la Champions y en la carrera por la Bota de Oro europea. Demasiado poco para construir una rivalidad que marque una época.
El vacío de Noruega y el peso de Francia
Hay otro abismo que separa sus trayectorias: las selecciones. Hasta hace nada, Noruega vagaba por el desierto internacional. Este es el primer gran torneo de Haaland con su país… a los 25 años. Un dato que lo dice todo.
En el extremo opuesto, Mbappé vive su quinta gran fase final. Ha sido uno de los motores que han colocado a Francia entre las favoritas en cada cita, coronándose campeón del mundo en 2018 siendo todavía un adolescente. La escena global le pertenece desde hace tiempo.
La ausencia de Haaland en los grandes escaparates de selecciones dejó coja la narrativa. Faltaba un escenario donde ambos cargaran con el peso de una nación, como sí ocurrió con Messi y Ronaldo, que pelearon títulos con Argentina y Portugal, levantando Copa América y Eurocopa, y llegando a mundiales con aspiraciones reales.
Ahora, sin embargo, Noruega se asoma como posible tapado. Un buen torneo, un golpe sobre la mesa, podría acelerar esta rivalidad. Podría, por fin, poner a Haaland en el mismo plano emocional que Mbappé cuando suenan los himnos.
Respeto mutuo, sin teatro
Hay otro contraste notable con la era anterior. Entre Haaland y Mbappé no hay rastro de la tensión soterrada que rodeó durante años a Messi y Ronaldo. Entre los dos GOATs nunca quedó del todo claro qué pensaban el uno del otro. El ruido externo hablaba de antipatía, de distancia fría, alimentada por el fuego del Clásico. Con el tiempo, el clima se templó, hasta el punto de verlos compartir campañas publicitarias para marcas como Louis Vuitton o Lego. Pero el misterio siempre estuvo ahí.
Con Haaland y Mbappé, en cambio, reina la cordialidad pública. En 2023, en una entrevista con Canal+, el noruego se deshizo en elogios hacia el francés: “Es tan fuerte. Los franceses son muy afortunados de que juegue para Francia. Me gustaría que jugara para Noruega, obviamente, pero no es el caso. Es un jugador increíble. Es tan rápido, tan fuerte y lleva haciéndolo durante tantos años. ¿Qué es, dos años mayor que yo? Es una locura. A veces tienes que decirte a ti mismo que aún le quedan 10 años jugando al máximo nivel. Es fenomenal”.
Mbappé, por su parte, ha sido igual de claro cuando le han querido colocar como heredero directo del duelo Messi–Ronaldo. Antes de un partido mundialista contra Irak, frenó en seco las comparaciones: Messi y Cristiano, dijo, son los mejores, su objetivo es ayudar a Francia a ganar otro Mundial y el resto “es debate para periodistas”. Añadió que ni siquiera piensa en Haaland cuando pisa el campo, solo en traer el trofeo a casa y disfrutar del presente.
Haaland va en la misma línea. En 2023, preguntado por France Football si él y Mbappé eran el nuevo Messi y Ronaldo, respondió que lo que hicieron el argentino y el portugués fue “una locura” y que, incluso ya veteranos, seguían siendo fantásticos. Rechazó el marco del “yo contra otro”: su obsesión, dijo, es mejorar cada día y ser la mejor versión de sí mismo.
No hay teatro, no hay gestos envenenados. Hay respeto. Y eso, paradójicamente, le quita temperatura a la historia.
Dos depredadores distintos
También sobre el césped el paralelismo se resquebraja. Messi y Ronaldo, en su apogeo, partían desde banda, uno a la izquierda, otro a la derecha, pero con roles comparables. Dos extremos totales, dos generadores y finalizadores a la vez, empujándose mutuamente hacia cifras irreales.
Haaland y Mbappé no encajan en ese espejo. El noruego es un nueve clásico en un cuerpo moderno: vive en el área, castiga al espacio, devora centros y balones filtrados. Es un martillo.
Mbappé, en cambio, ha sido durante gran parte de su carrera un puñal desde la banda, sobre todo en Paris Saint-Germain y con Francia. Parte abierto, acelera, rompe líneas, dispara desde cualquier ángulo gracias a una velocidad descomunal y un golpeo feroz. Solo en los últimos tiempos ha ido alternando posiciones, atacando por izquierda, derecha y como referencia central.
Él mismo lo utilizó como argumento para desmarcarse de las comparaciones con Haaland: en 2022 recordó que no solo había jugado “arriba”, sino también por ambas bandas, y defendió que cambiar de posición cada año y mantener un rendimiento de élite no está al alcance de cualquiera.
La consecuencia es clara: no compiten desde el mismo lugar del campo. No son dos versiones de lo mismo. Son dos respuestas distintas a la misma pregunta: cómo destrozar defensas.
A la sombra de dos gigantes
La comparación con Messi y Ronaldo pesa como una losa. Más de 900 goles cada uno, 81 títulos entre ambos, una colección interminable de noches históricas. Pretender que la siguiente generación reproduzca esa rivalidad casi al milímetro roza la fantasía.
Haaland y Mbappé lo saben y se alejan del relato. No quieren ser “los nuevos” nadie. Y quizá el fútbol tampoco debería exigirles eso. Aun así, el eco del pasado sigue condicionando cómo se mira cada paso que dan.
Duelo europeo: ventaja Mbappé
Donde sí han cruzado caminos con cierta frecuencia es en la Champions. Ahí, el francés ha golpeado más fuerte.
El primer cruce llegó en los octavos de la temporada 2019-20, con Haaland todavía en Borussia Dortmund. El noruego firmó un doblete en la ida y dio a los alemanes una ventaja de 2-1 en Alemania. Parecía la noche de la nueva bestia del gol. En la vuelta, sin embargo, Paris Saint-Germain remontó y cerró la eliminatoria con un 3-2 global. Mbappé, tocado, apenas pudo participar desde el banquillo, pero sí se unió a la burla final: varios jugadores de PSG imitaron la célebre celebración de meditación de Haaland al término del encuentro.
El siguiente capítulo llegó en el play-off de acceso a las eliminatorias 2024-25, ya con ambos mudados de piel: Haaland en Manchester City, Mbappé en Real Madrid. El noruego marcó dos veces en la ida y puso la serie de cara. En la vuelta, el francés respondió con un hat-trick que volteó el cruce y clasificó al Madrid. Haaland, tocado, no pasó del banquillo. Otro golpe de Mbappé.
El noruego saboreó por fin una victoria directa el curso pasado, cuando un penalti suyo decidió un partido de fase de liga en el Bernabéu. Esta vez fue Mbappé quien vio casi todo desde el banquillo. Se reencontraron en octavos, pero el francés, lesionado, apenas tuvo impacto mientras el Madrid avanzaba con autoridad hacia cuartos con un global de 5-1, pese al gol de Haaland en la vuelta.
En el palmarés continental, sin embargo, manda el delantero del City. Haaland ya sabe lo que es levantar la Champions, pieza clave del triplete histórico de 2023. Mbappé, por ahora, sigue esperando su gran noche en Europa.
El sueño (caro) del nuevo Clásico
Hay un escenario que podría disparar esta rivalidad a otra dimensión: un Haaland vestido de blaugrana frente a un Mbappé de blanco, cada uno liderando a Barcelona y Real Madrid. El fútbol ya ha imaginado esa película.
El noruego lleva tiempo sonando como objetivo de ambos gigantes de La Liga, con los rumores sobre un posible encaje en el Barça ganando volumen en los últimos meses. Si algún día se plantara en el Camp Nou para medirse, dos veces por temporada como mínimo, al Madrid de Mbappé, el paralelismo con Messi y Ronaldo sería inevitable. De nuevo dos monstruos, uno por bando, en el mismo escenario que moldeó la rivalidad anterior. No es casual: Ronaldo tenía solo un año menos que Haaland cuando fichó por el Madrid y arrancó su pulso con Messi.
Por ahora, no pasa de hipótesis. La economía del Barça apenas empieza a salir del túnel tras la crisis post-Covid. Y desde el entorno del jugador el mensaje es nítido: no hay movimientos. En marzo, su agente Rafaela Pimenta fue tajante en La Sexta: “Tenemos mucho respeto y admiración por Barcelona, pero no ha habido ningún contacto respecto a un posible traspaso. El jugador renovó su contrato hace unos meses, está muy feliz en Manchester City. Todo le va muy bien y realmente no tenemos nada de lo que hablar sobre un traspaso cuando todo está tan bien en City”.
Mientras el noruego siga “feliz” en el Etihad y el Barça cuente cada euro, el Clásico Haaland–Mbappé pertenece más al terreno del deseo que a la planificación deportiva.
Esperando el incendio
De momento, la rivalidad se mantiene en ebullición suave. Destellos en Champions, comparaciones inevitables, debates interminables… pero sin ese fuego que convirtió cada partido de Messi y Ronaldo en un acontecimiento mundial.
Quizá lo que falta es un gran duelo de selecciones. Una noche de Mundial en la que Haaland y Mbappé se miren a los ojos en un estadio repleto, con la eliminación como amenaza y la gloria al alcance de la mano. Un escenario así, por ejemplo en Boston, puede no solo avivar las brasas. Puede, por fin, prender la hoguera.




