Goretzka se despide soñando con un triplete en el Allianz
Leon Goretzka se marcha, pero no quiere irse en silencio. El centrocampista alemán, que abandonará el Bayern en verano tras ocho años en Múnich, todavía tiene una última imagen en la cabeza: volver a vivir 2020, pero con el estadio rugiendo.
“Estoy deseando repetir 2020, pero esta vez con nuestros aficionados. Sería un juego completamente distinto”, confesó en la revista del club, 51.
Aquella vez, en plena pandemia, el Bayern levantó la Champions en Lisboa ante Paris Saint-Germain (1–0) en un Estádio da Luz vacío, con el eco de los gritos ahogado por las gradas desiertas. Un triplete histórico sin abrazos con la grada.
Ahora, la sensación le resulta familiar.
Según Goretzka, las similitudes deportivas con aquel Bayern campeón son innegables: el “sentido de sí mismo” de hace seis años “ha regresado en las últimas semanas”. No lo vende como garantía. No promete nada. Pero sí reconoce ese “sentimiento especial” que, dice, solo aparece “una o dos veces en tu carrera” cuando todo encaja.
Y ahí está la clave: “Tenemos un equipo en el que cada engranaje encaja con el siguiente. Tenemos calidad individual y, junto a eso, hambre, disposición para correr”. Una máquina afinada, pero con colmillo.
Ocho años de Bayern, una huella que no se borra
Goretzka no se va con reproches. Al contrario. Al mirar atrás habla de “gratitud” por “un tiempo maravilloso, intenso, especial” que, admite, echará de menos. Ocho años en el Bayern no son un simple capítulo, son casi una vida deportiva.
¿Qué hace tan distinto al gigante bávaro? El internacional alemán lo resume en un detalle que desde fuera no siempre se ve: el vestuario.
“Desde fuera no puedes imaginar lo cálido que es el vestuario”, explica. Una frase que choca con la imagen de club implacable, exigente hasta el extremo. Pero Goretzka insiste en esa dualidad que define al Bayern: “Es ferozmente competitivo y las exigencias son enormes, pero me sentí como en casa desde el primer día”.
Competir cada temporada por los títulos más grandes del fútbol mundial dentro de un entorno tan cerrado, tan unido, no es algo que se encuentre a menudo. Él lo sabe. Y por eso le pesa tanto la despedida.
Un futuro en el aire, un legado muy claro
A sus 31 años, Goretzka está, según los informes, muy cerca de firmar por AC Milan. Un nuevo reto, otro templo del fútbol europeo, otra cultura. Pero incluso mirando hacia Italia, su discurso sigue anclado en Múnich.
Más allá de los títulos, hay algo que le obsesiona preservar. “Debemos proteger el espíritu ‘Mia san mia’; la antorcha siempre debe pasarse”, afirma. No habla solo de una frase de marketing, sino de una forma de competir, de convivir, de entender el club.
Goretzka se marcha con la sensación de haber formado parte de una era y con la ambición de cerrarla como la abrió: peleando por la Champions, con un Bayern que vuelve a sentirse Bayern y con un último deseo muy claro.
Esta vez, si llega otro triplete, no quiere que lo celebren el silencio y las butacas vacías, sino el rugido de un Allianz Arena lleno, sosteniendo la antorcha que él está a punto de entregar.




