EAST GREENSBORO, N.C. – Una era llega a su fin en North Carolina Agricultural and Technical State University. Earl M. Hilton III, el director de atletismo que cambió el rumbo de North Carolina A&T durante más de una década, dejará el cargo este verano cuando expire su contrato, según anunció este martes la dirección de la universidad.
La búsqueda nacional para encontrar a su sucesor arranca de inmediato. Hasta que el relevo esté firmado y sentado en el despacho, Hilton seguirá al mando. No es un simple trámite: se trata de cerrar con pulso firme uno de los periodos más exitosos y convulsos en la historia reciente del deporte universitario en Estados Unidos.
De la “caótica” herencia a la excelencia sin disculpas
Hilton asumió el puesto de forma interina a finales de 2010 y fue confirmado en febrero de 2011. Lo que encontró no era precisamente un escenario cómodo. Un medio llegó a describir el programa como en “caos académico y organizativo”. Desde ahí, el margen de error era mínimo.
Con experiencia previa de ocho años en asuntos estudiantiles, Hilton llegó con una consigna clara: “excelencia sin disculpas”. A partir de ahí, reconstruyó pieza a pieza. Reclutó entrenadores de nivel, atrajo talento a sus 17 equipos interuniversitarios y rodeó al departamento de profesionales administrativos capaces de sostener el salto competitivo que se avecinaba.
Los números cuentan la historia sin adornos: las tasas de graduación de los estudiantes-atletas crecieron más de un 51%. La recaudación anual para el departamento de atletismo se multiplicó por quince. Y el medallero colectivo se disparó: más de 70 campeonatos entre títulos individuales, de equipo, de conferencia, nacionales y olímpicos.
El canciller James R. Martin II no escatimó en reconocimiento al anunciar la salida de Hilton. Subrayó que, bajo su liderazgo, más de 300 estudiantes-atletas cada año mantuvieron intacta la prioridad académica: primero estudiantes, después competidores. En un entorno universitario cada vez más tensionado por el dinero y la exposición mediática, ese equilibrio no es un detalle menor.
Cuatro títulos nacionales y un escaparate olímpico
El impacto deportivo de la era Hilton se ve con especial claridad en el fútbol americano y el atletismo. Entre 2015 y 2019, los Aggies conquistaron cuatro Celebration Bowls, el trofeo que se reconoce como el campeonato nacional de Black college football. Una hegemonía que colocó a North Carolina A&T en el centro del mapa del fútbol de instituciones históricamente negras.
El programa de atletismo elevó aún más el listón. En los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, sus atletas de pista y campo regresaron con tres medallas, dos de ellas de oro. Al año siguiente, el equipo masculino de atletismo bajo techo firmó una actuación histórica: segundo lugar en el NCAA Indoor Championships de 2022, solo por detrás de Texas. Ninguna otra institución históricamente negra había llegado tan alto en un campeonato indoor de División I.
Ese tipo de resultados no solo alimentan vitrinas. Reconfiguran la percepción de lo que un programa de un HBCU puede lograr en el máximo nivel competitivo universitario.
Navegar la tormenta: conferencias, portal y NIL
El mandato de Hilton coincidió con una de las etapas más turbulentas del deporte universitario moderno. Cambiaron las reglas del juego: el portal de transferencias del NCAA revolucionó los movimientos de jugadores y el fenómeno Name, Image and Likeness abrió la puerta a acuerdos comerciales y pagos directos a estudiantes-atletas.
En medio de ese seísmo regulatorio, Hilton también lideró dos cambios estratégicos de conferencia. En 2020, North Carolina A&T dejó la Mid-Eastern Athletic Conference para integrarse en la Big South Conference. Dos años después, llegó otro salto: el ingreso en la Coastal Athletic Association, la actual casa de los Aggies.
No fueron movimientos cosméticos. La universidad buscaba alinearse con otras instituciones de investigación doctoral con ambiciones similares y, al mismo tiempo, ganar un escaparate más amplio para sus equipos y sus atletas. Más viajes, más nivel competitivo, más exposición televisiva. Más exigencia en todos los frentes.
En ese contexto, la figura de Hilton recibió también reconocimiento nacional. En 2019 fue nombrado Under Armour Athletics Director of the Year para instituciones del NCAA Football Championship Subdivision, un sello que lo colocó entre los gestores de referencia del país.
Un legado exigente para el próximo director
Hilton no se marcha con reproches. Al contrario, habla de “privilegio singular” al recordar el trabajo con generaciones de estudiantes-atletas, entrenadores y aficionados que, según sus palabras, han sostenido el proyecto con “resolución inquebrantable”. Se declara “honrado” por haber presenciado logros históricos, tanto académicos como deportivos, y asegura que espera más éxitos bajo el liderazgo del canciller Martin y de la próxima administración deportiva.
La pregunta ahora no es qué hizo Hilton. Eso ya está escrito en las cifras, en los trofeos y en el cambio de imagen de North Carolina A&T. La cuestión es otra: quién se atreverá a tomar el relevo y mantener el listón donde lo deja un director que convirtió un programa en crisis en un modelo de excelencia sin excusas.





