Antonio Conte vuelve a aparecer en el centro del huracán del fútbol italiano. El banquillo de la selección está vacío tras la dimisión de Gennaro Gattuso y el país, herido por otro fracaso mundialista, busca un líder fuerte. Muchos miran al técnico de Lecce. Y desde Nápoles, Aurelio De Laurentiis ha encendido aún más el debate.
De Laurentiis abre la puerta… pero lanza un dardo a la FIGC
En declaraciones a CalcioNapoli24, el presidente del Napoli fue claro: si Conte quiere la selección, no será el club quien se lo impida.
«Conte nuevo seleccionador? Si Antonio me lo pidiera, creo que diría que sí», admitió De Laurentiis.
Un mensaje nítido: el Scudetto logrado juntos la pasada temporada no sería un freno para una posible aventura azzurra.
Pero el elogio al entrenador llegó acompañado de un golpe frontal a la federación. De Laurentiis subrayó que, a su juicio, hoy la FIGC no ofrece garantías mínimas para seducir a un técnico del calibre de Conte.
Según el presidente del Napoli, el entrenador «muy inteligente» no se vería al frente de «algo completamente desorganizado» mientras no aparezca un interlocutor serio. Hasta ahora, sostuvo, no lo hay.
Conte y la Azzurra: un pasado sólido, un presente tentador
El nombre de Conte no surge por casualidad. El técnico ya dirigió a la selección entre 2014 y 2016, tras su salida de Juventus. Fueron 25 partidos al mando: 14 victorias, solo cinco derrotas, una identidad clara y un equipo competitivo.
Su etapa se apagó en los penaltis, en los cuartos de final de la Euro 2016 ante Alemania. A partir de ahí, su carrera siguió en la élite de clubes: Premier League con Chelsea, un título de Serie A con Inter y, por último, la conquista del Scudetto con Napoli la pasada temporada.
Ahora, con el banquillo azzurro vacío y el país en crisis deportiva, el regreso de Conte se ha convertido en el gran sueño de buena parte del entorno futbolístico italiano.
Un fracaso histórico que arrasa con la cúpula
La presión sobre la FIGC ha estallado tras la derrota en la repesca mundialista frente a Bosnia-Herzegovina, el último capítulo de una clasificación catastrófica. El camino comenzó con Luciano Spalletti y terminó con Gattuso, llamado a última hora para intentar un rescate que nunca llegó a completarse.
Gattuso dirigió ocho partidos: seis victorias, pero dos derrotas letales. Una ante Noruega en la última jornada de la fase de grupos. La otra, la que duele para siempre, contra Bosnia-Herzegovina en la final del play-off.
El resultado es devastador: Italia se queda fuera del Mundial de 2018, 2022 y 2026. Tres ediciones consecutivas sin la Azzurra en el mayor escaparate del fútbol. No es solo un tropiezo deportivo; es el síntoma de un sistema que se desmorona.
Las consecuencias políticas no tardaron. El presidente de la FIGC, Gabriele Gravina, presentó su dimisión. Después lo hizo también el jefe de la delegación, Gianluigi Buffon. Dos salidas que dejan la federación descabezada en el momento más delicado de su historia reciente.
Serie A, dinero y poder: la batalla de De Laurentiis
En medio del caos, De Laurentiis ha aprovechado para redoblar su discurso reformista. El dirigente reclama una revolución en la gobernanza del fútbol italiano y ya tiene un nombre para encabezarla: Giovanni Malagò, actual presidente del CONI.
Para el presidente del Napoli, Malagò sería la figura ideal para asumir el rol de comisario y, más adelante, de presidente federativo. Un perfil externo al día a día de la FIGC, pero con peso institucional y experiencia en la gestión deportiva a gran escala.
El mensaje no se queda ahí. De Laurentiis denuncia un reparto de poder que, según él, margina a quienes sostienen económicamente el sistema. «El fútbol italiano es la Serie A», reivindica, para luego recordar que la máxima categoría solo pesa un 18% dentro de la federación, mientras que los amateurs y los jugadores tienen la mayoría.
Lo considera un sinsentido, sobre todo teniendo en cuenta el flujo de dinero: sin la Serie A, recalca, la federación no existiría, y aun así son los clubes quienes la financian con unos 130 millones de euros al año.
¿Aceptaría Conte este escenario?
La cuestión ya no es solo si la FIGC quiere a Antonio Conte. La verdadera incógnita es si Conte querría entrar en un organismo que sus propios protagonistas describen como «completamente desorganizado».
De Laurentiis ya ha puesto su condición: si el técnico se lo pide, le abrirá la puerta de salida del Napoli para que se siente en el banquillo más caliente del país. El resto dependerá de quién tome el control de la federación, de qué proyecto se presente y de si Italia es capaz de ofrecerle algo más que un símbolo y un himno.
Tras tres Mundiales seguidos viendo la fiesta por televisión, la Azzurra necesita mucho más que un nombre. Pero, en un país acostumbrado a reconstruirse desde el drama, ¿hay alguien mejor que Conte para empezar el incendio o apagarlo?





