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Carreras defiende su compromiso con el Real Madrid tras rumores

La noche del martes, en silencio de partido grande pero en la pantalla de su móvil, Carreras decidió salir al cruce. El ex del Manchester United, hoy defensa de un Real Madrid agitado por dentro, lanzó un mensaje firme en su cuenta de Instagram para frenar la bola de nieve que rodea su nombre y el ambiente del vestuario blanco.

En las últimas horas se habían multiplicado las versiones sobre su conducta y, sobre todo, sobre un choque en Valdebebas que encendió todas las alarmas.

“En los últimos días han surgido ciertas insinuaciones y comentarios sobre mí que no se corresponden con la realidad”, escribió Carreras. “Mi compromiso con este club y con los entrenadores con los que he trabajado ha sido absoluto desde el primer día, y así seguirá siendo. Desde que regresé, siempre he trabajado con la máxima profesionalidad, respeto y dedicación. He luchado muy duro para cumplir mi sueño de volver a casa”.

El mensaje no aparece en el vacío. Llega después de las informaciones que apuntaban a Antonio Rüdiger como protagonista de un incidente subido de tono: se habló incluso de un manotazo del central alemán a Carreras durante un entrenamiento. El defensa no citó en ningún momento a Rüdiger por su nombre, pero sí admitió que hubo un “flashpoint”, un momento de tensión, con un compañero. Y se apresuró a rebajarle el volumen.

“En relación con el incidente con un compañero, se trata de un tema aislado, sin relevancia, que ya está resuelto”, aclaró. “Mi relación con todo el equipo es muy buena”.

La frase suena a cortafuegos. Porque el episodio Carreras‑Rüdiger no es el único incendio que Alvaro Arbeloa ha tenido que sofocar en las últimas semanas. El clima en el Santiago Bernabéu se ha ido enturbiando a medida que el equipo se ha ido descolgando en los objetivos. Una mala racha en el césped, filtraciones constantes y rumores de choques entre pesos pesados han dibujado un vestuario al límite.

Ahí se enmarca también la información sobre una “reunión cara a cara, desagradable” entre Arbeloa y Dani Ceballos. Un encuentro tenso, de puertas adentro, que ha alimentado la sensación de que algo cruje en la estructura deportiva.

La presión no se queda ahí. Kylian Mbappé, fichaje estelar y rostro del proyecto, también habría mostrado su frustración en varios ejercicios de entrenamiento, según distintas versiones. Gestos, miradas, palabras sueltas. Síntomas de un malestar creciente en un grupo que convive con la posibilidad real de cerrar el curso sin títulos.

En ese contexto, el comunicado de Carreras se lee casi como un intento de marcar territorio emocional: aquí estoy, comprometido, profesional, sin ganas de guerra. Pero también desnuda la realidad del momento. Si un defensa necesita acudir a las redes sociales para aclarar que se lleva bien con sus compañeros, es que el ruido alrededor del equipo ya ha cruzado una línea.

Mientras tanto, Arbeloa intenta mantener el discurso clásico de vestuario blindado. Ha restado importancia pública a los distintos roces y ha repetido el mantra de que lo que sucede en el interior del grupo debe quedarse ahí si el equipo quiere competir hasta el final. El problema es que los resultados no ayudan a sostener ese relato.

Con la eliminación reciente en Champions todavía abierta en la herida y una Liga que se escurre entre tropiezos, el Real Madrid se asoma ahora a un El Clásico que huele a juicio final. No por la clasificación, sino por el relato de la temporada.

El Camp Nou espera este fin de semana como escenario de una prueba de estrés mayúscula. Allí, Carreras y el resto del vestuario no solo se jugarán puntos y orgullo frente al eterno rival. Se jugarán también credibilidad. La de un grupo que, entre comunicados, reuniones tensas y gestos de frustración, necesita demostrar que todavía puede comportarse como un bloque cuando más quema la camiseta blanca.