Arsenal derrota al Atlético y Simeone estalla con Berta
El Arsenal celebraba sobre el césped su regreso a una final de la máxima competición europea 20 años después. El gol de Bukayo Saka había sellado el 1-0 en el Emirates y el 2-1 global ante el Atlético de Madrid. Londres rugía. Y, en la banda, Diego Simeone perdía los nervios con uno de los hombres con los que construyó una década de éxitos en España: Andrea Berta.
El cruce menos esperado
La escena llegó en los últimos compases del encuentro, con el Atlético volcado, el tiempo consumiéndose y el ambiente cargado de frustración rojiblanca. Simeone, desatado, pedía el final al colegiado. Gestos, gritos, brazos al aire. Lo de siempre. Hasta que apareció Berta.
El italiano, hoy en la estructura del Arsenal tras haber sido pieza clave en el Atlético entre 2013 y 2025, se acercó desde la zona de vestuarios hacia el área técnica cuando el balón había salido fuera. Unos pasos, nada más. Suficientes para encender la mecha.
Simeone se giró y reaccionó con violencia: empujón directo a Berta, con el que compartió más de una década de trabajo en Madrid. El impacto obligó a intervenir al cuarto árbitro y a varios representantes de ambos clubes, que se metieron en medio para separar a los dos antes de que el incidente fuera a mayores. Una imagen cruda. Y muy simbólica.
Un carácter que no cambia
La furia de Simeone no sorprende ya a nadie. Su historial arranca mucho antes de los banquillos, con aquel choque con David Beckham en el Mundial de 1998. Desde entonces, su figura ha vivido en el límite: protesta, intimida, empuja cada decisión arbitral hasta el extremo. Es parte del personaje, pero también del problema.
En esta semifinal, su comportamiento quedó bajo el microscopio desde el primer minuto. El partido de ida ya había dejado heridas abiertas tras una decisión del VAR que incendió al banquillo rojiblanco. La vuelta en el Emirates solo añadió gasolina.
El exfutbolista y ahora analista de TNT Sports Steve McManaman fue demoledor al valorar la actuación del argentino en ese primer duelo. Criticó la forma en que Simeone y sus asistentes rodearon al árbitro cuando se dirigía al monitor, habló de “acoso constante” al cuarto colegiado y calificó su comportamiento de “atroz” y “horrible”, convencido de que, si la acción polémica se hubiera producido en el área contraria, el técnico habría exigido penalti con la misma vehemencia con la que ahora lo negaba.
Griezmann, Calafiori y una excusa que Simeone no quiso usar
En la vuelta en Londres, el enfado del entrenador del Atlético volvió a encenderse con una acción concreta: una jugada en la que Antoine Griezmann cayó tras un contacto con Riccardo Calafiori. El banquillo español reclamó falta con insistencia. El árbitro no señaló nada.
Simeone explotó en la banda, pero en la sala de prensa eligió otro tono. Admitió que, para él, la falta era “obvia” y recordó que el colegiado sí había señalado una infracción previa de Marc Pubill sobre un jugador del Arsenal. Sin embargo, se negó a convertir esa acción en coartada.
“No me voy a centrar en algo tan simple como la jugada de Griezmann. Es evidente, fue falta. El árbitro dijo que había falta de Marc sobre uno de ellos. No me voy a centrar en eso. Sería una excusa, y no quiero poner excusas”, explicó el argentino tras la eliminación.
El mensaje era claro: el Atlético se quedaba fuera por mucho más que una decisión arbitral dudosa. Y, aun así, la imagen que quedará de la noche será la de Simeone empujando a un viejo aliado en plena tormenta emocional.
De socios estratégicos a choque en la banda
El encontronazo con Berta dolió más por el contexto. El italiano no fue un simple directivo de paso por el Atlético. Durante más de una década, desde 2013 hasta 2025, ejerció como figura clave en la planificación deportiva del club, siempre en sintonía —con matices— con Simeone. Juntos levantaron un proyecto que discutió el poder de los gigantes de Europa.
El propio técnico lo reconoció públicamente el año pasado, cuando el club madrileño cerró el ciclo de Berta. Entonces, Simeone habló de una “relación muy sana”, de desacuerdos puntuales pero de un objetivo común: lo mejor para el Atlético. Agradeció “todo lo que dio” a la entidad y le deseó lo mejor en su nueva etapa.
Por eso la imagen de este martes en Londres golpea con fuerza: el hombre que defendía en rueda de prensa la labor de Berta acaba empujándolo delante de las cámaras, en una noche que debía ser histórica para el Arsenal y termina siéndolo también para la narrativa de un Simeone que vuelve a cruzar la línea.
Arsenal mira ya a una final que llevaba dos décadas esperando. El Atlético, en cambio, se marcha con la sensación de oportunidad perdida, un debate encendido sobre su entrenador y una pregunta incómoda sobrevuela el Metropolitano: hasta dónde puede seguir empujando Simeone antes de que el club decida que ya es demasiado.



