Antonio Conte se mantiene firme en medio del ruido. Tras el 1-0 de Napoli sobre AC Milan en la noche del lunes, el técnico volvió a quedar en el centro del debate nacional: su nombre suena con fuerza para el banquillo de la selección italiana, mientras entra en el último tramo de su contrato con el club del sur.
La escena es conocida. Preguntas sobre su futuro, rumores, filtraciones. Conte, esta vez, no se inmutó. Para él, forma parte del paisaje cuando se dirige a un grande de la Serie A.
Recordó, casi con ironía, que no es la primera vez que le sitúan con las maletas hechas. “No olvidemos que el año pasado, en los últimos tres meses de la temporada, se hablaba en los medios de que me iría de Napoli para ir a Juventus, ¿verdad?”, señaló, citado por medios italianos. La maquinaria mediática siempre necesita un nombre, y el suyo nunca falta en la lista.
Conte no rehúye el tema. Al contrario, lo afronta de frente: entiende que su perfil encaja en la conversación sobre el próximo seleccionador. “Los medios tienen que escribir algo, y es justo que mi nombre aparezca en esa lista. Si yo fuera el presidente de la FIGC, me tendría en consideración junto a otros. Por muchas razones, me pondría en esa lista”, admitió, sin falsa modestia.
Un futuro abierto entre Napoli y la Nazionale
El entrenador se acerca al último año de su contrato con Napoli. No hay ruptura, pero tampoco certezas. Lo que sí hay es un calendario claro: la decisión se tomará cuando termine la temporada, en una mesa a solas con el presidente del club.
Conte lo dejó nítido: no existe todavía un desenlace escrito. “Ya he trabajado con la Nazionale y conozco el entorno. Me halaga, porque representar a tu país es algo maravilloso. Todos sabéis perfectamente que me queda un año de contrato con Napoli y que al final de la temporada me sentaré con el presidente para hablar de ello”, explicó.
Entre líneas, se percibe a un técnico que no descarta nada. Ni la continuidad en el proyecto napolitano, ni un regreso al banquillo que ya ocupó, ni la posibilidad de abrir un nuevo capítulo en su carrera. Pero no habrá movimientos hasta que el balón deje de rodar en este curso.
Italia, del éxtasis de la Eurocopa al golpe de realidad
El debate sobre Conte no se entiende sin el contexto de la propia selección italiana. Desde el título en la Euro 2020, el descenso ha sido abrupto. Eliminaciones dolorosas, ausencia en el Mundial, dudas estructurales. Italia ha pasado de modelo a advertencia en tiempo récord.
Conte, que conoce la silla eléctrica del banquillo azzurro, no se engaña: cambiar solo el nombre del seleccionador no basta. Su discurso va más allá del simple relevo en el área técnica y apunta al corazón del sistema.
Recordó hasta qué punto el destino de una selección puede girar en un detalle mínimo. “Es decepcionante que, si hubiéramos ganado esa tanda de penaltis con Bosnia y nos hubiéramos clasificado para el Mundial, la gente habría hablado de un gran logro y de que Italia jugaba un gran fútbol”, reflexionó. Un lanzamiento desde los once metros puede cambiar el relato entero de un ciclo.
Hoy, sin embargo, el juicio es implacable. “Desgraciadamente, ahora solo cuentan los resultados en este deporte”, asumió. Tres Mundiales consecutivos sin presencia italiana marcan una línea roja. Para Conte, es la señal definitiva de que hacen falta medidas profundas, no solo cosméticas.
Un aviso al sistema
Su mirada se dirige a los clubes. A su implicación. A la falta de apoyo que, según él, ya sufría en su etapa anterior como seleccionador. “Cuando era entrenador, se hablaba mucho, pero recibí muy poca ayuda de los clubes”, recordó. El mensaje es claro: sin una colaboración real entre la Nazionale y las entidades que forman a los futbolistas, ningún seleccionador, por muy prestigioso que sea, podrá sostener un proyecto ganador a largo plazo.
El tono de Conte no es el de la rendición, sino el de la advertencia. Italia vive, en sus palabras, un momento que muchos califican de “desastre”. Él matiza: incluso en medio de los escombros, siempre hay algo que se puede rescatar. Un grupo de jugadores, una idea táctica, una cultura competitiva que no ha desaparecido del todo.
Entre el ruido de los rumores, su figura aparece en el centro de dos caminos: el de un Napoli que pelea por consolidarse en la élite y el de una selección que busca un nuevo arquitecto para reconstruirse. La pregunta ya no es solo si Conte quiere volver a la Nazionale. La cuestión es si el fútbol italiano está dispuesto, esta vez, a darle la ayuda que él lleva años reclamando.





