Aitana Bonmatí regresa al Barça tras su lesión
Aitana Bonmatí ya está de vuelta. No del todo, no aún en los focos del partido grande, pero sí donde empieza todo: en el césped de la ciudad deportiva, mezclada de nuevo en los rondos, en los ejercicios de posesión, en las bromas del vestuario. Para el Barça, eso ya es una victoria.
La centrocampista se rompió la pierna en un entrenamiento con la selección española a finales de noviembre, un golpe seco que frenó de golpe la temporada de la actual dominadora del fútbol mundial. Meses de rehabilitación, gimnasio y paciencia después, a comienzos de este mes volvió a dejarse ver en parte de las tareas de grupo. El lunes por la noche, el club dio un paso más: celebró en sus redes sociales su regreso completo a las sesiones colectivas, acompañado de un vídeo de la jugadora dirigiéndose al vestuario.
“Estoy un poco nerviosa. Es como mi primer día de colegio después del verano”, reconoció, entre sonrisas, ante sus compañeras. Recordó lo duro del proceso, lo largo que se hace para cualquiera, por muy Balón de Oro que seas. Pero también habló de lo que había ganado en ese tiempo, de cómo había buscado el lado positivo, de las ganas de aportar “lo que pueda” en este tramo final de una temporada que ya es histórica para el equipo. Un mes y medio, calculó. Un mes y medio para empujar hasta el final.
Un Barça campeón… sin su faro
El dato impresiona: el Barça ha levantado la Supercopa de España en enero, ha encadenado su séptimo título de liga el mes pasado y está clasificado para la final de la Copa de la Reina y las semifinales de la Champions League… sin Bonmatí durante casi todo el curso.
Y no ha sido la única baja de peso. Mapi León, referencia absoluta en el centro de la defensa. Patri Guijarro, posiblemente la mejor mediocentro defensiva del planeta. Laia Aleixandri, fichaje veraniego procedente de Manchester City, llamada a dar profundidad y jerarquía. Todas ellas han pasado por periodos largos en la enfermería. En un año, además, en el que el club no ha podido construir una plantilla tan amplia como en cursos anteriores por las restricciones económicas que sacuden a toda la entidad.
La factura física se ha notado. Más partidos, menos rotaciones, más carga sobre las mismas piernas. Esmee Brugts, lateral de 22 años en su tercera temporada en el club tras llegar desde PSV Eindhoven, lo resumió esta semana sin rodeos: perder a Aitana fue “un shock”. Dolió en lo deportivo y en lo emocional. Sabían lo que significaba quedarse sin una futbolista que siempre aparece en los días grandes, que nunca quiere descansar.
Brugts apuntó también al contexto: más minutos para las mismas jugadoras, más riesgo de lesión. Ella misma ha pasado por ello. Y no es un caso aislado en este vestuario.
La respuesta: estrellas encendidas y cantera valiente
El equipo, sin embargo, no se ha derrumbado. Al contrario. La temporada se ha sostenido en el nivel altísimo de futbolistas como Alexia Putellas, Ewa Pajor o Claudia Pina, que han tirado del carro en los momentos clave. Y se ha alimentado del descaro de las más jóvenes.
La Masia ha vuelto a responder. Clara Serrajordi y Aicha Camara han dado pasos al frente cuando el calendario apretaba. También Sydney Schertenleib y Vicky López, llegadas adolescentes desde otros clubes, han demostrado que no les pesa la camiseta ni el escenario. Cada lesión abría un hueco, y desde abajo siempre aparecía alguien dispuesto a ocuparlo.
Brugts lo veía así: menos jugadoras disponibles significan más oportunidades para las jóvenes. Y ellas han respondido “muy bien”. Pero también dejó claro el objetivo real del vestuario: el Barça es más fuerte cuando están todas. Por eso, el regreso de Bonmatí a los entrenamientos se vive casi como un fichaje de invierno tardío, justo antes del tramo decisivo.
La gran incógnita: ¿Champions ya?
La pregunta es inevitable: ¿veremos a Aitana en las semifinales de la Champions League, que arrancan este fin de semana? El Barça se mide a Bayern Munich, con la ida en territorio alemán, y la tentación de acelerar plazos siempre está ahí cuando se acerca Europa.
La realidad, por ahora, es prudente. Bonmatí apenas ha iniciado la fase de trabajo completo con el grupo. Falta saber si el cuerpo técnico la considera preparada para soportar el ritmo competitivo de un partido de máxima exigencia ya este sábado. No hay una respuesta clara todavía.
Lo que sí está fuera de duda es su intención. En su mensaje al vestuario, en su lenguaje corporal, en su manera de hablar del mes y medio que queda, se percibe que quiere influir en este final de curso. El Barça persigue su segundo póker de títulos en tres años. Dos ya están en el bolsillo. Dos más, Copa de la Reina y Champions League, esperan en la línea de meta.
Para un equipo que perdió la última final europea por 1-0 ante Arsenal, la Champions pesa de forma especial. Es la espina. Es el escenario que mejor explica la dimensión de Bonmatí, ganadora de los tres últimos Balones de Oro. Su vuelta no garantiza nada, pero cambia el paisaje. De repente, el Barça no solo sueña con llegar a otra final. Empieza a imaginarla con su número 14 en el césped, justo cuando la temporada se decide.




