Las 20 imágenes que cuentan la temporada del Arsenal
David Price, el ojo que siguió la gloria de agosto a mayo, ha vuelto a abrir su archivo. De Old Trafford en pleno verano al éxtasis con el trofeo de la Premier League en Selhurst Park, el fotógrafo del club ha elegido las 20 imágenes que, para él, cuentan mejor una temporada que Arsenal no olvidará.
No son solo fotos. Son pequeños cortes en el tiempo. Gritos congelados, luces, humo rojo y sonrisas que explican mejor que cualquier crónica lo que vivió el equipo.
Del vestuario al césped: el inicio de una era
Todo arranca lejos del césped. “Hello Hincapié”: Piero Hincapié, recién llegado, posando para su vídeo de presentación. Luz dura, bandera en la mano, un plano íntimo que resume la mezcla de nervios e ilusión de un fichaje grande. Es el tipo de imagen que no sale en los resúmenes, pero que marca el tono de una nueva etapa.
Luego, la velocidad pura. “Gabi gets away”: Gabriel Martinelli escapando de dos defensores de Kairat Almaty en una estampa limpia, nítida. Un recorte perfecto de lo que hace diferente al brasileño: potencia, zancada y esa sensación de que, si tiene un metro, se va.
La tensión competitiva aparece incluso antes del entrenamiento. “Competitive edge”: Declan Rice y Bukayo Saka midiéndose en un juego aparentemente inocente, que se transforma en duelo en cuestión de segundos. Risas, gestos serios, un vistazo a por qué este vestuario compite como compite.
Paradas, humo rojo y el nuevo 10
El día del desfile es otro mundo. “Parade day” captura algo que no se puede recrear: cada centímetro del encuadre lleno de aficionados, banderas, teléfonos en alto, y ese humo rojo que se convierte en seña de identidad de una ciudad entregada. Price ha estado en otros desfiles, pero admite que nadie sabía qué esperar de ese día. Se nota.
En “Let it all work out”, el protagonista es el nuevo dorsal 10. Un plano limpio de la estrella saludando a la grada de Arsenal, logrado a duras penas entre dos cámaras más peleando por el mismo ángulo. La imagen que termina saliendo es sencilla, pero impecable: un número 10 que ya se siente en casa.
La celebración más reconocible también tenía que estar. “The mask”: el gesto icónico de Viktor, su máscara, capturado con una nitidez que lo convierte casi en póster. Price sabía desde el inicio de la campaña que vería esa celebración varias veces. Lo difícil era atraparla así, limpia, sin distracciones.
Luces, filtros y explosiones de emoción
Hay también espacio para el ingenio técnico. En “Under the lights”, antes del duelo contra Bayer Leverkusen, Price rescata de su oficina un viejo filtro de estrellas. Lo prueba con Declan Rice, alineando su rostro con los focos del estadio. El resultado: el contorno de la cara de Rice recortado por haces de luz, una imagen que parece más portada que foto de partido.
La carga emocional del tramo final de temporada se condensa en “What it means”. Leandro y Cristhian estallan de alegría tras un gol clave de Leo en el London Stadium. No hay poses, solo una descarga brutal de tensión acumulada en semanas donde cada punto pesaba oro.
En “Captain’s glow”, la suerte se alía con el fotógrafo. Martin Ødegaard se prepara para lanzar una falta y, por cómo cae la luz, una fina franja ilumina solo su dorsal, mientras el resto del cuadro queda en sombra. El capitán brillando, literalmente, en medio de la penumbra.
Frío, blanco y negro, y puñales a Chelsea
La noche helada de Bournemouth tiene su propio tratamiento. “Cold on the coast” aparece en blanco y negro, una decisión poco habitual para Price, pero que subraya el frío cortante de aquel enero de 2026. El grano, las sombras, los gestos encogidos: se siente la temperatura con solo mirarla.
La rivalidad también deja huella. “Chelsea dagger” muestra a Kai Havertz con el rostro desencajado por la emoción tras marcar a su exequipo. De sus hombros se eleva vapor, atrapado por los focos del estadio. La combinación de gesto y atmósfera convierte el momento en una puñalada visual, un símbolo de la temporada.
Trofeos, parches dorados y gigantes en defensa
Mientras Stuart MacFarlane sigue el recorrido del trofeo, Price busca otra cosa. En “Gold dust”, el protagonista es Myles mostrando con orgullo el parche dorado de campeón de la Premier League. Lejos del caos principal, es una instantánea íntima del valor simbólico de ese oro en la manga.
El peso de la zaga se siente en “Winning feeling”: Gabriel y William Saliba abandonan el césped del London Stadium tras una victoria enorme ante West Ham. Dos torres, sonriendo, celebrando mientras aún respiran el esfuerzo. No necesitan levantar los brazos para imponer: su sola presencia llena el cuadro.
En Selhurst Park, la fiesta continúa. “Cool customer” retrata a Eberechi Eze tomando aire, sereno, casi ajeno, mientras el delirio por el trofeo de la Premier League estalla al fondo. Una calma elegante en medio del caos. Un contraste que lo dice todo del carácter del jugador.
Derbis, historia y un reloj que nunca se apaga
El North London Derby deja una de las composiciones favoritas de Price. “NLD emotions” es puro relato visual: Eberechi tapándose una sonrisa enorme, Zubi encogiéndose de hombros como si no entendiera del todo lo que acaban de lograr, Piero Hincapié y Declan Rice a punto de desatarse en celebración. Es una tarde redonda comprimida en un solo fotograma.
En “Rising highest”, el caos del área se agolpa en el encuadre. Cuerpos por todas partes, brazos, camisetas, piernas en el aire. Y, por encima de todo, “little Gabi” elevándose para cabecear. En medio de la multitud, el más pequeño se hace gigante. Una metáfora visual de un equipo que, muchas veces, pareció superar sus propias dimensiones.
“A moment in time” cierra el círculo. Una imagen sencilla, sin artificios, pero con un guiño directo a la historia del club: el mítico reloj del Highbury Clock End al fondo. Pasado y presente en la misma línea, como recordatorio de que cada título, cada celebración, está anclada en algo mucho más antiguo.
Entre todas esas 20 fotos, David Price no solo ha elegido sus favoritas. Ha trazado, sin palabras, el relato de una temporada que llevó a Arsenal de la luz dura de un día de firma a la brillantez dorada de un parche de campeón. Y la pregunta, inevitable, queda flotando sobre el siguiente disparo de cámara: ¿qué instante querrá congelar la próxima vez?




