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La amarga victoria de Canadá en el Mundial

La primera victoria de Canadá en un Mundial debía ser una fiesta. Terminó convertida en un suspiro contenido en todo el país. El 6-0 sobre Qatar en Vancouver, un marcador histórico, quedó sepultado bajo la imagen que nadie quería ver: Ismaël Koné en el césped, inmóvil, rodeado por sus compañeros, con el estadio en silencio.

Un grito que heló el estadio

El partido ya estaba encarrilado cuando, en la segunda parte, llegó la acción que lo cambió todo. Assim Madibo entró por detrás sobre la pierna izquierda de Koné. Una zancada, un impacto, y el centrocampista de 24 años se desplomó. No hizo falta repetir la jugada para entender la gravedad.

Stephen Eustáquio fue de los primeros en llegar. Su reacción lo dijo todo. “Vi su pierna. Vi que algo no estaba bien”, confesó después el capitán. Los jugadores de Canadá se arremolinaron alrededor de Koné, formando un círculo casi instintivo, una muralla para proteger a su compañero de las miradas y del horror.

Desde el banquillo, Jesse Marsch lo vio de frente. El seleccionador canadiense habló de un detalle que hiela la sangre: se escuchó “crujir los huesos”. El estadio, que minutos antes celebraba cada pase, se quedó sin voz.

Madibo vio la tarjeta roja de inmediato. No hubo discusión. Qatar, que ya jugaba con diez por la expulsión de Homam Ahmed en la primera parte, se quedó con nueve. Pero el partido, en ese momento, dejó de ser un partido.

Del quirófano al marcador

Koné fue evacuado en camilla, entre aplausos tensos y rostros desencajados. De ahí, directo a un hospital local, donde se preparaba para pasar por el quirófano, acompañado por su familia, según explicó Marsch. Las imágenes posteriores mostraban la parte baja de su pierna izquierda visiblemente dañada. Los detalles médicos aún no se han hecho públicos, pero nadie se engaña: la lesión es seria.

En el banquillo, la conmoción era total. “Todo el mundo se vino abajo cuando pasó, pero teníamos que encontrar la forma de mantenernos concentrados, sabíamos que Ismaël quería que termináramos el trabajo”, dijo Marsch. No sonaba a frase hecha, sino a obligación moral: jugar por el que ya no podía.

El fútbol, sin embargo, tiene una forma cruel de seguir adelante. Menos de diez minutos después de la lesión, el sustituto de Koné, Nathan Saliba, marcó el cuarto gol. No lo celebró para sí mismo. Buscó la camiseta de Koné, la levantó al cielo y la mostró al público. No hizo falta decir nada más.

David no perdona… ni olvida

En lo estrictamente deportivo, Canadá firmó una exhibición. Jonathan David se llevó el balón a casa tras un triplete. Un hat-trick en un Mundial, en el primer triunfo de la selección en el torneo, debería haber sido el gran titular de la noche. Pero incluso él habló con dureza del lance que marcó el encuentro.

“Si hay una jugada en la que no puedes ganar el balón, no tiene sentido”, lanzó el delantero. “Es solo para hacer daño a la gente”. No fue un comentario al aire. Fue una acusación directa al tipo de entrada que sacó del campo a uno de los jugadores más determinantes del equipo.

Marsch, por su parte, añadió un matiz importante: Madibo se disculpó personalmente con Koné. El perdón, sin embargo, no borra la consecuencia. Canadá celebra un 6-0, pero lo hace con un vacío evidente en el centro del campo.

Un vacío difícil de llenar

Eustáquio no se escondió al hablar de lo que significa perder a Koné. “Lo vamos a extrañar. Tiene ese factor X que nuestro equipo realmente necesita”, admitió el capitán. No es solo una cuestión táctica. Es la personalidad, la capacidad para romper líneas, para cambiar el ritmo. En un Mundial, ese tipo de jugador marca diferencias.

Canadá se marcha de Vancouver con su primera victoria mundialista, seis goles, un rival desbordado y la sensación de que este equipo puede competir con cualquiera. Pero también con la certeza de que el camino se ha vuelto más empinado.

La noche en la que el país esperaba celebrar su gran irrupción en la Copa del Mundo quedará ligada para siempre al momento en que el estadio enmudeció. La pregunta, ahora, es si este grupo será capaz de transformar el golpe en combustible competitivo. Porque el torneo sigue, y Canadá tendrá que aprender a vivir sin ese “factor X” que llevaba nombre y apellido: Ismaël Koné.