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Thomas Tuchel y los desafíos en el lateral derecho de Inglaterra

Thomas Tuchel afronta el cruce de octavos del Mundial con una nueva sacudida en su plan para Inglaterra. A pocas horas de medirse a México en el mítico Azteca, el seleccionador se ha topado con otro problema en el lateral derecho: Djed Spence es duda seria y, según Sky Sports, tiene muy complicado ser titular.

El carril derecho se ha convertido en una zona maldita para Inglaterra desde antes incluso de que rodara el balón en el torneo. Primero cayó Tino Livramento, obligado a abandonar la concentración antes del inicio del Mundial. Después, ya con la competición en marcha, llegaron los contratiempos físicos de Jarrel Quansah y Reece James. Ahora, cuando parecía que Tuchel empezaba a recuperar efectivos, Spence se suma a la lista.

El escenario obliga a soluciones de emergencia. O Declan Rice se desplaza al lateral derecho, fuera de su hábitat natural, o el recién recuperado Quansah entra directamente en el once para cubrir la baja. Ninguna de las dos opciones es menor, porque quien aparezca por ese costado tendrá enfrente a uno de los hombres del torneo: el extremo zurdo Julián Quiñones, autor de tres goles y pieza clave en las aspiraciones de la selección anfitriona.

Lo llamativo es que Tuchel no dejó entrever nada de este nuevo contratiempo en la rueda de prensa de la víspera. Al contrario. El técnico alemán aseguró que Rice estaba en perfectas condiciones y abrió la puerta al regreso de Reece James al banquillo. Spence, lateral del Tottenham, se había entrenado con normalidad con el resto del grupo antes de las declaraciones del entrenador.

“Reece quizá esté en el banquillo mañana, ya veremos”, explicó Tuchel en declaraciones a talkSPORT. “Pero el resto está totalmente disponible”. Horas después, el panorama en el lateral derecho ha cambiado por completo.

El seleccionador añadió también que Jarell Quansah había completado la sesión y estaba “totalmente disponible”, mientras que James necesitaba todavía una última valoración médica para confirmar si podía entrar en la convocatoria. Esa frase, a la luz de la duda de Spence, cobra un peso muy distinto: de golpe, el regreso de Quansah y la presencia de James en el banquillo ya no son un lujo, sino un salvavidas.

Si Rice acaba desplazado al costado derecho, la reconfiguración del centro del campo será inmediata. Jordan Henderson o Kobbie Mainoo se perfilan como alternativas para acompañar en la medular, mientras Rice abandona su rol habitual al lado de Elliot Anderson. La otra vía pasa por mantener intacto ese doble pivote y devolver a Quansah directamente al once para cubrir el lateral, dejando a Rice en su zona de influencia.

El resto del equipo apenas admite debate. El once de Tuchel prácticamente se recita de memoria. Jordan Pickford será el dueño del arco. En la línea defensiva, Nico O’Reilly, Ezri Konsa y Marc Guéhi parten con plaza asegurada. En la sala de máquinas, Anderson y Jude Bellingham son intocables, con Harry Kane como referencia ofensiva indiscutible.

Las grandes decisiones, más allá del lateral derecho, se concentran en las bandas de ataque. Por la izquierda, Anthony Gordon aprieta para arrebatarle el puesto a Marcus Rashford, que no ha terminado de explotar en este Mundial. Por la derecha, Noni Madueke siente el aliento de Bukayo Saka, siempre una opción fiable y con peso en las grandes noches.

Tuchel, pese a los sobresaltos, destila ambición. El duelo de México City no es un partido más: es un billete a los cuartos de final, donde espera un cruce de máxima exigencia contra Brasil, cinco veces campeona del mundo, o una Noruega en pleno crecimiento, en Atlanta el próximo sábado. El camino se estrecha, el margen de error también.

El técnico alemán se ha dejado seducir por el escenario. Habló de la llegada a la ciudad, de la energía en las calles, de la pasión por el Mundial. Sintió, dijo, que lo que se viene es “un partido de Mundial de verdad”. Y cuesta llevarle la contraria: el Azteca, México, un duelo a vida o muerte. Todo remite a las grandes noches de la historia del torneo.

Tuchel insiste en que el equipo sabe perfectamente dónde se mete. Han analizado al detalle a México, un conjunto que llega lanzado: cuatro victorias en cuatro partidos y ni un solo gol encajado. El Tri, además, apenas ha perdido dos encuentros oficiales en el Azteca desde su inauguración en 1966. La estadística pesa. El ambiente, también.

El seleccionador inglés subraya el respeto por el rival, pero no rebaja el listón de sus propias exigencias. Habla de un equipo mexicano instalado entre los diez primeros del ránking mundial, con resultados de mérito desde marzo ante selecciones del máximo nivel como Bélgica y Portugal. Aun así, su mensaje es claro: Inglaterra debe mostrar la mejor versión, con y sin balón, condensando los mejores momentos que ha dejado hasta ahora en el torneo en un solo partido.

El plan está trazado. El problema es que, en la banda derecha, el guion vuelve a escribirse sobre la marcha. Y en un Azteca encendido, ante un México perfecto hasta la fecha, cada detalle puede inclinar una eliminatoria que no admite segundas oportunidades.