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Suiza y Canadá se juegan el liderato del Grupo B

En el papel, el Suiza–Canadá de esta noche no decide nada dramático. Los dos ya están en los octavos de final del World Cup. No hay milagros posibles ni tragedias aritméticas: ni siquiera un 32-0 cambiaría el destino inmediato de nadie.

Pero el partido está lejos de ser irrelevante. Se juegan el liderato del Grupo B, el orgullo… y algo todavía más tangible: el derecho a seguir en casa.

Vancouver o Los Ángeles: dos caminos muy distintos

El premio para el primero del grupo es claro. El líder se queda en Vancouver, arropado por un estadio que ya ha visto caer récords, para enfrentarse a uno de los mejores terceros. Si supera ese cruce, también el duelo de octavos se disputará en el mismo escenario. Continuidad, rutina, sensación de torneo “propio”.

El segundo clasificado hace las maletas. Rumbo a Los Ángeles, California, para medirse al segundo del Grupo A. A estas alturas, el rival más probable se llama South Korea. Otro clima, otro contexto, otra historia.

Canadá llega con ventaja: su diferencia de goles le basta para que el empate le garantice el primer puesto. Lo que no tiene es el rango del ranking FIFA. Ahí manda Suiza, 17ª del mundo, por delante de una selección canadiense situada en el puesto 29. Dos formas de medir jerarquías, una sola plaza en lo alto del grupo.

Canadá: de la goleada histórica al golpe más duro

El equipo de Jesse Marsch aterriza en este partido impulsado por una tarde que ya forma parte de la memoria colectiva del fútbol canadiense. El 6-0 a Qatar no fue solo su primera victoria en un World Cup masculino. Fue la mayor goleada de la historia de una selección de Concacaf en el torneo y el triunfo más abultado de un anfitrión en esta competición, igualando el récord histórico.

Jonathan David firmó un hat-trick y encendió Vancouver. Marsch, desatado en la banda, celebró mostrando seis dedos a la grada, una imagen que corrió como la pólvora en redes sociales. El técnico, sin embargo, se negó a reducirlo todo a un meme. Para él, ese día marcó un antes y un después.

Sobre el césped, la euforia convivió con el horror. La fractura de pierna que dejó fuera del World Cup a Ismaël Koné convirtió la tarde en una montaña rusa emocional. Entre los festejos y el silencio, Canadá encontró algo más que tres puntos: una identidad. La convicción de que puede competir y dominar en un escenario que durante décadas le fue ajeno.

Hoy, el reto es distinto. Ya no se trata de sobrevivir ni de estrenar casillero. Se trata de confirmar que aquella goleada no fue un destello aislado, sino el primer capítulo de algo más grande.

Suiza despierta a tiempo… y presenta a su nueva amenaza

Suiza también llega lanzada. Tras un estreno más contenido, desató su fútbol en el tramo final ante Bosnia and Herzegovina para imponerse 4-1. El partido cambió de tono cuando apareció un nombre que empieza a sonar con fuerza: Johan Manzambi.

El delantero de 20 años entró en los últimos minutos y destrozó el plan bosnio. Con un rival ya mermado por la expulsión de Muharemovic, Manzambi olió el espacio, atacó los huecos y firmó un doblete que dejó al adversario sin respuestas. El primer tanto, una volea bien ejecutada, lo colocó de inmediato en el centro del foco.

Formado en Servette y ahora en Freiburg, Manzambi ha construido en la Bundesliga una reputación basada en velocidad, potencia y una técnica sobria pero eficaz. Esta temporada ha participado en 16 goles entre tantos y asistencias con su club. No extraña que sus compañeros le respeten… ni que pronto tenga otros.

Esta noche, Murat Yakin le da galones desde el inicio, situándolo por detrás de Ruben Vargas y Breel Embolo en un 4-3-1-2 que respira experiencia y oficio.

Alineaciones y apuestas tácticas

Suiza presenta un once que mezcla jerarquía y novedades:

  • Suiza (posible 4-3-1-2): Kobel; Jaquez, Elvedi, Akanji, Rodriguez; Sow, Xhaka, Freuler; Manzambi; Vargas, Embolo.

En el banquillo esperan Mvogo, Keller, Widmer, Coemert, Amenda, Zakaria, Jashari, Aebischer, Ndoye, Fassnacht, Okafor, Amdouni e Itten.

Jaquez entra en el lateral, Sow refuerza la sala de máquinas junto a Xhaka y Freuler, y arriba se junta un tridente que promete castigar cualquier despiste canadiense.

Enfrente, Canadá decide guardar a su gran estrella, Alphonso Davies, que se queda de inicio en el banquillo. Marsch mueve el eje del equipo con dos cambios en el centro del campo:

  • Canadá (4-4-2): Crepeau; Johnston, De Fougerolles, Cornelius, Laryea; Buchanan, Choiniere, Saliba, Ali Ahmed; Larin, J David.

En la recámara, St Clair, Goodman, Waterman, Bombito, Davies, Sigur, Eustaquio, Millar, Shaffelburg, Osorio, Oluwaseyi, P David y Nelson.

Mathieu Choiniere y Nathan Saliba sustituyen a Stephen Eustaquio e Ismael Koné. Canadá gana piernas y frescura en la medular, quizá a costa de algo de pausa en la circulación. Con Tajon Buchanan y Ali Ahmed por fuera, y la pareja Larin–David como referencia, la apuesta es clara: verticalidad, ritmo alto, amenaza constante al espacio.

Inglaterra, el contraste: del entusiasmo al bostezo

Mientras Suiza y Canadá se preparan para un duelo con aroma de octavos, Inglaterra vive otro tipo de relato. Tras el vendaval ante Croatia, con Luka Modric como símbolo de una vieja guardia desbordada por la intensidad inglesa, el discurso se disparó. Se habló de aspirante serio al título, de una máquina perfectamente engrasada por Thomas Tuchel.

El empate sin goles frente a Ghana devolvió al país a un lugar muy conocido: la decepción. Partido plano, ritmo bajo, pocas ideas. El tipo de encuentro que Inglaterra ha convertido casi en seña de identidad en grandes torneos. Una “Geopolitics World Cup” que por un momento parecía escenario de una nueva era, volvió a ofrecer la versión más reconocible del equipo: posesión estéril, ansiedad creciente, críticas aseguradas.

Tuchel pide calma. Defiende su plan, protege a Bukayo Saka de una presión desmedida y desplaza el foco de Harry Kane hacia el próximo duelo ante Panama. El seleccionador insiste en que el control y la prudencia son parte de la estrategia. El entorno, fiel a su historia, exige algo más.

Un grupo que se aprieta… y un torneo que se acelera

El calendario ya ha entrado en territorio de última jornada. Partidos simultáneos, calculadora en mano, tensión repartida por todo el cuadro. Mientras Suiza y Canadá se juegan el liderato, Bosnia and Herzegovina se mide a Qatar en otro rincón del torneo, con menos reflectores pero con las mismas urgencias competitivas.

Aquí, en Vancouver, el decorado es distinto. No hay miedo a la eliminación, pero sí una sensación de cruce de caminos. Suiza quiere confirmar su condición de selección fiable, esa que siempre parece llegar viva a las rondas finales. Canadá persigue algo más intangible: consolidar una nueva realidad, la de un país que empieza a mirarse en el espejo del fútbol sin complejos.

Quien mande hoy en el grupo no solo se quedará en casa o volará a Los Ángeles. Marcará el tono de lo que viene. ¿Será la experiencia suiza o la ola canadiense la que imponga su ley en este World Cup?