Stuttgart vence a Everton: la frustración de las ocasiones desperdiciadas
En el MHPArena, en el cierre de la gira alemana, Everton volvió a encontrarse con su fantasma más recurrente: la incapacidad para rematar lo que genera. Stuttgart ganó 3-1, fue más clínico en las áreas y dejó al equipo de Liverpool con una sensación tan clara como preocupante a estas alturas del verano.
Un inicio sufrido y un castigo anunciado
Jarrad Branthwaite salió como capitán y la primera declaración de intenciones fue del conjunto local: balón, ritmo y Everton corriendo detrás. Stuttgart movió la pelota con comodidad y solo una buena intervención del propio Branthwaite frenó un ataque que olía a gol. De ese corte nació la primera chispa de los ingleses: Beto bajó al barro, peleó, ganó metros… y regaló la jugada con un último toque defectuoso.
La zaga azul ya estaba bajo presión. O'Brien tuvo que conceder un córner que casi acaba en gol, con un disparo final que se marchó desviado desde un ángulo cerrado. En el otro lado, Dibling intentó soltar piernas, pero se le vio incómodo, como si el partido fuera más rápido que él.
Hayden Hackney probó un pase vertical imposible y el error volvió a dejar a Everton corriendo hacia atrás. Con el paso de los minutos, el equipo empezó a tocar un poco más, a respirar. Y, de repente, un regalo: un balón suelto del portero de Stuttgart a los pies de Alcaraz. El argentino habilitó a Beto, que respondió con un disparo muy desviado. Primera gran ocasión desperdiciada. No sería la última.
Everton empezó a morder en la presión y a provocar pérdidas en campo rival, pero cada recuperación se malgastaba en la siguiente acción. Cuando por fin encadenó una buena secuencia de pases, el balón le cayó a Hackney en la frontal: zurdazo cruzado, rozando el palo. Aviso serio.
El problema es que Stuttgart llevaba avisando desde el minuto uno. Y esta vez no perdonó. Nartey cazó una pelota en el área y la reventó a la escuadra, por encima de Travers, directo al techo de la red. Golazo y 1-0. Castigo a la fragilidad en las dos áreas.
Poco después, Iroegbunam tuvo que dejar el campo, aparentemente lesionado, y dio entrada a Keane. Se rompía así, casi antes de nacer, la pareja O'Brien–Branthwaite en el eje de la defensa. Dibling cayó en el área en una acción dudosa, sin respuesta del árbitro, y en la transición posterior Stuttgart volvió a amenazar, esta vez sin puntería.
Cascada de ocasiones… sin premio
A partir de ahí, Everton se soltó. Branthwaite rompió líneas con una salida poderosa, Alcaraz condujo, Röhl apareció por la derecha y su disparo fue bloqueado. Beto, ansioso, intentó una chilena imposible. Poco después, Alcaraz se escapó y puso un centro raso y venenoso al área pequeña: Beto llegó tarde por centímetros.
Dibling mejoró algo en sus decisiones, pero sus centros llegaban sin la velocidad necesaria y la defensa local despejaba con facilidad. La sensación era clara: Everton estaba cerca del gol, pero siempre le faltaba un detalle, un toque, un segundo.
Las llegadas se multiplicaron. Dibling volvió a meterse hacia dentro, tardó un instante de más en centrar y Alcaraz se topó con un defensor. Röhl, muy activo desde el lateral derecho, encontró a Beto con un gran envío; el delantero, en vez de rematar, eligió un centro al segundo palo que Dibling nunca pudo alcanzar.
La jugada que definió el primer tiempo llegó desde un saque largo de Travers. Beto ganó por arriba, prolongó para Röhl, este devolvió un centro perfecto al corazón del área… y Beto, solo, con todo a favor, se quedó literalmente pateando aire. Una ocasión tan clara que rozó lo grotesco.
Everton siguió insistiendo. Röhl asistió a Dibling, cuyo disparo ajustado al primer palo obligó al portero a una buena parada abajo. En el córner posterior, Beto volvió a llegar a la cita, pero su cabezazo se marchó por encima cuando solo necesitaba rozar la pelota.
Stuttgart, casi como recordatorio de que el partido seguía siendo suyo, respondió con un latigazo de Mittelstädt desde 25 metros que se fue por poco. Luego, un córner local generó un cabezazo teledirigido a la escuadra que Travers desvió con una estirada magnífica. El portero sostuvo a los suyos en una fase de dominio alemán que se alargó con otro disparo raso salvado de nuevo con el pie.
Everton todavía tuvo tiempo para alguna contra más, con Alcaraz y Röhl intentando conectar con Beto, pero el último pase se perdía o llegaba mal. El descanso llegó con una sensación extraña: partido vibrante, ocasiones de sobra para los de azul, pero 1-0 en contra y la puntería, otra vez, desaparecida.
Travers sostiene, el larguero tiembla
La segunda parte arrancó sin cambios en Everton y con Alcaraz sacando de centro. Stuttgart, sin embargo, volvió a golpear primero en cuanto a sensaciones. Travers tuvo que intervenir de nuevo con solvencia y, en un córner, evitó un autogol de Alcaraz sobre la misma línea. El guardameta firmaba un partido sobresaliente en medio del caos.
Dibling empezó a mostrarse más agresivo con el balón, encarando y ganando metros, aunque Beto se vio atrapado entre dos centrales. Keane cometió una falta que dio aire a Stuttgart, pero el propio Dibling siguió insistiendo, esta vez soltando el balón demasiado tarde.
Cuando aceleró, se notó. Un buen envío suyo encontró a Röhl, pero el centro del alemán se perdió sin rematador. Dibling robó más arriba, forzó una falta prometedora… que Everton decidió jugar hacia atrás, apagando el fuego antes de que prendiera.
Stuttgart respondió con un disparo seco al palo, con Travers ya batido. Aviso serio. La respuesta de Everton fue un contragolpe prometedor que Mykolenko destrozó con un centro muy deficiente. Keane, en cambio, puso un balón largo medido a Beto, que controló bien, ganó la posición… y entregó el pase directamente a un defensa.
Dibling volvió a romper por banda y buscó a Armstrong, que no logró ni córner. Stuttgart contestó con una secuencia de pases rápidos que terminó en córner y abrió la puerta a una batería de cambios locales alrededor de la hora de juego. Los alemanes sobrevivieron a dos saques de esquina en contra; en el segundo, un cabezazo blando, con King ya batido, se fue fuera por poco.
Un penalti de aire y un marcador engañoso
Ndiaye, más vertical, soltó rápido a Barry por la derecha, aunque la jugada murió sin ayuda. Branthwaite dio un susto llevándose la mano al muslo —o quizá la rodilla—, pero tras hablar con los fisios decidió seguir.
Everton encadenó entonces una buena combinación, Beto atacó el espacio, voló por encima del portero en un contacto mínimo y el árbitro señaló un penalti muy generoso. El propio Beto asumió la responsabilidad y no falló desde los once metros (72’): 1-1 y una recompensa que el juego ofensivo, por volumen de ocasiones, llevaba tiempo pidiendo.
Stuttgart no se descompuso. Al contrario. Volvió a hilar jugadas limpias, forzó un nuevo remate de cabeza que rozó la parte superior del larguero de King y obligó al portero suplente a una parada sencilla en un disparo escorado. Los múltiples cambios en ambos equipos rompieron el ritmo y el partido se volvió más sucio, menos fluido.
En ese contexto, un mal despeje de Keane fue letal. El balón regresó de inmediato, la defensa quedó desordenada y el tercer tanto local llegó con demasiada facilidad. Un golpe que expuso, otra vez, la fragilidad de Everton cuando se trata de defender segundas jugadas.
Un final caótico y una preocupación muy clara
El tramo final fue una mezcla de asedio desordenado y frustración. En un córner en el descuento, Keane cabeceó a puerta y el portero sacó el balón sobre la línea; Ndiaye tuvo dos rechaces, uno de ellos quizá dentro, pero sin tecnología ni veredicto, la jugada terminó despejada. Otro saque de esquina, ya con un tiempo añadido desmesurado que rozó los diez minutos, vio a Dewsbury-Hall ganar un balón aéreo que se perdió lamiendo el poste.
El pitido final cerró un 3-1 que deja una lectura incómoda para Everton: como ejercicio físico, la tarde en Stuttgart fue útil, intensa, exigente. Como diagnóstico futbolístico, volvió a subrayar el mismo titular de siempre. El equipo genera, llega, se planta en el área… y no marca lo que debe.
En agosto todavía hay margen para ajustar. La pregunta es si habrá tiempo —y recursos— para convertir tanto esfuerzo en algo más que ocasiones desperdiciadas cuando la temporada ya no permita ensayos.



