En Portugal se repite hasta el cansancio que “el verde es el color de la esperanza” y que “la esperanza es lo último que muere”. En Sporting, un club vestido de verde de la cabeza a los pies, esos refranes no son decoración. Son método de trabajo.
Después de un 3-0 humillante en Noruega ante Bodø/Glimt en la ida de los octavos de final de la Champions League, la lógica dictaba sentencia: eliminados. Sporting se negó a aceptarla. Arropado por unos 50.000 aficionados en Lisboa, el equipo salió a morder, jugó con una fe casi irracional y firmó un 5-0 que lo catapulta a su primer cuarto de final en la competición en 43 años. Ahora llega Arsenal. Y con él, una vieja pregunta: ¿la esperanza es un vestigio cultural o el arma más poderosa de este club?
La memoria de Londres y una vieja herida
Ricardo Sá Pinto, mito del club, exjugador y extécnico de Sporting, lo resume con la naturalidad de quien conoce la casa: la victoria en la Europa League de 2023 ante Arsenal, en los octavos, por penaltis, sigue viva en el vestuario. “El hecho de que Sporting haya ganado a Arsenal hace no mucho ayuda a los jugadores a creer que es posible”, apunta. En el fútbol, recuerda, “puede pasar cualquier cosa, incluso cuando los equipos son teóricamente desiguales”.
Esa memoria reciente alimenta un vestuario que ya ha demostrado que no se rinde. Pero no es el único motor de esta versión de Sporting.
De Gyökeres a Luis Suárez: cambiar de ídolo sin mirar atrás
El club también se aferra a la forma en que sobrevivió a la marcha de Viktor Gyökeres, que apunta a titular con Arsenal en la ida en Lisboa. Cuando el delantero sueco se marchó a Londres el verano pasado, muchos dieron por hecho que encontrar un sustituto a su altura rozaba lo imposible. En dos temporadas, Gyökeres firmó 97 goles con Sporting y empujó al equipo a dos ligas consecutivas. Con esos números, parecía insustituible.
Hoy, apenas se le echa de menos.
Parte de la explicación está en la forma en que se marchó. Forzó su salida, un gesto que la grada interpretó como traición. Pero el factor decisivo fue la llegada de Luis Suárez, internacional colombiano que se ha convertido en salvavidas recurrente del equipo, muchas veces con goles en el descuento, cuando el reloj ya parece enemigo. Antes de aterrizar en Portugal, ya había hecho ruido en la segunda división española con 31 goles en la temporada 2024-25 con Almería.
“Luis ha demostrado capacidad para marcar goles muy importantes, incluso cuando la gente deja de creer que es posible”, valora Sá Pinto. “Reemplazar a Gyökeres nunca es fácil. Históricamente, los jugadores sudamericanos rara vez tienen un impacto fuerte en su primer año en Portugal. Afortunadamente, con la confianza del entrenador y de sus compañeros, ha sido muy importante”.
El contraste entre uno y otro define también el cambio de cara de este Sporting. Gyökeres imponía miedo desde el físico: chocaba, ganaba duelos, atacaba el espacio a la espalda de la defensa. Luis Suárez dibuja otro mapa. Se mete en la elaboración, baja a combinar, ordena movimientos en el último tercio. Tiene más técnica que el sueco, aunque sea algo menos letal en el remate puro. Con 33 goles en 42 partidos, a sus 28 años ya lidera la tabla de goleadores de la liga y ha logrado lo que parecía impensable: que la grada deje de mirar atrás.
Un club acostumbrado a rozar la historia
Sá Pinto sabe lo que es llevar a Sporting lejos en Europa. En 2012 condujo al equipo hasta las semifinales de la Europa League. Aquel recorrido incluyó una eliminación de Manchester City en octavos y terminó en tragedia futbolística ante Athletic, con un gol en el minuto 88 que cerró la puerta de la final. En la antigua Copa de Europa, la última vez que Sporting alcanzó esta fase fue en 1983. Nunca ha ido más allá.
Ahora, la puerta vuelve a entreabrirse.
En Portugal, Sporting es el equipo más prolífico en ataque con diferencia. Sin embargo, su caudal ofensivo convive a la sombra de la solidez defensiva de Porto. En la liga, Sporting marcha segundo, a cinco puntos, pero con un partido menos. El tropiezo de Porto en casa ante Famalicão el sábado pasado ha reactivado la ilusión por un tercer título consecutivo. Nada está cerrado.
El sello de Rui Borges
La temporada pasada, Rui Borges llegó para recoger los pedazos tras la salida repentina de Ruben Amorim rumbo a Manchester United y el fallido experimento de João Pereira, técnico del filial, al que se ascendió de urgencia. Borges perdió a su delantero estrella, pero conservó el núcleo duro del vestuario.
Con él en el banquillo, Sporting ha mutado. El 3-4-3 de Amorim ha dejado paso, en la mayoría de partidos, a un 4-2-3-1 que prioriza el control de la medular y la posesión. El equipo maneja partidos enteros a partir de una circulación lenta, paciente, casi obsesiva, sobre todo ante rivales menores en la liga. Mueve, espera, atrae.
Arsenal no se lo permitirá.
Ante un conjunto tan experimentado, cualquier pérdida en zonas sensibles puede convertirse en puñal. El duelo de ritmos será clave: el Sporting que manda en Portugal rara vez se ve obligado a correr hacia atrás como probablemente tendrá que hacerlo ante los líderes de la Premier League.
Hjulmand, Gonçalves y la batalla por los espacios
En ese escenario, Morten Hjulmand emerge como pieza central. El danés, mediocentro defensivo y capitán, juega a una intensidad feroz y sostiene las transiciones. Roba, corrige, tapa huecos. Y, además, se convierte en amenaza en el área rival en cada córner y cada falta lateral. Sporting, como Arsenal, es el equipo con más goles a balón parado en su campeonato. Los detalles de estrategia pueden inclinar una eliminatoria.
Pedro Gonçalves, todavía recordado por su gol desde casi 50 metros en el Emirates Stadium en 2023, sigue siendo uno de los futbolistas más influyentes del equipo. Disfruta de libertad total para moverse, detecta debilidades en los costados, aparece entre líneas o baja unos metros para iniciar la jugada. Es brújula y cuchillo.
Arsenal querrá imponer el tempo, bajar el volumen del estadio, convertir el partido en un ejercicio de control inglés. La eliminatoria se decidirá en cómo gestione Sporting esos espacios que domina en su liga pero que aquí tendrá que proteger con uñas y dientes. Entre las irrupciones tardías de Luis Suárez y las apariciones fantasma de Gonçalves entre líneas, la pregunta ya no es si el verde es el color de la esperanza.
La cuestión es si esa esperanza bastará para desordenar al gigante inglés y empujar a Sporting a un territorio europeo que nunca ha pisado.





