El silencio de De Zerbi tras la derrota ante Aston Villa
El ambiente en el Tottenham Hotspur Stadium tocó fondo. No fue solo la derrota. Fue el modo. Y fue, sobre todo, el silencio de Roberto De Zerbi después del partido.
El técnico italiano decidió no pronunciar una sola palabra en el vestuario tras la caída de su equipo. Nada de broncas en caliente, nada de discursos encendidos. Solo silencio. Un silencio calculado.
“Quizá es mejor. No hablé con los jugadores hoy porque no quería decir nada. No, no tengo nada contra ellos”, explicó después, ya en frío, tratando de dejar claro que no se trata de una ruptura con el grupo, sino de una búsqueda de control en medio del caos.
Un derrumbe que desespera al técnico
Lo que más irritó a De Zerbi no fue únicamente el resultado, sino la forma en que su equipo se desmoronó cuando el partido empezó a arder. Tottenham encajó un gol mientras jugaba con diez por una lesión facial de Micky van de Ven. Más tarde, se hundió ante un simple balón largo, directo desde un saque de puerta. Fútbol básico. Y fallado de manera clamorosa.
La rabia del italiano apuntó a lo táctico y a lo mental. A la falta de temple cuando el rival aprieta. A la incapacidad de gestionar los momentos feos del encuentro.
“Encajamos un gol inaceptable de un saque largo, con un balón largo, y lo sabíamos antes del partido, porque esta temporada Aston Villa está jugando un 86 por ciento más de balones largos que la pasada y lo hablamos en muchas, muchas reuniones”, lamentó, visiblemente molesto.
No era una sorpresa táctica. Era un error de atención. Y, para él, eso tiene nombres y apellidos: los veteranos.
Señalados los líderes
De Zerbi no se escondió. Asumió su parte, pero levantó el dedo hacia sus hombres con más jerarquía. En su discurso, los “líderes” no estuvieron a la altura cuando el partido dejó de ser una cuestión de posesión y toques en campo rival.
“Es mi responsabilidad, tomo mi responsabilidad, pero en ese momento del partido, cuando el juego es diferente a la posesión de balón, a jugar en el último tercio, porque no podemos jugar 90 minutos en el último tercio como en la primera parte, porque hay un rival, Aston Villa no es un equipo tan malo, es un buen equipo. Y en el momento en que tenemos que defender y tenemos que defender compactos, los líderes tienen que ser líderes y guiar al equipo”, insistió.
El mensaje fue claro: cuando el duelo se ensucia, cuando ya no manda la pizarra sino el carácter, los pesos pesados deben sostener al grupo. No lo hicieron.
Solanke, muy lejos del papel de estrella
En medio de la autopsia, otro nombre quedó expuesto: Dominic Solanke. Fichaje de relumbrón, referencia llamada a ser decisiva, pero que hoy parece una sombra de lo que se esperaba.
El delantero no encuentra ni el físico ni la confianza. Y De Zerbi no lo maquilló.
“Necesitamos más de él, seguro, pero es uno de mis jugadores, me gusta Dom como jugador y estaré con él hasta el final. Necesita quedarse, sentirse mejor, su condición física no es lo suficientemente buena, seguro, pero es normal para él. Quizá ahora no tiene suficiente confianza en sí mismo porque es mucho mejor que este Dom Solanke”, explicó el técnico.
Crítica y protección en la misma frase. Exigencia máxima, pero también respaldo público. El mensaje: no se negocia el rendimiento, pero no se abandona al delantero.
Un parón que llega como oportunidad
Ahora llega un parón internacional de tres semanas. Para muchos entrenadores, un corte incómodo en el ritmo competitivo. Para De Zerbi, una oportunidad.
Buena parte de la plantilla se marchará con sus selecciones, manteniendo el tono competitivo lejos del club. Los que se queden, en cambio, no tendrán descanso. El plan del italiano es claro: trabajo duro, carga física y reajuste.
“Los jugadores que van con la selección tienen que jugar, tienen que trabajar, y los otros jugadores como [Conor] Gallagher, Solanke, Tosin [Adarabioyo], [Marcos] Senesi, Savio seguro que tenemos que trabajar más porque la condición física no me gustó en este partido”, remató.
Silencio en el vestuario, bronca en la sala de prensa y un parón que se convierte en laboratorio. La cuestión ahora es sencilla y brutal: ¿será este el punto de inflexión que enderece la temporada o la primera señal seria de un proyecto que empieza a resquebrajarse?



