Sergio Ramos busca poder en el Sevilla
Sergio Ramos no quiere una foto en el palco ni un despacho con su nombre en la puerta. Quiere poder. Quiere mando en plaza. Y, según Monchi, está dispuesto a entrar de lleno en el barro para intentar reconstruir un Sevilla que se tambalea al borde del abismo deportivo e institucional.
En un podcast, el actual presidente de San Fernando, mito absoluto de la dirección deportiva sevillista, dibujó el perfil de un Ramos mucho más ambicioso de lo que muchos imaginaban. No se conforma con un rol simbólico en el club de su vida. Aspira a influir en las grandes decisiones.
Monchi lo resumió con crudeza: si se pregunta hoy a Sergio Ramos, a sus socios o a los propios accionistas del Sevilla, nadie tiene claro al cien por cien cómo terminará este proceso. Pero sí hay una certeza: el ex capitán del Real Madrid quiere estar “en el meollo” de la toma de decisiones sobre el futuro de la entidad. No sabe si como presidente, pero sí en la primera línea del poder.
Un consorcio para cambiar el rumbo
A sus 39 años, Ramos encabeza un consorcio respaldado por el grupo inversor Five Eleven Capital, con la misión de poner orden en un club sumido en una inestabilidad profunda. No es un simple guiño sentimental. Es una operación seria, de capital y control, en un Sevilla que lleva demasiado tiempo viviendo al límite.
El contexto deportivo es demoledor. Tras la derrota por 1-0 ante Real Sociedad el lunes, el equipo se aferra a la 17ª posición con 37 puntos, apenas uno por encima del descenso. Un gigante europeo mirando de reojo al precipicio de Segunda. Nervión, acostumbrado a noches de gloria continental, vive ahora entre la ansiedad y el enfado.
En ese escenario, la figura de Ramos emerge como una promesa de ruptura con la deriva actual. Libre desde su salida de Rayados de Monterrey, el central andaluz no se ha limitado a dejarse querer. Ha verbalizado su confianza en que el proceso avance rápido. “Creo que habrá noticias en unos meses, o incluso semanas, y esperamos que sean las noticias que todos deseamos. Todo va bien”, aseguró ante los medios.
El mensaje es claro: el plan está en marcha. Falta saber hasta dónde llegará.
Monchi, entre el rumor y la distancia
El runrún en Sevilla no se detiene. Y uno de los nombres que siempre vuelve es el de Monchi. Su posible regreso al Ramón Sánchez-Pizjuán se ha convertido en un rumor casi permanente, alimentado por la nostalgia de una afición que asocia su figura a la etapa más brillante del club.
Sin embargo, el propio director deportivo frenó cualquier euforia. Hoy, no hay oferta. No hay llamada. No hay negociación. “En lo que respecta al Sevilla, a día de hoy no tengo ninguna propuesta para volver”, aclaró. Si el club levanta el teléfono, escuchará. Pero de momento, se siente cómodo donde está, al frente de San Fernando, y deja claro que cualquier proyecto tendría que ser compatible con su actual cargo. Si no lo es, no habrá propuesta que valga.
El contraste es evidente: mientras su nombre aparece una y otra vez en conversaciones y tertulias, la realidad institucional del Sevilla sigue atrapada en un limbo. Sin una estructura clara, sin un proyecto definido y con el equipo coqueteando con el descenso, la sensación de vacío de poder se acentúa.
Un club en vilo
La incertidumbre en los despachos refleja lo que ocurre en el césped. El Sevilla ha firmado una campaña doméstica desastrosa, sin identidad ni continuidad, siempre mirando de reojo la zona roja. Cada tropiezo aprieta un poco más la soga. Cada semana sin decisiones firmes en el palco alarga la agonía.
En medio de ese clima, la figura de Ramos actúa como catalizador de esperanzas. El canterano que se marchó para conquistar Europa y el mundo con el Real Madrid aparece ahora como posible arquitecto de una nueva era en Nervión. No como embajador, no como leyenda decorativa, sino como parte activa del poder.
El proceso de adquisición, sin embargo, es complejo. Intereses cruzados, accionistas divididos, un club cotizado a la deriva y una afición que ya no se conforma con promesas. Monchi lo dejó claro: ni siquiera los protagonistas saben con precisión cómo terminará todo.
La pregunta, a estas alturas de temporada, es otra: ¿llegará el nuevo Sevilla de Sergio Ramos a tiempo para evitar que el viejo Sevilla se estrelle en la clasificación?




