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Santos avanza a cuartos de final de la Copa do Brasil con Neymar en el centro de la polémica

Santos está en los cuartos de final de la Copa do Brasil. El dato frío dice 1-0 ante Remo en el Mangueirão y clasificación asegurada. Pero la noche en Belém no se recordará por el marcador, sino por el vendaval llamado Neymar al final del partido.

Un partido tenso, un final incendiado

El duelo venía cargado desde el primer minuto. Remo, empujado por su gente, exigía, mordía, apretaba. El 0-0 de la ida en Vila Belmiro dejaba todo abierto y el ambiente en el Mangueirão lo confirmaba: cada vez que Neymar tocaba el balón, un coro de silbidos caía desde las gradas. Cada gesto, cada control, cada carrera, acompañado por una lluvia de abucheos.

El encuentro se fue al descanso sin goles. Santos necesitaba algo distinto. Necesitaba a su estrella.

Neymar entró tras el entretiempo, sustituyendo a Gabriel Bontempo, y el guion cambió de inmediato. No fue un recital de fuegos artificiales, pero sí un recordatorio de jerarquía. Bajó balones, pidió la pelota, se ofreció entre líneas. Y, sobre todo, decidió.

En una de sus arrancadas, el ex jugador de Paris Saint-Germain y Barcelona se metió en el área con esa zancada que todavía impone respeto. Arrastró marcas, fijó defensores y encontró a otro revulsivo: Rony. El también suplente apareció para culminar la jugada y firmar el 1-0 que silenció, por un momento, al estadio y hundió a su antiguo club.

Gol, clasificación, alivio. Sobre el césped, Santos cumplía. En la grada, la herida quedaba abierta.

Besos, bailes y gritos de “¡Eliminados!”

El pitazo final no trajo calma. La tensión acumulada durante 90 minutos explotó en segundos.

Camino al vestuario, Neymar respondió a los insultos del público local con un gesto tan simple como provocador: empezó a lanzar besos hacia las tribunas. No fue un gesto aislado. Fue una respuesta directa a los silbidos que lo habían acompañado toda la noche.

La escena se encendió aún más en la zona mixta. El astro brasileño, recién retirado de la selección nacional, fue visto bailando de manera desafiante y gritando “¡Eliminados! ¡Eliminados!” a dirigentes y aficionados de Remo. El mensaje no admitía interpretaciones. Era una celebración, sí, pero también una provocación frontal.

La reacción no tardó. Desde las gradas llegaron gestos obscenos, insultos y una furia que amenazaba con desbordarse. Solo las barreras de seguridad y la presencia de personal de vigilancia evitaron que el cruce verbal se transformara en algo físico. El partido ya había terminado, pero el conflicto apenas comenzaba.

El presidente de Remo carga contra Neymar

El impacto fue inmediato. La bronca de Remo no se quedó en la tribuna. Bajó al despacho presidencial.

Antonio Carlos Teixeira, máximo dirigente del club, no suavizó ni una palabra al hablar con el medio O Fluxo. Apuntó directamente a Neymar, a su comportamiento y al peso simbólico que tiene para los más jóvenes.

“Ese vagabundo Neymar, que es idolatrado por muchos niños, vino a hacer sus payasadas aquí y luego a provocarnos. Somos culpables de idolatrar a un montón de vagabundos como ese tipo”, lanzó Teixeira, sin filtro.

No hubo matices ni diplomacia. El presidente de Remo convirtió el episodio en un ataque frontal al carácter del jugador, cuestionando su rol como ejemplo para las nuevas generaciones. El choque ya no era solo deportivo: se instalaba en el terreno moral.

Un protagonista inevitable dentro y fuera del campo

Entre el ruido, hay un dato que no se puede borrar: Neymar fue decisivo. Entró con el partido bloqueado, lo agitó y terminó siendo clave en la jugada que clasificó a Santos. A sus 32 años, con el cuerpo castigado y un futuro en duda, aún tiene la capacidad de inclinar eliminatorias.

Para Santos, la victoria vale más que una simple plaza en cuartos de final. Mantiene vivo el sueño de título y garantiza una inyección económica importante por avanzar a la siguiente fase de la Copa do Brasil. En un club que ha atravesado turbulencias deportivas y financieras, cada ronda superada pesa.

Pero mientras el club celebra, los comités disciplinarios toman nota. Las provocaciones en la zona mixta, los gestos hacia la hinchada y la reacción del público de Remo apuntan a un probable análisis detallado por parte de las autoridades del fútbol brasileño. Habrá informes, videos, declaraciones. Y, posiblemente, consecuencias.

Todo esto llega en un momento delicado en la carrera del propio Neymar. Hace poco, el delantero admitió que no sabe “cuánto tiempo más” seguirá jugando y dejó claro que, por ahora, solo piensa en cumplir su contrato hasta diciembre antes de decidir su futuro.

Clasificación en la mano, polémica a cuestas y un horizonte profesional lleno de interrogantes. Santos sigue adelante en la Copa. Neymar también. La pregunta es cuánto tiempo más seguirá siendo el centro de todas las tormentas.