En Francia, el futuro fiscal de Samir Nasri podría terminar decidiéndose por algo tan prosaico como pedidos de comida a domicilio. No por un contrato, ni por una sociedad offshore. Por Deliveroo.
El excentrocampista de Manchester City, Arsenal y Marseille, de 38 años, está en el punto de mira de la administración tributaria francesa, que estima que podría deber más de 5,5 millones de euros en impuestos sobre la renta y sobre el patrimonio entre 2018 y 2025, según documentos judiciales. La cifra, que su abogado tacha de “imaginaria”, ya ha provocado un primer golpe: la incautación temporal de parte de sus bienes.
Un internacional francés frente al fisco
En marzo, un tribunal de París autorizó la incautación provisional de algunas cuentas bancarias de Nasri y la inscripción de una hipoteca cautelar sobre una de sus propiedades en la capital. El objetivo es sencillo: asegurarse de que, si al final pierde el litigio, haya activos suficientes para cubrir el eventual pago de los atrasos fiscales.
Para la defensa, la ofensiva es desproporcionada. Jean-Noël Sanchez, abogado de Nasri, ha recurrido esa decisión y avisa de que la batalla será larga. Según explica, pueden pasar años antes de que se resuelva la cuestión central: si Nasri debe realmente esos impuestos que reclama la administración.
Sanchez insiste en un punto: su cliente “es un perfecto ciudadano francés” que declara y paga en Francia los ingresos que genera en territorio francés. La disputa no está ahí. El choque se centra en dónde debe considerarse residente fiscalmente el exinternacional: en Francia o en Emiratos Árabes Unidos.
París contra Dubái… y contra los que viven allí
Para el fisco, Nasri no puede escudarse en su domicilio en Dubái. Los documentos del tribunal detallan que, entre 2021 y 2023, el exjugador habría pasado 487 días en Francia, frente a 226 en Emiratos Árabes Unidos. Las cifras, si se confirman, inclinan la balanza hacia una residencia de hecho en territorio francés.
Sanchez lo ve de otro modo. Asegura que Nasri está instalado en Emiratos con su pareja y su hijo, escolarizado allí, y denuncia una ofensiva más amplia contra los residentes en el Golfo. “Francia ha decidido para el señor Nasri —y para otros, por cierto— atacar a todos los que viven en Emiratos Árabes Unidos”, sostiene el abogado, que se declara “enfadado” y denuncia un atropello a la presunción de inocencia.
El mensaje es claro: para la defensa, Nasri no vive en Francia. Y lo que la administración presenta como indicios sólidos de residencia, ellos lo consideran, como mínimo, discutible.
Deliveroo como prueba de residencia
Ahí entra en escena Deliveroo. Según la resolución que autorizó las medidas cautelares, las autoridades fiscales se apoyan en dos elementos llamativos: reservas aéreas y pedidos de comida a domicilio. Los documentos señalan que en 2022 se realizaron 212 pedidos a través de Deliveroo a una de las direcciones parisinas de Nasri.
Para la administración, esos datos, sumados a los días pasados en Francia, dibujan el retrato de alguien que, más allá de lo que diga su domicilio oficial, vive en París y debe tributar como tal.
Sanchez desmonta esa lectura línea a línea. Cuestiona que se pueda atribuir automáticamente esos pedidos al propio Nasri. “¿Los hizo su madre, su hermana, su hermano, sus amigos?”, plantea. Y remata: la administración “tendrá que probar” que su cliente reside realmente en Francia, y eso “no va a demostrarse con 212 Deliveroos”.
El pulso, por tanto, no es solo sobre cifras. Es sobre el tipo de indicios que un Estado puede usar para reconstruir la vida cotidiana de un contribuyente y convertirla en argumento fiscal.
Un caso que trasciende a Nasri
El nombre de Samir Nasri arrastra historia: talento precoz en Marseille, salto a la Premier League con Arsenal, consolidación en Manchester City, internacional con Francia. Ahora, ya retirado, su vida deportiva ha dejado paso a otra batalla, menos vistosa pero igual de implacable: la que se libra en los despachos de la administración y los tribunales.
El caso encaja en una tendencia de fondo: la presión creciente de las haciendas europeas sobre deportistas, exjugadores y grandes fortunas que declaran residir en países de baja fiscalidad. En esta ocasión, la discusión se baja al terreno de lo doméstico: días de estancia, billetes de avión, comidas a domicilio.
La cuestión ya no es cómo marcaba Nasri entre líneas, sino si esas líneas las traza hoy París o Dubái. Y si 212 cenas entregadas a una puerta en la capital francesa pueden inclinar la balanza de un litigio de millones.





