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Romelu Lukaku se une a Fenerbahce: impacto en Estambul

Romelu Lukaku vuelve a cambiar de camiseta y lo hace con ruido. Fenerbahce anunció este miércoles el fichaje del delantero belga, un movimiento que agita la Super Lig turca y lanza un mensaje directo a su gran rival, Galatasaray.

El club de Estambul confirmó la llegada del atacante, pero mantuvo bajo llave tanto la duración del contrato como el coste del traspaso. Lo esencial, sin embargo, sí quedó claro desde el primer momento: Lukaku llega para ser protagonista.

En un vídeo dirigido a los aficionados, el delantero de 33 años no dejó espacio para las dudas sobre su estado físico ni sobre sus intenciones: es “un honor y un privilegio” vestir la camiseta de Fenerbahce, aseguró, antes de remarcar que está “en forma, al 100 por ciento, listo para empezar”.

Un goleador con cuentas pendientes

Lukaku aterriza en Turquía con un currículum que impone respeto. Ha pasado por Chelsea, Manchester United e Inter Milan, ha vivido etapas brillantes y también periodos marcados por las lesiones, pero se mantiene como máximo goleador histórico de la selección de Bélgica, con 93 tantos.

Su último capítulo en Italia dejó un sabor agridulce. Firmó por Napoli en el verano de 2024 y en su primera temporada tocó el cielo con el Scudetto. Después, el golpe: una lesión, fricciones con la directiva y apenas 64 minutos de juego el curso pasado. De estrella a actor secundario en cuestión de meses.

Ni siquiera ese contexto le cerró la puerta de la selección. Bélgica lo incluyó en la lista para el Mundial de 2026 y él respondió como suele hacerlo: con goles. Marcó tres y empujó a su país hasta los cuartos de final, donde cayó ante la que acabaría siendo campeona, España.

Un ataque que mete miedo

El fichaje de Lukaku se suma a otra incorporación de impacto reciente: Mason Greenwood, exextremo de Manchester United. Entre ambos, Fenerbahce arma un frente ofensivo que mezcla potencia, experiencia internacional y hambre de reivindicación.

El mensaje es nítido: el club no quiere volver a conformarse con el papel de perseguidor. Lleva cuatro temporadas seguidas terminando por detrás de su enemigo íntimo, Galatasaray, y no levanta el título de liga desde 2014. Demasiado tiempo para una institución de su tamaño.

Ahora, con Lukaku al frente del ataque y Greenwood aportando desequilibrio por fuera, la expectativa sube un peldaño. El belga llega con el reto de transformar su deseo de redención personal en algo mucho más grande: romper una década de espera y devolver a Fenerbahce al trono del fútbol turco.