Roberto De Zerbi: De la Crisis a la Reconstrucción del Tottenham
Roberto De Zerbi, de la sala de urgencias al proyecto de superclub
Hubo un instante la temporada pasada en el que Roberto De Zerbi miró a sus jugadores del Tottenham y lanzó una pregunta que heló el vestuario: “¿Nos hemos muerto?”. Acababan de perder 1-0 en el Stadium of Light, ante el Sunderland, en su primer partido al mando. Jugadores tirados boca arriba en el suelo, algunos llorando, la sensación de un equipo roto y al borde del abismo.
Ese fue el inicio de una carrera a contrarreloj: siete partidos para mantener al Tottenham en la Premier League. La permanencia llegó en el último día, casi a rastras, pero el técnico italiano, de 47 años, habla ahora de otra cosa: de reconstrucción, de ambición, de un club que quiere dejar atrás la vergüenza de una campaña 2025-26 turbulenta y coqueteando con el desastre.
Cuatro meses después de aquel vestuario hundido en Sunderland, la escena es radicalmente distinta.
De la angustia al café en Sydney
En el hotel de la gira de pretemporada en Sydney, a pocos metros del Harbour Bridge y de la Opera House, el ambiente parece otro club. Risas, bromas, sonrisas relajadas. Los jugadores se mueven por una planta privada, con su propio barista sirviendo cafés, y una mesa de ping-pong echa humo con partidos competitivos que mezclan veteranos y recién llegados.
Sobre la mesa, literalmente, hay un Tottenham nuevo: 237 millones de libras invertidos en fichajes, la mayor cifra de la historia del club. Un grupo que sueña con volver a la élite de la Premier y pelear por títulos, no por puntos de salvación.
Sandro Tonali, fichaje récord del club, ya se ha enfundado la camiseta en la gira, igual que Mateus Fernandes, Jan Paul van Hecke, Andrew Robertson y Martin Dubravka. Solo falta por debutar Marcos Senesi, que llegó más tarde tras disputar la final del Mundial con Argentina y ya se entrena en Hotspur Way.
“Me merezco querer a los mejores jugadores, porque ahora el Tottenham se merece construir un equipo top”, sentencia De Zerbi. No suena a eslogan. Suena a declaración de intenciones.
Dos planes: descenso o resurrección
La realidad del club hace unos meses era cruda. Tottenham trabajaba con dos planes de mercado: uno para un hipotético descenso y otro para la supervivencia. El italiano insiste en que habría seguido incluso en Championship, pero celebra estar trabajando con el Plan A, el de un equipo que sigue en la Premier y quiere escalar.
Ese plan incluye “respetar la voluntad” de jugadores como el capitán Cristian Romero o el portero Guglielmo Vicario, cuyo futuro todavía no está garantizado.
“Al principio, en abril, tuve un millón de reuniones individuales”, bromea De Zerbi. En esas charlas, los jugadores le confesaban si querían marcharse. La respuesta del técnico fue tan cruda como clara: “Sí, ayúdame a salvarnos y luego yo te ayudo a salir. Si no me ayudas a mantenernos, te quedas bajo el agua conmigo”.
El mensaje caló. Y el club, mientras tanto, se movía también en los despachos.
Nuevo poder en los despachos
En el último año, el Tottenham ha cambiado casi de piel. La indignación de la afición era comprensible tras dos temporadas terminando en el puesto 17, una de ellas maquillada por un título de Europa League con Ange Postecoglou, pero con la amenaza del descenso cada vez más cercana.
Ahora manda Vinai Venkatesham como director ejecutivo, representando a la Lewis Family Trust. A su lado, Johan Lange sigue como director técnico, el único superviviente del anterior régimen. Les apoyan Rafi Moersen, director de operaciones de fútbol, y Dan Lewindon, nuevo director de rendimiento, ambos llegados desde el City Football Group. A Lewindon se le ha encargado una misión muy concreta: mejorar el historial de lesiones de la plantilla.
En medio de esa nueva estructura, De Zerbi no se limita al césped. Se mete en todo. Y en el mercado, avisa, se transforma.
“En el mercado, cuando quiero a un jugador, me convierto en un tiburón. No hay opción de decir que no”.
Esa agresividad ha traído dos operaciones récord: 85 millones de libras por Mateus Fernandes desde West Ham y 100 millones por Sandro Tonali procedente del Newcastle. Cifras de superpotencia.
El entrenador-reclutador
De Zerbi disfruta el mercado como pocos entrenadores. No lo vive como una presión, sino como una de las partes más atractivas del oficio.
No se limita a dar un nombre. Llama, se involucra, construye un vínculo desde el primer día.
“Cuando tomas la decisión, tomas la responsabilidad. Si el entrenador llama al jugador, puedes construir una conexión especial desde el principio”, explica. En el caso de Mateus Fernandes, la implicación fue total: habló con la madre, con el padre. Al padre le prometió que sería su “segundo papá” en Inglaterra y que cuidaría de él.
El método no se queda ahí. Tottenham cerró el fichaje de Jan Paul van Hecke pese al interés del Chelsea, y ya había adelantado a Manchester United y Manchester City en la carrera por los dos centrocampistas récord.
En los despachos se habla de teoría de juegos. Dentro del club reconocen que sabían que debían ser agresivos y rápidos: agresivos en las ofertas, en los salarios y, sobre todo, en la implicación personal del entrenador.
Hay un ejemplo que lo resume. Tras el 2-2 ante el Brighton en abril, cuando un gol de Georginio Rutter en el 95’ golpeó las opciones de salvación del Tottenham, De Zerbi escribió a Van Hecke, asistente de ese tanto.
“Le dije: ‘Tú quisiste empujar al Tottenham hacia abajo para el Brighton cuando diste esa asistencia a Rutter, ahora tienes que venir conmigo, no tienes elección’”, desvela el técnico.
Con Tonali, el guion fue similar. Al día siguiente de asegurar la permanencia con una victoria ante el Everton, De Zerbi le mandó un mensaje. Luego voló a Brescia para reunirse en su casa. Esa conversación resultó decisiva. El resto lo remataron los empleados del club con varias rondas de negociación.
Y el italiano aún guarda una carta más: una última “bomba” ofensiva. Habla de dos delanteros por llegar, uno de ellos Savinho, del Manchester City.
Gasto fuerte, plan largo
De Zerbi rechaza la idea de que el Tottenham esté gastando sin control. Recuerda que la familia Lewis inyectó 100 millones de libras en junio porque el club lo necesitaba. Él asegura que no siente presión por ese dinero, y apunta a lo que han hecho Chelsea, Arsenal o Liverpool en años recientes.
También ha habido salidas importantes. El club ingresó 45 millones con el traspaso de Luka Vuskovic al Brighton. El futuro de Lucas Bergvall y del lateral inglés Djed Spence sigue en el aire.
“Valoramos la petición de Vuskovic de ir al Brighton, con Vinai, con Johan, juntos, porque considero que el dinero del Tottenham es mi dinero”, explica De Zerbi. “Es como si el dueño fuera mi padre. No quieres pedirle a tu padre que pierda dinero”.
Su visión es clara: como todos los grandes clubes, el Tottenham debe vender caro y comprar lo más barato posible dentro del nivel que exige. Habla abiertamente de un plan a cinco temporadas. Están construyendo, no parcheando.
Ese enfoque se vio también en la decisión de no quedarse en propiedad con Joao Palhinha, cedido por el Bayern Munich. No fue un juicio deportivo, sino económico: el paquete global de la operación no encajaba en la estrategia del club.
Limpiar la cabeza, cambiar el espíritu
La reconstrucción no es solo financiera ni táctica. También es emocional. Después de la derrota en Sunderland, la tristeza y el negativismo no se quedaron en el vestuario. Se extendieron al personal del día a día en el centro de entrenamiento.
“El día después organicé una reunión sin jugadores y dije: ‘Al primero que vea decir algo negativo, lo mando a casa inmediatamente’”, cuenta De Zerbi. No era una frase para la galería. Era un corte radical con la dinámica de lamento permanente.
El objetivo ahora es transformar el “comportamiento, la actitud y el espíritu” de todos los que sufrieron esas dos temporadas traumáticas, ambas terminadas en el puesto 17. Una con el sustento emocional de un título europeo, otra con el miedo al descenso pegado al cuello.
El italiano también sabe que un vestuario no se cura solo con charlas. Por eso, organizó “una gran cena en Mayfair, con alcohol”, como él mismo subraya. Un gesto para relajar, para unir, para recordar a los jugadores que siguen siendo futbolistas de élite, no supervivientes resignados.
Está convencido de que el equipo mereció salvarse antes y que la recta final fue más cruel que justa. “Creo que en ese momento se consideraban a sí mismos peores de lo que la gente pensaba”, admite. La herida no ha cerrado del todo, pero el proceso de sanación está en marcha.
Su deseo es que la próxima vez no tenga que ser él quien organice la cena y las copas. Que lo hagan ellos, por iniciativa propia. Porque entonces, dice, sabrá que el vestuario ya se pertenece a sí mismo.
“Con amor, amistad y cuidado, te conviertes en top, top, top”.
El Tottenham de De Zerbi ya no se pregunta si ha “muerto”. La cuestión, ahora, es hasta dónde puede llegar un club que ha decidido dejar de mirarse al suelo y empezar a comportarse como lo que quiere ser: un aspirante serio a volver a la cima.




