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La llegada de Robbie Keane al Celtic: un dilema político y emocional

La posible llegada de Robbie Keane al banquillo de Celtic, que sobre el papel encajaba en el guion deportivo del campeón escocés, se ha convertido en un asunto abiertamente político y emocional en Glasgow.

El máximo goleador histórico de la selección de Irlanda, actualmente en Ferencvaros tras su paso por Maccabi Tel Aviv, es el principal candidato para relevar a Martin O'Neill, técnico interino que a sus 74 años acaba de cerrar la temporada con un doblete doméstico: Premiership en la última jornada y Scottish Cup. El club, sin embargo, se ha topado con una resistencia frontal de una parte muy organizada de su propia afición.

Un pasado en Celtic, un presente incómodo

Keane conoce el club. En 2010 vivió una cesión breve pero prolífica en Celtic, dejó goles y dejó huella. Aquella etapa alimenta ahora la lógica deportiva de su posible nombramiento: nombre de peso, pasado en el equipo, perfil mediático.

Pero la polémica no nace en el césped. Estalla en Oriente Próximo.

El irlandés fue nombrado entrenador de Maccabi Tel Aviv en junio de 2023, meses antes de los ataques liderados por Hamas del 7 de octubre y de la posterior ofensiva israelí sobre Gaza. Keane decidió completar la temporada en Israel y guió al club al doblete de liga y copa antes de dimitir en 2024 y dar el salto a Ferencvaros en 2025.

Esa decisión, la de permanecer en el cargo una vez iniciada la guerra, provocó fuertes críticas en Irlanda y fracturó la percepción de su figura entre un sector del celtismo.

Murales, pancartas y un mensaje directo al consejo

En Glasgow, el rechazo ya no se expresa solo en redes sociales. Graffitis y pancartas contra la posibilidad de que Keane se convierta en entrenador han aparecido en los alrededores del estadio de Celtic. El malestar está firmado.

Un grupo que se presenta como “Celtic Fans for the Liberation of Palestine” publicó un comunicado en el que advierte que la contratación del irlandés “sería profundamente divisiva entre la afición”. La cuenta “North Curve Celtic” en X difundió el texto acompañado de una lista de 67 grupos que respaldan esa postura, una muestra de organización y de volumen.

“El Celtic tiene una larga y orgullosa historia de solidaridad con el pueblo palestino”, arranca el comunicado. A partir de ahí, el tono se endurece. Para estos aficionados, la decisión de Keane de dirigir a Maccabi Tel Aviv “durante el genocidio en Gaza es imposible de ignorar”.

La acusación va más allá del simple desacuerdo político. “Elegir entrenar a un club en Israel mientras, a menos de 40 millas, el mismo país utilizaba armas indiscriminadas de asesinato masivo contra personas indefensas es inconcebible”, denuncian.

El texto enlaza directamente la identidad histórica del club con la posición actual de la grada: “Celtic fue fundado por una comunidad marcada por el legado de genocidio, desplazamiento y hambruna. Las raíces de nuestro club se encuentran en la solidaridad con quienes sufrieron injusticia y opresión”.

La conclusión es una petición sin rodeos al consejo de administración: “Instamos a la directiva de Celtic a escuchar las preocupaciones de los aficionados y reconsiderar este nombramiento”.

La defensa de Keane y un vestuario en vilo

Keane, de 45 años, ha explicado públicamente por qué decidió no abandonar Israel en pleno conflicto. Lo hizo apelando a una responsabilidad personal con el cuerpo técnico que llevó consigo a Maccabi.

“Tengo un deber de cuidado”, argumentó. Puso un ejemplo muy concreto: su analista, que había trabajado 12 años en Middlesbrough, aceptó mudarse con su familia a Israel. Marcharse de manera abrupta, dejando atrás a ese equipo humano, era algo que Keane no estaba dispuesto a hacer. Completó la campaña, levantó títulos y, después, renunció.

En Parkhead, mientras tanto, la situación se vuelve delicada. Deportivamente, la figura de Keane encaja en la ambición del club. Socialmente, su nombre en el banquillo amenaza con abrir una brecha entre una parte muy visible de la grada y la directiva.

El consejo de Celtic, con Dermot Desmond al frente como accionista principal, ya ha mantenido conversaciones con el irlandés. La negociación deportiva avanza. La batalla simbólica se libra fuera, en las paredes del estadio y en las pancartas del fondo.

En un club cuya identidad se ha construido durante décadas alrededor de la idea de solidaridad y memoria histórica, la elección del próximo entrenador ya no es solo una cuestión de sistemas de juego o experiencia en los banquillos. Es una prueba de hasta qué punto Celtic está dispuesto a confrontar —o asumir— la voz de su propia gente.