logo

Real Madrid y la búsqueda de Zubimendi tras la ausencia de Rodri

Real Madrid dejó pasar a Rodri. Hoy, cada partido grande le recuerda el precio de aquella decisión. El equipo de José Mourinho se sostiene en su pegada, pero se cae donde se deciden los títulos: en el control del centro del campo.

La derrota ante Inter Milan lo expuso sin anestesia. El conjunto blanco no manda en los partidos, los sobrevive. Vive de las transiciones, de robar y correr, de lanzar a Vinícius, Mbappé y Bellingham para que resuelvan en el último tercio. Cuando hay espacio, el plan funciona. Cuando no, se ve el vacío.

Sin un mediocentro del nivel de Rodri, el juego se rompe demasiado pronto. Los rivales recuperan, salen, amenazan. Y entonces aparece Courtois para evitar un castigo mayor. El belga sostiene lo que la sala de máquinas no consigue proteger. Todo porque el club no apretó hasta el final por el mediocentro del Barcelona.

En su día, la apuesta fue otra: Bernardo Silva, un perfil mucho más ofensivo, que Barcelona rechazó. El resultado es un equipo que sigue construyendo desde Tchouaméni, Valverde y Camavinga, tres futbolistas enormes… pero ninguno con la capacidad de gobierno, pausa y lectura de Rodri.

El ataque se queda a medio hacer. Las ocasiones no fluyen con continuidad. Arda Güler o incluso Trent Alexander-Arnold aparecen como parches creativos, soluciones de emergencia para sacar el balón limpio desde atrás o sumar claridad en la base de la jugada. Ninguno encarna el rol que tanto echa de menos Mourinho.

De ahí que en los despachos del Bernabéu ya se muevan con vistas al mercado de invierno. El diagnóstico es claro y compartido: hace falta un mediocentro que ordene, que marque el ritmo, que permita a los de arriba vivir más cerca del área rival. El nombre vuelve a ser el mismo que sonó en verano y que ahora podría estar al alcance: Martín Zubimendi.

Un rol menguante en Arsenal

En Inglaterra las quinielas ya corren. No es casualidad. El papel de Zubimendi en Arsenal se ha ido encogiendo. Esta temporada ha empezado los cinco partidos oficiales desde el banquillo. Cinco de cinco. Un mensaje difícil de ignorar.

La señal más contundente llegó en la Champions League, en el Diego Armando Maradona, ante Napoli. Partido grande, escenario grande… y Zubimendi mirando desde la banda. Ocho minutos. Nada más.

Su pelea por minutos no es nueva. Viene del final del curso pasado. En la final de Champions frente a Paris Saint-Germain, el centrocampista español no disputó los 90 minutos reglamentarios; solo entró en la prórroga. Cada vez que sale cumple, responde, sostiene. Aun así, Mikel Arteta sigue inclinándose por otros nombres en su posición. Y esa jerarquía empieza a pesar en el ánimo del ex de Real Sociedad.

Zubimendi, garantía en la selección

En Valdebebas no miran solo al Arsenal. Miran también a lo que ha hecho Zubimendi con España. Cada vez que Rodri ha caído por lesión, él ha dado un paso al frente. Tomó el timón de la selección y no se encogió.

Ahí están los recuerdos recientes: la segunda parte de la final de la Euro 2024, el tiempo extra en la final del Mundial 2026. En los momentos de máxima tensión, el mediocentro respondió. Ordenó, dio salida, sostuvo al equipo cuando las piernas pesaban y el balón quemaba.

Ese tipo de actuaciones han elevado su cotización interna en Real Madrid. No solo ven a un buen jugador. Ven a un futbolista probado en escenarios límite, capaz de asumir la responsabilidad que hoy nadie ejerce en el centro del campo blanco.

Un fichaje caro, pero asumible

Arsenal pagó 70 millones de euros por él la temporada pasada y lo ató hasta 2030. No es un precio menor. Su valor de mercado se mantiene en esa franja. Pero en la cúpula madridista no lo consideran una operación desmesurada, sobre todo si el traspaso permite a los ingleses recuperar la inversión.

El problema no será solo el dinero. Zubimendi no estará falto de pretendientes. Chelsea lo tiene marcado en rojo. Xabi Alonso lo quiere, igual que lo quiso cuando sonó como candidato al banquillo de Real Madrid. En aquel momento, Florentino Pérez decidió no ir a por él.

Ahora el contexto es otro. El equipo pide un director. El mercado ofrece uno que ya ha demostrado que puede manejar un centro del campo de élite. La pregunta ya no es cuánto cuesta Zubimendi. La pregunta, para un club que se lamenta por no haber cerrado a Rodri, es cuántas veces puede permitirse repetir el mismo error.