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Real Madrid y Alavés: un duelo que refleja la Liga

En una noche cerrada en el Estadio Santiago Bernabéu, el guion parecía escrito de antemano: un Real Madrid aspirante al título, segundo en La Liga con 73 puntos y un diferencial de +37 (67 goles a favor y 30 en contra en total), frente a un Alavés que llega ahogado en la zona de descenso, 18.º con 33 puntos y un balance de -12 (36 a favor, 48 en contra en total). El 2-1 final respeta la jerarquía, pero también deja matices tácticos que explican por qué uno pelea por la Champions League y el otro por sobrevivir.

Heading into this game, el Real Madrid había construido un fortín en casa: 14 victorias en 17 partidos en el Bernabéu, con 39 goles a favor y solo 14 en contra. Un promedio de 2.3 goles a favor y 0.8 en contra en casa dibujaba un equipo dominante, acostumbrado a someter. Enfrente, un Alavés frágil lejos de Vitoria: en sus 17 salidas previas, solo 3 triunfos, 3 empates y 11 derrotas, con 17 goles a favor y 30 en contra, un 1.0 a favor y 1.8 en contra de media fuera de casa.

Sobre ese lienzo se plantaron dos estructuras claras: el 4-4-2 blanco, ya consolidado como el sistema más repetido del curso (14 veces utilizado en la temporada), y un 5-3-2 de Alavés que buscaba resistir, comprimir espacios y sobrevivir al talento diferencial de los de arriba.

Vacíos tácticos y ausencias: lo que no se vio también pesó

El parte de bajas condicionaba las piezas. En el Real Madrid, la portería recaía en Andriy Lunin ante la ausencia de T. Courtois (lesión en el muslo). Rodrygo, fuera por lesión de rodilla, privaba al equipo de una amenaza adicional al espacio y de rotación en el frente ofensivo. R. Asencio se caía por enfermedad, reduciendo aún más las alternativas de banquillo en la zona de tres cuartos.

En Alavés, la zaga llegaba mermada: F. Garces, suspendido, y C. Protesoni (lesión muscular) limitaban las opciones para alternar entre línea de cuatro y de cinco. A. Rebbach, castigado por acumulación de amarillas, restaba creatividad e impacto desde la segunda línea, un déficit sensible para un equipo que ya de por sí sufre para generar.

A nivel disciplinario, el trasfondo estadístico explicaba cierta tensión en el plan de partido. El Real Madrid arrastraba una distribución de tarjetas amarillas muy marcada en los tramos 61-75’ (22.41%) y 76-90’ (18.97%), además de un volumen significativo entre 31-45’ (18.97%). Sus rojas se concentraban especialmente a partir del 91-105’ (28.57%), lo que habla de un equipo que, cuando se ve exigido en finales apretados, roza el límite. Alavés, por su parte, acumulaba el 20.25% de sus amarillas entre el 76-90’ y un 17.72% entre el 91-105’, reflejo de un bloque que suele llegar al límite físico y emocional en los cierres de partido.

Duelo de claves: cazadores y escudos

El “cazador” por excelencia tenía nombre propio: Kylian Mbappé. Con 24 goles y 4 asistencias en La Liga, 97 disparos totales (60 a puerta) y una influencia constante en duelos (234 disputados, 114 ganados), el francés se presentaba como la principal amenaza contra una defensa de Alavés que, en total, encajaba 1.5 goles de media por partido, y 1.8 en sus desplazamientos. Además, Mbappé llegaba con 8 penaltis anotados pero también 1 fallado, un recordatorio de que incluso su fiabilidad desde los once metros no es absoluta.

A su lado, Vinícius Júnior completaba una dupla devastadora: 12 goles y 5 asistencias, 67 tiros (40 a puerta) y un volumen de 179 regates intentados con 81 exitosos. Su capacidad para ganar duelos (179 de 359) y forzar faltas (70 recibidas) convertía el carril izquierdo blanco en un martillo constante sobre la línea de cinco de Alavés.

La estructura del 4-4-2 permitía que el “motor” del equipo, el “engine room”, se articulara en torno a Jude Bellingham, Federico Valverde y Aurélien Tchouaméni. Valverde llegaba con 5 goles y 8 asistencias, 1.678 pases totales y un 89% de precisión, además de 40 entradas y 21 intercepciones: un box-to-box que sostiene el ritmo y cierra transiciones. Tchouaméni, con 60 entradas, 12 bloqueos y 36 intercepciones, más 8 amarillas en la temporada, era el auténtico “enforcer” del mediocampo, encargado de cortar los circuitos hacia Lucas Boyé y Toni Martínez.

En banda derecha, Trent Alexander-Arnold aportaba salida limpia y cambio de orientación, mientras que en la izquierda Álvaro Carreras ofrecía profundidad, sabiendo que su historial disciplinario (ya ha visto roja en la temporada) le obligaba a medir cada entrada. Dean Huijsen, otro de los nombres marcados por las estadísticas (6 amarillas y 1 roja, además de 14 tiros bloqueados como defensa), se erigía en central agresivo, capaz de anticipar pero también de asumir riesgos.

Enfrente, el “cazador” de Alavés era Lucas Boyé: 11 goles y 1 asistencia, 46 disparos (20 a puerta) y una sorprendente aportación defensiva para un delantero, con 33 entradas, 6 bloqueos y 7 intercepciones. Su juego de espaldas y su volumen de duelos (373 disputados, 138 ganados) encajaban con la idea de un equipo que necesitaba salir largo y respirar. A su lado, Toni Martínez añadía 9 goles y 3 asistencias, 67 tiros y 418 duelos disputados (215 ganados), un delantero que mezcla trabajo, juego aéreo y presencia en área.

El 5-3-2 de Alavés, con Antonio Blanco y Jon Guridi por dentro y Denis Suárez como enlace, buscaba filtrar balones a los puntas y, sobre todo, cerrar el carril interior por donde Bellingham y Mbappé suelen castigar. Nahuel Tenaglia y Jonny Otto, como centrales/laterales en la línea de cinco, tenían la misión de frenar las diagonales de Vinícius y las llegadas de Alexander-Arnold.

Diagnóstico estadístico y lectura del 2-1

Si uno cruza el ADN de ambos equipos, el 2-1 encaja con la tendencia numérica. El Real Madrid, con un promedio total de 2.1 goles a favor y 0.9 en contra, suele ganar por márgenes relativamente amplios, pero Alavés, pese a su sufrimiento, mantiene un 1.1 a favor y 1.5 en contra que le permite competir muchos partidos.

La fiabilidad desde el punto de penalti también formaba parte del relato potencial: el Real Madrid había convertido sus 12 penaltis totales esta temporada (100.00% anotados, sin fallos colectivos), mientras que Alavés presentaba 6 de 6. Sin embargo, a nivel individual Mbappé y Vinícius ya habían fallado un penalti cada uno en el curso, un matiz que siempre puede pesar en noches de máxima exigencia.

Tácticamente, el 4-4-2 blanco se impuso a la muralla 5-3-2 más por acumulación de talento que por desajustes groseros de Alavés. La estructura visitante, sin embargo, volvió a exhibir su talón de Aquiles estructural: en sus 17 partidos fuera de casa heading into this game, había encajado 30 goles. Sostener 90 minutos en el Bernabéu contra una delantera con Mbappé y Vinícius, asistida por un Arda Güler que llegaba como segundo máximo asistente de la liga (9 asistencias, 70 pases clave y un 90% de precisión), era casi una misión imposible.

Following this result, el relato que queda es doble: el Real Madrid confirma, una vez más, que su versión de casa es la de un aspirante serio al título, respaldado por números que hablan de dominio sostenido y una pegada que rara vez baja de los 2 goles por noche. Alavés, en cambio, se marcha con la sensación de haber competido, pero también con el peso de una estadística que no perdona: en total, 15 derrotas en 32 jornadas y una fragilidad lejos de Vitoria que le sigue empujando hacia el abismo de LaLiga2.

En el Bernabéu, el 2-1 no fue solo un marcador: fue la confirmación de dos destinos que, a estas alturas de temporada, parecen escritos en idiomas muy distintos.

Real Madrid y Alavés: un duelo que refleja la Liga