Rayan Cherki brilla en el Manchester City
El espectáculo Rayan Cherki ya tiene su número fijo en la cartelera del Manchester City. Quien compra la entrada sabe lo que hay: riesgo, fantasía y la sensación de que en cualquier momento el partido puede romperse en mil pedazos. Enzo Maresca, maniático del control posicional, ha entendido algo básico: a su mago no se le encierra en una jaula táctica. Se le suelta. Y ante Crystal Palace, cuando el duelo aún estaba vivo, Cherki decidió que ya era hora de quedarse con todo.
La segunda temporada del francés en Inglaterra arranca con brillo propio. Venía de revolucionar el choque contra Bournemouth, saliendo desde el banquillo para remontar un 0-1 con dos asistencias. Aquello fue un aviso. Esto, directamente, fue una declaración de intenciones. Dos goles, un repertorio de regates y una jugada para guardar en la memoria: una conducción en zigzag coronada con un toque sutil con el exterior de la zurda, de esos que obligan a preguntarse si uno ha visto algo parecido antes.
Crystal Palace, todavía sin puntos pese a los destellos iniciales del proyecto de Pierre Sage, no encontró antídoto. La defensa se desordenó, el plan se resquebrajó y cada vez que Cherki recibía entre líneas, cundía el pánico. Lo más llamativo llegó después, con el francés rebajando elogios y calificando su primera parte como “tan mierda”. Maresca no compró ese discurso.
“Para mí su rendimiento fue muy bueno, no por los dos goles, sino por cómo trabajó sin balón”, explicó el técnico del City. “Tiene que presionar. Su partido fue completo. Ama el fútbol. Sabemos lo bueno que es. Sabemos la calidad que tiene”.
Y no fue el único en lucirse. Phil Foden manejó los hilos con personalidad y Erling Haaland, ya encendido para la temporada, firmó un doblete contundente. Lo suficiente para que Maresca empiece a ver lejos el tropiezo en la Community Shield. “Sufrimos los primeros cinco, diez minutos porque estábamos presionando de forma incorrecta”, admitió el italiano. “Después de eso tuvimos el control”.
Un City en obras… que ya asusta
Maresca trabaja todavía con un centro del campo a medio construir tras las salidas de Rodri y Bernardo Silva. Ayyoub Bouaddi ya está dentro, 86 millones de libras que hablan del impacto del joven marroquí en el Mundial. Falta otro. El gran objetivo, antes del cierre del mercado el martes, es Enzo Fernández, decidido a salir de Chelsea.
Aun así, nadie se atrevería a decir que al City le falta gente en la sala de máquinas. El técnico, fiel a su fama de ajustador constante, volvió a mover piezas. La prueba con Marc Guéhi en el mediocampo se dio por terminada y el inglés regresó al centro de la zaga frente a su antiguo club. El carísimo Elliot Anderson, 116 millones, actuó como único pivote; Nico O’Reilly se situó muy alto en un 4-1-4-1 agresivo y Josko Gvardiol se metió por dentro desde el lateral izquierdo, como ya hiciera Marc Cucurella con Maresca en Chelsea.
Hay matices al molde de Guardiola, pero la esencia se mantiene. El gol que abrió la tarde, en el minuto 17, llegó por un camino muy conocido: centro desde la izquierda de Antoine Semenyo y Haaland, liberado en el área, cabeceando con sutileza por encima de Dean Henderson.
Palace, que ha vivido un verano inquieto, defendió mal. Sage mantuvo el 3-4-2-1 heredado de Oliver Glasner, pero el once ha perdido piezas clave y otras ni siquiera estaban disponibles. Jørgen Strand Larsen ocupó la punta ante la ausencia del inquieto Jean-Philippe Mateta, fuera unas cuatro semanas. Ismaïla Sarr, decidido a marcharse a Galatasaray, no entró en la convocatoria. Daniel Muñoz se quedó en el banquillo, rodeado de rumores que lo acercan a Nottingham Forest. La zaga ya no cuenta con Maxence Lacroix, traspasado al propio Chelsea. Las grietas eran inevitables.
City olió sangre. Anderson, Semenyo y Foden dispusieron de ocasiones antes del descanso. Sage, pese a todo, defendió la idea: “Visteis cómo queremos jugar hasta el minuto 65”, dijo. “Confiamos en nuestro proceso”.
El plan de Palace se deshace ante el genio de Cherki
La propuesta de Sage es valiente. Adam Wharton, por quien el City ya había preguntado sin éxito, abrió el partido con un pase filtrado para que Eddie Nketiah probara a Gianluigi Donnarumma en el minuto 2. Daichi Kamada rozó el gol y Tyrick Mitchell desperdició un buen cabezazo tras otra acción llena de intención de Wharton.
Faltó colmillo. Nketiah volvió a fallar al inicio de la segunda parte y ahí se torció la noche para Palace. City apretó los dientes. O’Reilly y Foden fueron arriba a morder a Kamada. Foden avanzó, levantó la cabeza y entonces apareció Cherki.
El francés arrancó desde la izquierda, flotando hacia dentro. Cada toque aumentaba el peligro. Se metió en el área rodeado de camisetas rivales. Uno tras otro, los defensores de Palace perdían el equilibrio, incapaces de seguir el ritmo de sus pies. Jaydee Canvot quedó atrás, Chris Richards tampoco logró frenarlo. Por un instante el balón pareció quedarse enganchado bajo sus botas. Lo usó a su favor: escondió el disparo, utilizó el cuerpo de Takehiro Tomiyasu como pantalla y definió con un toque suave, más caricia que punterazo. Henderson se quedó clavado. La pelota cruzó la línea lentamente, casi provocando.
Palace reaccionó al instante. Yéremy Pino lanzó una falta al palo y el balón rebotó en Donnarumma antes de entrar, un gol en propia puerta que devolvía algo de vida a los visitantes. Pero Cherki ya estaba en combustión. En el 59’, desde unos 20 metros, soltó un derechazo que rozó en Richards y descolocó por completo a Henderson. 3-1. Partido encarrilado, sensación de que el City tiene un nuevo dueño para los focos.
Maresca aprovechó para estrenar a Bouaddi, sustituyendo a Anderson. El hambre, sin embargo, seguía intacta. Foden, brillante bajo la atenta mirada de Thomas Tuchel en la grada, vio el desmarque de Haaland y lo habilitó con un pase limpio. El noruego, que ha marcado en sus seis partidos de liga contra Palace, no perdonó. No suele hacerlo.
City se va del encuentro con goleada, con su nuevo director de orquesta desatado y con un mensaje claro al resto de la Premier: incluso con un mediocampo en construcción, el margen de error contra este equipo sigue siendo mínimo. La pregunta ya no es si Cherki encaja en el molde de Maresca. La cuestión es cuánto puede crecer el molde cuando el francés decide romperlo.



