La purga en la FIFA: despido de Kevin Lamour tras desafiar a Infantino
Kevin Lamour no era un burócrata cualquiera en la FIFA. Tan bien considerado estaba en ciertos círculos que el dúo de synth-pop Erasure le puso su nombre a un single mucho antes de que el francés aterrizara en el embriagador mundo de la administración futbolística. Ironías de la vida: hoy su nombre suena por algo muy distinto.
Lamour fue la única voz discordante cuando, el mes pasado, se destapó el plan de Gianni Infantino para vender a inversores privados una parte del Mundial, con el riesgo evidente de hacerlo a precio de saldo. Un proyecto tan a medio hacer que solo sirvió para arruinar las vacaciones de periodistas que, tras semanas de ser ignorados por Infantino en los vestíbulos de hoteles de lujo por toda Norteamérica, soñaban con un respiro.
Entonces, Lamour, todavía director de operaciones de la FIFA, se plantó. Definió la operación como “el proyecto de una sola persona”. Se negó a firmar. Aseguró que la administración había sido “engañada” por Infantino y remató con una frase que sonó a desafío y epitafio: si alzar la voz contra su jefe “significa que pierdo mi trabajo, entonces que así sea. Entenderé y respetaré esa decisión. Al menos dormiré bien esta noche”.
Durante las dos semanas siguientes, cualquiera diría que el francés durmió con un ojo abierto. Pero el resultado fue inmediato: el plan se guardó en un cajón a los pocos días. Este lunes, en cambio, Lamour sí pudo dormir el sueño de los justos… después de recibir su P45 y ser invitado a abandonar la sede por la puerta marcada, metafóricamente, como “Por ahí”.
El comunicado fue frío, casi clínico. “La FIFA puede confirmar que la relación de trabajo entre la FIFA y Kevin Lamour como director de operaciones de la FIFA terminó el 17 de agosto de 2026”, anunció un portavoz. “La FIFA agradece a Kevin sus dos años de servicio y le desea la mejor de las suertes en el futuro. No se harán más comentarios al respecto”.
Nada que sorprenda, tratándose de una organización que ha hecho de la opacidad una costumbre. Si la FIFA no quiere hablar más del asunto, otros sí.
Klaveness dispara: “Gestión mediante el miedo”
Lise Klaveness, presidenta de la federación noruega y eterna piedra en el zapato de Infantino, tardó poco en salir a escena. Ni un paso atrás, como de costumbre.
“Ahora lo echan y se supone que debemos seguir adelante”, estalló. “Es inaceptable, es gestión mediante el miedo”, denunció sobre el trato recibido por Lamour, al que definió como el mejor administrador de fútbol que ha conocido. Y lanzó un mensaje directo a Zúrich: “Ahora también tenemos que pedir a la dirigencia de la FIFA y a la administración que no obedezcan órdenes que saben que no van en interés del fútbol”.
El problema es que la realidad reciente de la FIFA, con el llamado Mundial de la Geopolítica y todo lo que vino después, invita poco al optimismo. Pedir resistencia interna a Infantino suena casi tan factible como pedir a los peces que dejen de nadar.
Las palabras de Klaveness se interpretan, además, como un dardo envenenado hacia el sueco Mattias Grafström, alto cargo de la FIFA y señalado como el ejecutor del despido de Lamour a instancias del propio Infantino, que sigue aferrado al poder como una lapa al casco de un barco.
Grafström intentó vestir de institucional la sacudida en un correo interno al personal: “Los individuos, los momentos inestables y los episodios desafortunados van y vienen”, escribió. “La institución, su misión y su responsabilidad hacia el fútbol mundial continúan”.
La frase suena a consigna de manual. Pero el mensaje de fondo es claro: las cabezas seguirán rodando, la máquina seguirá adelante. Y si hace falta, los despidos continuarán hasta que, paradójicamente, mejore la moral.



