El primer tropiezo de la era Maresca en el City
El estreno serio de Enzo Maresca al mando de Manchester City dejó más ceños fruncidos que certezas. Ante Arsenal, en la Community Shield, el equipo no solo fue inferior, también pareció alejarse del libreto que el técnico italiano había ido dibujando durante el verano.
Los aficionados que siguieron la gira por Asia habían empezado a ver patrones claros, automatismos, una idea reconocible. En Wembley, todo eso se deshilachó. City fue menos que la suma de sus partes. Y eso que sobre el césped arrancaron cuatro de sus mejores futbolistas, recién aterrizados de las vacaciones.
Cuatro titulares “fríos” y un plan que se entendió después
Erling Haaland, Elliot Anderson, Nico O’Reilly y Jeremy Doku aparecieron de inicio pese a haber completado solo unas cuantas sesiones de entrenamiento. Parecía la alineación de un técnico obsesionado con levantar su primer trofeo cuanto antes. Había alternativas más rodadas, más empapadas de la idea de juego, pero se quedaron en el banquillo.
Maresca explicó después que la decisión no tenía tanto que ver con la Community Shield como con la Premier League. Su objetivo: que todos lleguen listos para el debut liguero ante Bournemouth y los primeros partidos del curso. Según el entrenador, la mejor forma de acelerar su puesta a punto era que arrancaran como titulares y retirarlos pronto, en lugar de lanzarlos desde el banquillo en un contexto menos familiar.
“Algunos jugadores prefieren empezar, hacer un calentamiento completo y salir desde el inicio”, argumentó. El plan, detalló, era cambiarlos a los 45 minutos o como mucho a la hora de juego. Traducido: la prioridad no era ganar el título, sino preparar el inicio real de la temporada.
Sobre el papel, puede tener lógica. Sobre el césped, la apuesta salió cara.
Anderson, fuera de sitio; Kovacic, desbordado
El caso de Elliot Anderson fue el más llamativo. Días antes, Maresca había sido cristalino: el exjugador de Forest se siente más cómodo como mediocentro (No.6) o interior (No.8). Sin embargo, ante Arsenal apareció desplazado a la derecha, en una especie de rol flotante que no benefició a nadie.
Anderson dejó un par de destellos desde ese costado, con dos centros muy buenos al área para Haaland y Doku. Pero fueron chispazos aislados. La estructura no le ayudó y, de paso, dejó vendido a Mateo Kovacic, obligado a sostener solo el mediocampo como único pivote. El croata quedó desbordado ante un rival de élite.
La otra gran ausencia fue la de Matheus Nunes. El club lo ha respaldado como lateral derecho titular hasta el punto de frenar la búsqueda de competencia para esa posición en el mercado. Sin embargo, no jugó. En su lugar, Abdukodir Khusanov sufrió, como casi toda la línea defensiva, ante la agresividad de Arsenal.
Ambas decisiones endurecieron la tarde para City y abrieron interrogantes sobre el criterio del técnico. Pero si uno mira lo que Maresca había hecho y dicho antes del domingo, la Community Shield se lee más como una anomalía que como una declaración de intenciones definitiva. Con Anderson en una zona más natural y Nunes reforzando el costado derecho, el equipo debería ofrecer una cara muy distinta.
La reaparición inesperada de Grealish
El otro giro sorprendente llegó tras el descanso. Jack Grealish, que la temporada pasada estuvo cedido en Everton y que no participó en la gira veraniega mientras el club trabajaba en su salida, saltó al campo para disputar la segunda parte.
Sus minutos bien podrían haber servido para consolidar a alguien como Rayan Ait-Nouri, por ejemplo, pero Maresca optó por el internacional inglés. Desde la perspectiva del mercado, el movimiento tiene una lectura clara: cualquier club interesado en el jugador de 100 millones de libras tomó nota de su rendimiento en Wembley. Y eso puede facilitar una operación en las próximas semanas.
¿Aviso de declive o simple desajuste de pretemporada?
Como primer examen de peso, el domingo fue un suspenso. El resultado y, sobre todo, la forma de perder, han disparado juicios contundentes sobre el City de Maresca: dudas sobre su capacidad para transmitir la idea, sobre si su plan alcanzará el nivel necesario para pelear por la Premier League y la Champions League.
Sin embargo, varias de las decisiones que tanto ruido generaron chocan frontalmente con el trabajo previo del italiano. No encajan con la lógica que había mostrado durante la preparación. De ahí la sensación de que puede estar jugando una partida a más largo plazo de lo que permite ver un solo partido en agosto.
La derrota en la Community Shield ha alimentado discursos de urgencia. Pero aislar 90 minutos y elevarlos a categoría de sentencia siempre fue una trampa. La verdadera medida de este nuevo City no llegará en Wembley, sino en los próximos fines de semana, cuando ya no haya excusas de rodaje y cada punto empiece a pesar en la clasificación. Ahí se sabrá si lo del domingo fue un simple borrón o el primer síntoma de algo más profundo.




