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El primer gran examen de Andoni Iraola en Anfield

Anfield verá por fin, este domingo por la tarde, el estreno de la era Andoni Iraola en casa. Será el primer vistazo al nuevo Liverpool, al nuevo banquillo, a nuevas ideas. Pero el foco no estará solo en lo que ocurra con el balón. También, y casi tanto, en lo que suceda en las gradas.

Porque el club no es el único bajo la lupa. La afición también lo está. Y desde hace unos 15 meses, el debate sobre el comportamiento del público de Anfield se ha vuelto tan áspero como el propio rendimiento del equipo.

De los abucheos a un campeón al ambiente tóxico

La línea de tiempo arranca el pasado mes de mayo. Días después de anunciar que se marcharía en verano tras ayudar a conquistar la Premier League, Trent Alexander-Arnold salió desde el banquillo contra Arsenal. Lo recibió una bronca sonora de amplios sectores de la grada.

No fue un episodio menor. Tocó una fibra muy sensible del club. Muchos consideraron que abuchear a un jugador propio chocaba frontalmente con la cultura de Liverpool, y que solo podía perjudicar al equipo. Tres minutos después de la entrada de Alexander-Arnold, con el ambiente enrarecido, llegó el empate rival. La distracción se pagó al instante.

Aquello, sin embargo, fue solo el prólogo. La temporada pasada llevó el malestar a otro nivel. El entonces técnico Arne Slot se convirtió en objetivo recurrente del enfado. El juego era plano, los resultados pobres, y en más de un final de partido el equipo entero se marchó al vestuario entre silbidos. Anfield, ese estadio mitificado por su apoyo incondicional, se volvió un lugar tóxico.

No era algo completamente inédito —en los años setenta y ochenta también hubo momentos puntuales de disenso—, pero lo que antes era una rareza empezó a parecer rutina. Ese cambio de clima pesó en la decisión de Fenway Sports Group de despedir a Slot.

La famosa paciencia de la afición de Liverpool saltó por los aires. Su destitución llegó apenas un año después de haber guiado al club hacia el primer título de liga que los hinchas pudieron celebrar de verdad en 35 años.

Una afición herida y una época sin grises

Todo esto se produce, además, en un contexto emocional delicado. La hinchada todavía arrastra el dolor por la trágica muerte de Diogo Jota. El duelo se mezcla con la frustración deportiva. Y el resultado es una grada más crispada, más extrema.

El comportamiento del público, en realidad, refleja algo más amplio: una sociedad marcada por las redes sociales, por el blanco o negro permanente. O estás dentro, o estás fuera. Arne Slot acabó, claramente, fuera.

Ahora llega Andoni Iraola a ese mismo escenario emocional. Lo que ocurra en los primeros meses de su mandato será revelador. Sobre todo porque todo apunta a que Liverpool encara otro periodo de irregularidad. El equipo arrastra carencias evidentes que todavía no se han solucionado tras una campaña anterior alarmantemente por debajo del nivel esperado.

Un estreno amable… y una verdadera prueba

Los amistosos de pretemporada son otra cosa. Suelen atraer a un público distinto, con muchos aficionados que no pueden permitirse o no logran entradas para los grandes partidos del año. El duelo de este domingo ante Monaco y la visita de Como dentro de siete días deberían ser, en teoría, una fiesta. Una bienvenida a una nueva etapa, no un escaparate de las heridas abiertas.

La auténtica prueba de estrés llegará después. El verdadero termómetro será el debut competitivo de Iraola en Anfield, el 29 de agosto, en la Premier League ante Nottingham Forest. Un rival que, para colmo, ha ganado las dos últimas visitas ligueras al estadio sin encajar un solo gol.

El contexto tampoco ayuda. El partido se jugará a las 12.30, un horario que históricamente enfría el ambiente. Llegará tras un arranque de liga exigente, con visita a Newcastle United en la primera jornada, y apenas unos días antes del cierre del mercado de fichajes. Ese cóctel ofrecerá una imagen mucho más nítida del estado de ánimo del aficionado que pasa por el torno cada quince días.

Un mercado quieto y una paciencia en duda

La inquietud no nace solo del banquillo. El verano avanza y el mercado de fichajes se mueve poco en Liverpool. Faltan refuerzos en posiciones clave, el contraste con las operaciones de los grandes rivales es evidente y el recuerdo de la última temporada es demasiado reciente como para confiar en que todo se arregle sin cambios profundos.

Los dirigentes de Anfield confían en que una parte del salto competitivo llegue desde el propio banquillo, desde el trabajo de Iraola y su cuerpo técnico. Pero el técnico vasco necesita algo más que fe. Necesita respaldo real del club. No por casualidad se apresuró, nada más llegar, a hacer público el tipo de fichajes que considera imprescindibles.

Quedan tres semanas para ese duelo ante Nottingham Forest. Hay margen para que cambien muchas cosas en la plantilla. En realidad, hay cosas que deben cambiar.

Anfield también está a examen

Pase lo que pase en el mercado, hay algo que no depende de una firma ni de una negociación: la actitud de la grada. Anfield tendrá que recuperar el valor de la paciencia. Y, sobre todo, el de la unidad.

Porque este Liverpool no tiene arreglo exprés. No es un proyecto que se pueda recomponer en una noche. Y si el primer gran examen de la era Iraola no se juega con los pies, sino en la reacción del público, la pregunta es inevitable: ¿está preparada la afición de Liverpool para acompañar el proceso… o volverá a dictar sentencia antes de tiempo?