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Preston North End enfrenta un punto de inflexión en su temporada

Preston North End entra ya en una semana que huele a punto de inflexión para toda su temporada.

Puede sonar exagerado tan pronto, apenas unas jornadas dentro del curso, pero el ambiente alrededor del club lleva tiempo enrarecido y el arranque no ha hecho más que alimentar la preocupación. El equipo sigue sin conocer la victoria en 90 minutos tras cinco partidos y mira a todos desde el fondo de la tabla del Championship. Incluso por debajo de un rival que empezó el campeonato con puntos negativos.

El único respiro llegó en la Copa, con un empate agónico y triunfo en la tanda de penaltis ante Huddersfield Town, y ni siquiera fue en Deepdale, sino en Goodison Park. Un alivio menor para una afición que lleva semanas viendo a su equipo sufrir dentro y fuera del césped.

Ventana cerrada, paciencia también

El martes, mientras el mercado echaba el cierre, las miradas en Deepdale se desviaban una y otra vez hacia un palco concreto. Allí, en un palco ejecutivo, se encontraban el CEO de PNE, Peter Ridsdale, y otros dirigentes del club, apurando las últimas horas para cerrar operaciones mientras sobre el césped el equipo caía 3-1 ante Bristol City.

El resultado fue duro. Más aún porque North End, por tramos, jugó mejor que su rival. Pero las sensaciones ya no bastan. Y la derrota, sumada al contexto, pesó todavía más.

Desde ese palco salieron dos movimientos: la llegada de Johnny Kenny, por una cifra cercana a los 3 millones de libras, y la incorporación de Liam Gibbs en calidad de cedido por una temporada. Dos caras nuevas, dos apuestas. Pero el anuncio en el videomarcador, en pleno partido, apenas arrancó una reacción tibia en PR1. El murmullo fue más de escepticismo que de ilusión.

Quizá injusto para los propios jugadores, que aún no han tenido ni un minuto con la camiseta blanquiazul. Pero el clima es el que es. La hinchada esperaba algo más contundente, un golpe sobre la mesa. No lo sintió así.

Mientras tanto, un viejo conocido se quedó lejos de volver. El ex capitán Alan Browne, vinculado a un posible regreso, continúa en Wearside con el Sunderland de la Premier League. Una operación que, en gran medida, escapaba al control de North End, pero que no deja de alimentar la sensación de oportunidad perdida.

Un derbi que pesa más de lo normal

Con la ventana ya cerrada, toda la presión se desplaza al césped. Y ahí aparece el sábado un partido que nunca es cualquiera: el derbi de Lancashire ante Blackburn Rovers. Cada día que pasa, ese encuentro crece en importancia.

La frustración entre los seguidores se acumula. El registro de Paul Heckingbottom al frente de PNE no le sitúa precisamente por encima de sus predecesores recientes. El inicio de temporada no ha servido para reconciliar a los más críticos, y ahora se encuentra ante un Rovers muy mermado por las bajas. Un derbi, en casa, frente a un rival tocado. El tipo de partido que puede cambiar un relato… o endurecerlo.

La realidad es cruda: la grada ya ha emitido un veredicto preliminar. Y cuando una afición se convence de algo, cuesta horrores hacerla cambiar de opinión. Los seguidores de Preston no son una excepción.

Lo que más debería inquietar al técnico no es el enfado, sino la apatía. Ese desinterés que se cuela entre los asientos vacíos y los silencios largos. Entre los comentarios resignados camino del aparcamiento. En Preston, esa apatía ha sido muchas veces el sonido final antes del relevo en el banquillo.

Y con cada derrota que se suma, ese eco suena un poco más fuerte.