Paul Pogba: Renacimiento tras la sanción
Paul Pogba ha vuelto. No es el mismo, y ésa es precisamente la noticia. Después de una sanción por dopaje que lo apartó del fútbol durante 18 meses, el francés ha reaparecido con otra mirada, otro tono, otra relación con el juego que lo convirtió en campeón del mundo.
El excentrocampista de Manchester United y Juventus fue suspendido de forma provisional tras un control aleatorio después del partido inaugural de la temporada 2023-24 del conjunto turinés. Más tarde le cayó una sanción de cuatro años. Un golpe demoledor para cualquier carrera. Esa pena, sin embargo, se redujo a 18 meses en octubre tras una apelación, abriéndole de nuevo la puerta a la élite.
Hoy, con 32 años y un contrato firmado con Monaco, Pogba se presenta como un futbolista en misión. No para recuperar lo perdido, sino para exprimir lo que le queda.
“Estoy agradecido de volver y jugar al fútbol otra vez, después de todo lo que pasó. Veo el fútbol totalmente diferente. Me divierto. Quiero disfrutarlo”, confesó en el podcast Rio Ferdinand Presents, donde repasó sin filtros el periodo más oscuro de su carrera.
Un campeón del mundo, aislado
La sanción no sólo le prohibió competir. Le arrancó de raíz el día a día del futbolista profesional. Pogba no podía entrenarse con Juventus. Ni siquiera pisar las instalaciones.
“He estado fuera dos años. He estado viendo los partidos por televisión. Me quedé en Juventus, en Italia, y ni siquiera se me permitía entrar. Miraba el estadio así cada día con mis hijos diciéndome: ‘Papi, ¿cuándo vas a ir al partido?’”.
La imagen es dura: un campeón del mundo, héroe de Francia en 2018, reducido a espectador desde la distancia, con sus propios hijos preguntándole cuándo volvería a ser protagonista. Para Pogba, ese detalle dolió tanto como la sanción en sí.
“Eso, para mí, fue una de las cosas más grandes”, admitió. No podía disputar ni siquiera partidillos de entrenamiento. Estaba autorizado a trabajar en solitario, pero no a participar en juegos reducidos, no a mantenerse en el ritmo real del fútbol profesional.
“Se me permitía entrenar, pero no se me permitía jugar partidos de entrenamiento para mantenerme fino, para estar listo cuando volviera. Ni siquiera se me permitía ir a los entrenamientos. Tenía que entrenar en mi casa o encontrar algún sitio donde entrenar. ¿Es normal?”, se preguntó en voz alta.
La etiqueta de tramposo, la herida más profunda
Más allá del aislamiento deportivo, hubo algo que le golpeó todavía más: la sospecha. La mirada de quienes lo veían como un tramposo.
Pogba reconoce que lo que más le dolió fue que la gente pensara que era un “drogadicto” del deporte, alguien que había buscado ventaja de forma ilegal. Esa etiqueta, aunque él no la pronuncie así, flotó sobre su nombre durante meses. Y, sin embargo, asegura que todo ese proceso lo ha endurecido.
“Creo que ésa es una de las cosas que más me afectó. Me hizo mejor, como una persona con más experiencia. Una mejor persona también”, explicó. No habla de revancha, sino de aprendizaje. De cicatrices que no se borran, pero que enseñan.
Y añadió una reflexión que suena a advertencia y a confesión al mismo tiempo: “Y para tener cuidado, para no confiar en todo el mundo, ¿sabes? Y ya está. Quiero decir, así es la vida. Es parte de mi historia”.
Nuevo capítulo en Monaco
Ahora, el escenario es otro. El balón vuelve a rodar para él en Monaco, donde ha firmado su regreso a la competición. Ya no es el joven desbordante que deslumbró en Juventus ni el fichaje galáctico de Manchester United. Es uno de los veteranos del vestuario. Y quiere que eso se note.
“Quiero llegar ahora a Monaco con un equipo joven. Soy uno de los más viejos, con la experiencia para ayudar también al equipo y también para disfrutar yo mismo, ¿sabes?”, afirmó. Hay una aceptación clara del paso del tiempo, pero también una determinación: sacar partido de cada minuto.
Pogba insiste en que no piensa vivir anclado en lo que ocurrió: “¿Qué vamos a cambiar? No podemos cambiar. El pasado se ha ido. Sólo podemos vivir el momento”. No hay nostalgia en sus palabras, sino una especie de pragmatismo sereno, el de quien ha tocado fondo y entiende que el único lugar hacia el que se puede mirar es hacia adelante.
La sanción lo apartó de los focos, lo dejó fuera de los estadios que solía dominar y lo obligó a entrenar lejos de todo. Ahora vuelve a escena con un mensaje claro: el Pogba que regresa no es el mismo que se fue. La cuestión, para él y para el fútbol europeo, es qué puede hacer esta nueva versión en los últimos grandes capítulos de su carrera.




