Christopher Nkunku regresa a Leipzig y recupera su esencia
El globo rojo volvió a flotar sobre el Red Bull Arena y, con él, la sensación de que el tiempo se había cerrado en círculo. Christopher Nkunku, otra vez con los colores de Leipzig, celebró como antes, como cuando hacía de la Bundesliga su patio de recreo. Tres años de frustraciones lejos de Alemania parecen haberse evaporado en unas pocas semanas. El francés, ahora cedido por Milan, se mueve como un futbolista liberado.
Su actuación en el reciente 5-0 ante Hamburger SV fue una declaración de intenciones. Gol, liderazgo, influencia en cada ataque. Fue su primer tanto con el club desde la final de la DFB-Pokal 2023 contra Eintracht Frankfurt. Demasiado tiempo sin ver su nombre en el marcador con esta camiseta. Demasiado tiempo sin verle disfrutar así.
Nkunku no esconde que ha regresado para recuperar algo más que minutos: ha vuelto para recuperar sensaciones. «En mi situación, necesito disfrutar del fútbol otra vez, pensar solo en fútbol, jugar partidos y estar en el campo para hacer lo que quiero hacer. Era la mejor opción para mí», explicó en una entrevista con Bulinews.
Habló con el entrenador, con la dirección deportiva, y todos coincidieron en lo mismo: Leipzig era el lugar adecuado para reconstruirse. «En ese momento, era la mejor opción para mí. Cuando hablé con el entrenador y la directiva, todos estábamos convencidos de que esta temporada sería buena para mí y también para el club. No dudamos ni un momento y empujamos para cerrar el acuerdo», añadió.
De la ilusión en Londres al calvario físico
Su gran traspaso a Chelsea en 2023, por unas 52 millones de libras, debía abrir un nuevo capítulo en su carrera. Nuevo país, nuevo reto, nuevo estatus. Pero todo se torció antes de empezar. Una grave lesión de rodilla durante la gira de pretemporada en Estados Unidos lo sacó del mapa durante la mayor parte de su primer año en Stamford Bridge.
El momento no pudo ser peor. Operación al final de la pretemporada, sin poder completarla, sin poder arrancar la campaña junto al resto. Mientras sus nuevos compañeros se conocían en el césped, él lo hacía en la sala de rehabilitación.
«Se trata de timing, porque cuando llegué, todo iba bien. Pero luego tuve que operarme por primera vez al final de la pretemporada. No es un buen momento para un jugador, porque necesitas terminar tu pretemporada. No empecé la temporada con el equipo. Para mí también era un club nuevo, con nuevos compañeros. Cuando estás lesionado, es complicado conocer a tus compañeros», recordó.
Cuando por fin volvió, lo hizo con prisa. Demasiada. Quiso recuperar el tiempo perdido a base de acelerar procesos, de ignorar señales del cuerpo. Y lo pagó.
«Después de eso, quería volver rápido. No escuché a mi cuerpo, porque era joven y quería regresar rápido, jugar y entrenar con la plantilla. Después de eso, tuve muchas pequeñas lesiones, musculares. Así que la primera temporada no fue buena en cuanto a mi estado y a los problemas físicos», reconoció.
Aun así, dejó 18 goles en su etapa en Londres. Números respetables, pero muy lejos de la continuidad que había mostrado en la Bundesliga. Sin ritmo, sin regularidad, sin la sensación de mandar en los partidos como antes.
Serie A, disciplina táctica y frustración
El siguiente paso fue Milan, en 2025. Nuevo país, nuevo fútbol, nuevas exigencias. Nkunku encontró goles, pero no encontró libertad. La Serie A le ofreció rigor táctico, partidos cerrados, poco espacio para la improvisación.
La forma de competir en Italia le pesó. Demasiado orden, poca locura. «En Italia, creo que los equipos juegan para no encajar goles. Es más defensivo. Después de que un equipo marque, es complicado volver a marcar. E incluso el equipo que marca primero no piensa en hacer el segundo. Es muy, muy difícil», explicó.
Su instinto le pedía atacar, romper líneas, vivir cerca del área rival. El contexto le obligaba a pensar primero en proteger su propia portería. «Lo vi el año pasado. Fue muy difícil porque siempre pensaba en ir arriba para marcar, pero tenías que quedarte atrás para proteger tu portería. Por supuesto, si piensas individualmente, estás frustrado. Pero jugamos al fútbol. Es un deporte colectivo, así que tienes que pensar en el equipo, hacer lo que quiere el entrenador y alcanzar el objetivo de la idea», admitió.
Ese choque entre su naturaleza ofensiva y la estructura defensiva del campeonato italiano acabó por empujarle de vuelta a un entorno que conoce y que le conoce. Cuando apareció la opción de regresar a Leipzig, no hizo falta pensarlo demasiado. Sabía lo que se iba a encontrar: un fútbol más abierto, más vertical, más acorde a su talento.
Leipzig como trampolín… y Francia en el horizonte
Hoy, Nkunku vuelve a sonreír. Vuelve a marcar. Vuelve a ser decisivo. Y con cada buen partido en Alemania, una vieja ambición reaparece con fuerza: la selección francesa.
Las lesiones, la falta de continuidad en Chelsea y Milan, y la feroz competencia en su país le han mantenido lejos de las convocatorias regulares. Ahora ve este regreso como el escaparate perfecto para llamar otra vez a la puerta de la élite internacional.
Es consciente de la dimensión del reto. La calidad del combinado francés es enorme, el margen de error, mínimo. Pero también sabe de lo que es capaz cuando encadena semanas sanas y partidos completos. «Por supuesto que es un objetivo. Incluso antes, era un objetivo. Conoces la calidad de la plantilla, y puedo llegar a eso seguro, pero se trata de timing y también de poder jugar partido a partido y ser decisivo», afirmó.
Ahí está la clave: regularidad. Esa palabra que le ha sido esquiva durante tres temporadas. Si el globo rojo vuelve a aparecer muchas tardes en el cielo de Leipzig, la llamada de Francia dejará de ser un sueño distante para convertirse en la consecuencia lógica de un futbolista que, por fin, vuelve a sentirse él mismo.




