Neuer critica la falta de instinto asesino del Bayern tras la Champions
El Allianz Arena se quedó helado. No por el clima de Múnich, sino por la forma en que el Bayern Munich vio escaparse la final de la Champions League. Empate 1-1 ante el campeón de la Ligue 1, pero clasificación para el equipo de Luis Enrique por un global de 6-5. Demasiado castigo para los bávaros en el marcador. Demasiado poco colmillo en las áreas.
Manuel Neuer, capitán y voz de mando, no buscó excusas. Señaló el problema con una frase que pesó tanto como una parada fallida: faltó instinto asesino.
“No tuvimos ese instinto asesino en ataque esta noche”, admitió el guardameta en la zona mixta, todavía con el eco del Allianz en los oídos. Un diagnóstico crudo, directo, que retrata el sentir de un vestuario que se vio “cerca de la final”, como él mismo reconoció, pero incapaz de rematar la obra.
El guion del partido fue cruel. Gol de Ousmane Dembele para los franceses, respuesta de Harry Kane para mantener con vida al Bayern en la vuelta de semifinales. 1-1 en el Allianz, pero el verdadero daño estaba en el acumulado: 6-5 para el conjunto de Luis Enrique, que supo gestionar la ventaja y resistir el empuje final de los de Vincent Kompany.
Neuer no habló de injusticias. Habló de ocasiones desperdiciadas, de momentos que se esfumaron: “Puede que no hayamos tenido tantas ocasiones clarísimas, pero desde luego tuvimos la oportunidad de ganar el partido”. Esa frase destila la frustración de un equipo que, cuando olió sangre, no mordió.
El portero fue más allá en su autocrítica. No se escondió detrás del tópico de la mala suerte: “Si hubiéramos tenido un momento clave y marcado el gol, sería otra historia”. Ese “momento clave” nunca llegó a tiempo. O llegó tarde, como él mismo subrayó: “Por desgracia, nuestro gol llegó un poco demasiado tarde”.
Ahí se concentra la noche del Bayern: siempre a un paso, siempre al borde de la remontada, nunca lo bastante contundente. El Allianz apretó, el equipo lo intentó, pero el coloso alemán careció de esa frialdad quirúrgica que durante años lo convirtió en un especialista en noches grandes.
Mientras Luis Enrique y los suyos celebran el billete a la final, en Múnich queda una pregunta que resuena más fuerte que cualquier cántico: cómo recupera el Bayern ese instinto que antes intimidaba a Europa y que hoy, como reconoció su propio capitán, brilló por su ausencia.



