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El Mundial en su etapa decisiva: Argentina, Ronaldo y Mbappé

El Mundial ha cruzado el umbral en el que cada minuto pesa como una década. Ya no hay margen para corregir, ni tiempo para el ensayo. Argentina defiende su corona ante Egipto en Atlanta, Suiza y Colombia se miden por un billete a cuartos, mientras la competición se sacude con despedidas legendarias, mensajes políticos y una respuesta frontal al racismo.

Argentina–Egipto: la campeona ante el miedo al error

Al mediodía de Atlanta (16:00 GMT), Argentina se asoma a un partido que, sobre el papel, parece escrito. La realidad del Mundial suele tachar favoritos con una facilidad cruel.

El último antecedente entre ambos data de 2008, un amistoso en El Cairo resuelto 2-0 para la Albiceleste con tantos de Sergio Agüero y Nicolás Burdisso. Lionel Messi, lesionado entonces, lo vio desde fuera. Hoy, en cambio, es el eje emocional y futbolístico de una selección que ha hecho de la presión un hábito.

Los números respaldan a los de Argentina con contundencia. El modelo de Opta, tras 25.000 simulaciones, les concede un 69,1% de opciones de ganar en los 90 minutos. El dominio histórico ante selecciones africanas en Mundiales refuerza la sensación de jerarquía.

Pero Egipto no llega como figurante. El mismo algoritmo le otorga un 12,3% de posibilidades de dar el golpe y un 18,5% de probabilidad de forzar la prórroga con un empate. En un torneo que ya ha castigado cada distracción, esa franja de incertidumbre basta para encoger el gesto de cualquiera.

Para los Faraones, es el partido más grande de su historia: un pase a cuartos por primera vez. Para Argentina, es algo más incómodo: la obligación de no fallar.

Suiza–Colombia: equilibrio fino en Vancouver

Horas más tarde, en BC Place, Vancouver (20:00 GMT), Suiza y Colombia se juegan un duelo que huele a prórroga desde la previa, aunque las cifras se inclinen levemente hacia el lado cafetero.

Tres de sus cuatro enfrentamientos previos fueron amistosos. El último, en marzo de 2007, terminó 3-1 para Colombia, con goles de Edixon Perea, Jhon Viáfara y Andrés Chitiva. Aquel partido pertenece a otra era, pero deja una huella: cuando Colombia encuentra ritmo, castiga.

La supercomputadora de Opta se decanta por los sudamericanos: 41,9% de probabilidad de victoria en tiempo reglamentario. Suiza se queda en un 28,2%, mientras que un 29,9% de las simulaciones termina en empate. Prácticamente un tercio de los escenarios empuja el partido al alargue. Nada está cerrado.

Es un cruce que enfrenta la solidez helvética con la energía colombiana. Un error, una transición mal defendida, una pelota parada mal gestionada. El margen es mínimo.

La última función mundialista de Cristiano Ronaldo

Mientras la competición mira hacia cuartos, una de sus figuras más grandes ya se ha bajado del escenario. Cristiano Ronaldo jugó su último partido en un Mundial. Seis ediciones después de su debut, el portugués cerró una trayectoria que lo coloca en la cima de la historia del torneo.

Tras la eliminación de Portugal, el propio Ronaldo lo confirmó: este fue su adiós mundialista. Lo hizo con la sinceridad de quien sabe que no habrá otra oportunidad.

“Estoy triste por dejar el Mundial así. Di todo lo que tenía, hice lo mejor que pude y me voy con la conciencia tranquila. Fue mi último Mundial, sí, pero ahora tendré tiempo para reflexionar y estar con mi familia. No voy a tomar decisiones en caliente”, explicó.

A sus 41 años, evitó, eso sí, aclarar si el partido fue también su último con la selección. No quiso que su futuro personal eclipsara al grupo. El foco, dijo, debía seguir en Portugal. El Mundial, sin embargo, pierde a uno de sus protagonistas más constantes.

El sueño roto de Estados Unidos

La otra cara de la moneda se vio en el rostro de Estados Unidos. El Mundial en casa prometía una aventura larga; acabó en una noche cruel ante una Bélgica implacable.

El 4-1 de los Red Devils fue un golpe seco. Charles De Ketelaere firmó un doblete y dio una asistencia para rematar la ilusión estadounidense y meter a Bélgica en cuartos. El marcador no dejó lugar a interpretaciones.

Las imágenes contaron el resto. Christian Pulisic, en el suelo, dolorido por una lesión de tobillo. Matt Freese, manos en la cabeza tras un error decisivo. Chris Richards desplomado sobre el césped, derrotado más por la frustración que por el marcador. Hasta Mauricio Pochettino, habitualmente contenido, perdió los papeles y descargó su rabia contra un soporte de botellas junto al banquillo.

“Apesta”, resumió Tyler Adams. “Era un momento para tener la oportunidad de avanzar y realmente intentar hacer algo especial. Nos quedamos cortos”.

Ni siquiera el regreso de Folarin Balogun, habilitado tras la controvertida decisión de la FIFA de levantarle la sanción por roja, cambió el destino. Dos errores defensivos en la primera parte pusieron el partido cuesta arriba. Un fallo de Freese en la segunda mitad terminó por sentenciarlo. El Mundial no perdona la fragilidad atrás.

Hossam Hassan y un mensaje que trasciende el césped

En la otra orilla del torneo, Egipto se prepara para su cita con la historia mientras su seleccionador, Hossam Hassan, utiliza el altavoz del Mundial para algo más que hablar de táctica.

En la rueda de prensa previa al cruce con Argentina, el técnico aparcó el análisis futbolístico y dedicó más de cuatro minutos a un mensaje sobre la situación del pueblo palestino. Ya había mostrado su postura en el césped, ondeando una bandera palestina tras la victoria ante Australia en la ronda anterior.

“Si hay alguien en el mundo que no siente por el pueblo palestino, entonces no es humano, sea árabe, europeo o americano”, dijo, visiblemente emocionado.

Hassan comparó la reacción global ante el sufrimiento civil en Gaza con la sensibilidad hacia el bienestar animal, subrayando que jamás debería normalizarse que miles de personas pierdan la vida en un solo día.

Sus palabras llegan justo cuando Egipto encara el partido más grande de su historia futbolística. El contexto político y humano se cuela inevitablemente en la narrativa de un equipo que, pase lo que pase ante Argentina, ya ha dejado una huella distinta en este Mundial.

Mbappé responde al racismo y defiende a Paraguay

En otro frente, Kylian Mbappé decidió que no bastaba con ganar sobre el césped. El capitán de Francia respondió con dureza a los comentarios racistas de la senadora paraguaya Celeste Amarilla tras el duelo de octavos entre Paraguay y la selección francesa.

Amarilla publicó en X un largo mensaje cargado de insultos racistas, en el que calificó a Mbappé como un “camerunés colonizado, desesperado por hacerse pasar por francés” y lo describió como una “bestia” que no había aprendido a escribir. Incluso afirmó que los jugadores paraguayos deberían haberle abofeteado después del partido.

Mbappé contestó con una declaración contundente en la misma red social, defendiendo tanto su propia dignidad como la de los futbolistas paraguayos.

“Madame Celeste Amarilla, usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo. Usted no representa a Paraguay, ese país que ha sudado pasión y honor durante toda la competición”, escribió el delantero, denunciando que, por culpa de su racismo, el mundo había dejado de hablar del esfuerzo histórico de la selección paraguaya para centrarse en la imagen de una política que ofrecía la peor cara de su país.

El francés remató asegurando que no permitirá que personas como ella propaguen odio y racismo por el mundo.

Paraguay cayó eliminada, Francia avanzó a cuartos y se medirá a Marruecos el jueves. Amarilla, tras el aluvión de críticas, borró sus publicaciones y emitió una carta abierta a Mbappé, en la que dijo lamentar haber utilizado insultos que ella misma había sufrido como persona mestiza.

El Mundial avanza hacia sus noches más decisivas entre goles, lágrimas y decisiones tácticas. Pero también entre discursos, símbolos y respuestas firmes ante el racismo. La pregunta ya no es solo quién levantará la copa. Es qué tipo de huella dejará este torneo cuando la última luz del estadio se apague.