logo

Mundial 2023: Semifinales y Duetos Épicos

Y quedaron ocho. Después de 96 partidos en 27 días, este Mundial desbordado de giros inesperados entra en la zona donde ya no hay red de seguridad: solo pesos pesados, solo noches grandes, solo margen para la excelencia… o el adiós.

En los próximos tres días se juegan cuatro plazas de semifinalista. Hay revancha mundialista, choque de estilos, viejas heridas europeas y un campeón que camina al borde del abismo desde que empezó la fase de eliminatorias. Cada cruce cuenta una historia distinta. Algunas ya las conocemos. Otras están a punto de escribirse.

1. Francia vs. Marruecos, 9 de julio

La semifinal de Qatar vuelve a escena, pero con otro reparto y otro contexto. Entonces, Francia ganó 2-0 en un partido duro, cerrado, en el que la jerarquía pesó más que el brillo. Hoy, la sensación es parecida: los franceses llegan como gran favorito del torneo, pero Marruecos ya demostró que no se achica ante nadie.

Kylian Mbappé sigue siendo el faro del ataque francés, escoltado por Ousmane Dembélé. A su alrededor, una nueva generación se asoma a la élite mundial: Michael Olise, Désiré Doué y Bradley Barcola pisan por primera vez este escenario con olor a historia. No juegan como veteranos, pero tampoco como debutantes asustados.

Marruecos, por su parte, mezcla memoria y renovación. Regresan piezas clave del ciclo anterior como Achraf Hakimi, el portero Yassine Bounou y el incansable Azzedine Ounahi en el medio. A ese esqueleto se le han sumado el talento de Brahim Díaz y la frescura de Ayyoub Bouaddi, mediocampista de 18 años que ya se comporta como si llevara una década en la selección.

El guion apunta a otro duelo apretado, con dos equipos capaces de marcar más de un gol y de cambiar el ritmo del partido en cuestión de segundos. Francia tendrá más balón, más recursos, más profundidad de banquillo. Marruecos, en cambio, tiene la convicción de quien ya se ha cargado gigantes y sabe sufrir sin perder el orden.

La gran incógnita está arriba: Ismael Saibari, que se marchó lesionado en la victoria de octavos ante Canadá, podría no llegar. Su ausencia le quitaría colmillo al ataque marroquí y puede ser el detalle que desequilibre una eliminatoria que, por calidad y carácter, promete irse al límite.

2. Inglaterra vs. Noruega, 11 de julio

Erling Haaland y Noruega han convertido su regreso al Mundial en una gira de rock. Veintiocho años después de su última presencia en cuartos, el equipo nórdico se planta en Estados Unidos con la sensación de estar viviendo algo irrepetible. Y en Miami le espera un escenario ideal: clima abrasador, estadio lleno y una Inglaterra que viene de un subidón emocional.

El morbo está servido en la pizarra defensiva inglesa. Es muy probable que tres excompañeros de Haaland en Manchester City —Marc Guéhi, John Stones y Nico O’Reilly— formen la línea encargada de frenarlo. Conocen sus desmarques, sus gestos, sus manías. Otra cosa es que logren apagarlo durante 90 minutos.

Noruega, sin embargo, no es solo Haaland. El peso creativo de Martin Ødegaard, el despliegue de Sander Berge y la electricidad de Oscar Bobb, viejo conocido también del entorno City y ahora en Fulham, le dan al conjunto escandinavo una estructura mucho más rica de lo que su fama de equipo directo sugiere.

Inglaterra llega con la autoestima disparada tras su remontada ante México. No fue solo calidad: fue carácter, fue negarse a caer cuando todo parecía perdido. Ahora el reto será distinto. Tendrá más balón, más iniciativa y menos espacios. Necesitará imaginación para romper el bloque noruego y paciencia para no desesperarse si el gol tarda en llegar.

El riesgo está en la otra dirección. Cada pérdida, cada transición mal defendida, puede convertirse en un contraataque lanzado por Haaland, el tipo al que nadie quiere ver correr de cara al área. El partido huele a ajedrez, a detalles mínimos, a una o dos acciones que definan el pase. Y ahí, el margen de error se reduce a cero.

3. Argentina vs. Suiza, 11 de julio

Argentina parece empeñada en vivir este Mundial al borde del colapso. Primero, una victoria en la prórroga ante Cabo Verde. Después, una remontada monumental contra Egipto. El campeón avanza, pero lo hace a base de pulsaciones disparadas, partidos al límite y la sensación constante de que cualquier resbalón puede ser el último.

Ahora llega Suiza, un rival que, sobre el papel, plantea más problemas que los dos anteriores. No tiene la camiseta pesada de las grandes potencias, pero sí un plantel lleno de futbolistas acostumbrados a la máxima exigencia en las grandes ligas europeas. Y un historial reciente que avisa: ya dejó fuera a Francia e Italia en la Eurocopa de esta década. No se impresiona con los himnos.

La solidez defensiva suiza está preparada para, al menos, incomodar a Lionel Messi y compañía. Cerrar líneas de pase, reducir espacios entre centrales y mediocentros, obligar a Argentina a circular más lento y más lejos del área. No será sencillo desarmar ese bloque.

La gran duda está en el otro arco. ¿De dónde saldrán los goles de Suiza? Breel Embolo tiene capacidad para aparecer en los momentos clave, para ganar duelos en el área y castigar cualquier despiste. Un posible regreso a plena forma de Johan Manzambi sería un impulso enorme para el frente ofensivo, una pieza más para estirar la defensa albiceleste.

Argentina está a dos victorias de volver a la final y defender la corona de 2022. Lo sabe el vestuario, lo siente la grada. Pero cada paso parece más empinado que el anterior. Y Suiza, discreta, ordenada, llega dispuesta a convertir este camino en una auténtica cuesta arriba.

4. España vs. Bélgica, 10 de julio

Cinco partidos, ningún gol encajado. España ha construido su candidatura desde el control absoluto del balón y del ritmo, asfixiando a sus rivales hasta dejarlos sin aire ni ideas. No es solo posesión; es dominio territorial, es minimizar riesgos, es llevar el partido al terreno donde se siente invencible.

Lo llamativo es que el foco ofensivo no ha pasado todavía por Lamine Yamal. El extremo de 18 años de Barcelona aterrizó en el torneo sin estar al cien por cien físicamente, pero su sola presencia obliga a las defensas a replegarse un paso más, a dudar, a abrir huecos que otros aprovechan. Mikel Oyarzabal, con cuatro tantos, se ha convertido en el ejecutor más fiable, acompañado por un reparto coral que suma desde segunda línea.

Da la impresión de que la selección española aún guarda una marcha más en ataque, especialmente si Yamal consigue dar un salto en protagonismo y Nico Williams, tocado físicamente, logra tener un impacto mayor. Si eso ocurre, el equipo puede transformarse en algo todavía más difícil de contener.

Enfrente, una Bélgica que ha vivido dos torneos en uno. Titubeante en la fase de grupos, explosiva después: 12 goles en sus últimos tres encuentros. El giro hacia un once más atlético y dinámico se notó especialmente ante Estados Unidos, donde encontró profundidad, ritmo y pegada.

El golpe duro llegó con la lesión de Amadou Onana, que sufrió una rotura de ligamento cruzado anterior en ese partido. Su baja deja un agujero en el centro del campo belga, tanto en físico como en presencia táctica. Esa circunstancia puede precipitar el regreso de Kevin De Bruyne, ausente en el triunfo de octavos, para asumir el timón creativo desde el inicio.

Rudy Garcia tendrá que decidir también qué hacer con Jeremy Doku y Romelu Lukaku: si devolverlos al once o reservarlos como armas de impacto desde el banquillo. Con un cruce que apunta a cerrado, con opciones reales de alargarse hasta la prórroga, gestionar los cambios puede ser tan decisivo como el planteamiento inicial.

España quiere seguir blindada atrás. Bélgica, en plena racha goleadora, pretende romper ese muro. Entre la paciencia de unos y la verticalidad de otros se esconde una semifinal. Y quizá, la verdadera medida de hasta dónde puede llegar cada generación.