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Mike Dean defiende su integridad arbitral tras polémica

Mike Dean, uno de los árbitros más reconocibles de la historia reciente de la Premier League, salió al paso de las críticas después de admitir que, durante algunos partidos, se ponía “juegos” personales como reto, entre ellos ver cuánto tiempo podía estar sin pitar una falta.

El excolegiado, que dirigió más de 550 encuentros de Premier League antes de retirarse en 2022 y que ejerció como árbitro de VAR una temporada más, se vio obligado a matizar sus palabras tras el revuelo generado por sus declaraciones en el podcast “Jamie Vardy's Having A Party”.

En esa charla, Dean relató en tono distendido cómo se desafiaba a sí mismo para dejar jugar lo máximo posible sin usar el silbato y cuánto tiempo podía permanecer dentro del círculo central sin necesidad de moverse de allí. Una anécdota que, lejos de quedar como simple broma, encendió las alarmas.

El exárbitro Mark Halsey y otros antiguos colegiados consideraron que esos comentarios ponían en duda la integridad del colectivo arbitral en Inglaterra. La crítica fue directa: si un árbitro se marca “juegos” durante un partido de élite, ¿qué pasa con la imparcialidad y el rigor?

Dean respondió con un mensaje firme en Instagram, decidido a frenar cualquier sospecha.

“Durante mis 25 años como árbitro profesional, siempre apliqué las Reglas de Juego lo mejor que pude”, escribió.

Reivindicó su estilo: dejar fluir el juego, permitir el contacto físico dentro de un umbral alto, algo que, según él, los propios futbolistas valoraban. Pero subrayó que, cuando veía una falta que requería intervención, actuaba desde la posición correcta y sin dudar.

Quiso dejarlo claro: “En ningún momento fue mi intención cuestionar, criticar o socavar la integridad del arbitraje en este país. Siempre he respetado la profesión y la responsabilidad que conlleva ser árbitro”.

Dean reconoció que esos retos personales los probó “unas cuantas veces en la Premier League” y precisó que ocurrieron antes de la implantación del VAR. Entre ellos, el ya famoso experimento de quedarse en el círculo central todo lo posible.

“Eso era solo una broma mía”, añadió, intentando rebajar la tensión.

El debate, sin embargo, ya está abierto: en una era en la que cada decisión arbitral se revisa al milímetro, ¿cuánto margen queda para la personalidad del árbitro antes de que se ponga en tela de juicio todo el sistema?