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Paul Merson critica a Chelsea por sancionar a Enzo Fernández

Chelsea salió del Etihad con un 3-0 que dolió más por la sensación que por el marcador. Compitió durante 45 minutos ante el Manchester City de Pep Guardiola, mantuvo el tipo, se fue al descanso vivo. Después, desapareció. El equipo se desmoronó en cuanto el campeón apretó un poco más. Y en medio de ese derrumbe, Paul Merson señaló un nombre ausente: Enzo Fernández.

Un castigo que Merson no entiende

El club decidió suspender al argentino dos partidos por unas entrevistas que no gustaron nada en la directiva. No fue un castigo de la FA, fue una sanción interna. Y para Merson, esa decisión roza lo absurdo.

En su columna en Sky Sports, el exjugador del Arsenal fue directo al corazón del asunto: ¿cómo se explica que un equipo en plena pelea por la Champions se prive voluntariamente de su mejor pasador en un partido de este calibre?

Merson no se anduvo con rodeos: para él, Chelsea se disparó en el pie. Enzo es el futbolista que puede dar salida, que puede encontrar al compañero libre, que puede enfriar o acelerar un partido. Justo lo que el equipo necesitaba cuando City subió revoluciones tras el descanso. Justo lo que no tuvo.

Mientras el City olía sangre, Chelsea buscaba una salida limpia desde atrás y no la encontraba. El balón quemaba en los pies de sus centrocampistas. La decisión de dejar a Enzo en la grada se hizo cada vez más pesada, casi simbólica, a medida que el marcador se abría.

Caicedo y Santos, desbordados

Sin Enzo, el foco se posó en Moisés Caicedo y Andrey Santos. Y la foto no fue buena. Aguantaron en la primera parte, protegidos por un bloque más compacto y un City algo más contenido. Tras el descanso, cuando el partido se convirtió en un ejercicio de supervivencia, ambos quedaron expuestos.

Chelsea apenas consiguió hilar ataques con sentido desde el centro del campo. El equipo no encontraba líneas de pase, no conseguía salir limpio, no podía respirar. Cada recuperación parecía durar un suspiro. Cada pérdida, una invitación a otro asedio celeste.

En ese contexto, la ausencia de Enzo se volvió clamorosa. No solo por su calidad técnica, sino por personalidad. Por la capacidad de pedir la pelota en zonas incómodas y darle forma a una jugada cuando todo alrededor tiembla.

Neville apunta a otros culpables

El debate alrededor de Enzo no se limita a su sanción. Gary Neville, también en Sky Sports, ha sido bastante más crítico con el argentino desde hace tiempo. Para el exdefensa del Manchester United, si Chelsea termina fuera de los puestos de Champions, parte de la responsabilidad recaerá sobre Fernández y Marc Cucurella.

Neville no olvida que Cucurella también concedió una entrevista muy dura con el club, algo que, según él, solo ha añadido ruido a un vestuario ya agitado. Entre sanciones internas, declaraciones cruzadas y resultados irregulares, la sensación es de un club que se complica la vida solo.

Mientras tanto, el calendario no espera. La derrota del Manchester United ante el Leeds United abrió una pequeña ventana para Chelsea. Si los de Stamford Bridge vencen este fin de semana al equipo de Old Trafford, la diferencia se reducirá a cuatro puntos. La carrera por la Champions sigue abierta, pero cada tropiezo pesa más que el anterior.

Un castigo que también hiere al equipo

La lectura es sencilla: al no permitir que Enzo jugara contra el City, Chelsea terminó castigándose a sí mismo. Un partido de este nivel, ante un rival que domina los registros tácticos y emocionales de la Premier, exige a tus mejores futbolistas sobre el césped.

Una sanción económica y dejar al argentino fuera de un duelo de Copa, por ejemplo, habría sido un mensaje contundente sin debilitar al equipo en uno de los partidos más exigentes del curso. El club, con Liam Rosenior en el banquillo, decidió ir un paso más allá. El resultado fue un centro del campo superado y una derrota que alimenta las dudas.

Hay un matiz que nadie pierde de vista: con el nivel que mostró el City en la segunda parte, quizá ni el mejor Enzo habría cambiado el desenlace. Incluso se desliza la idea de que ni un Lionel Messi en plenitud habría podido salvar a los blues del vendaval.

Pero esa no es la cuestión que sobrevuela Stamford Bridge hoy. La pregunta es otra, mucho más incómoda: ¿puede un club que se juega su futuro europeo permitirse el lujo de prescindir, por decisión propia, de uno de sus pocos futbolistas capaces de cambiar partidos?

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