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De Martínez 26 a Martínez 1: el cambio de dorsal en Chelsea

Emiliano Martínez apenas había aterrizado en Stamford Bridge, traspasado desde Aston Villa por 7,5 millones de libras, cuando pidió algo muy concreto: el dorsal 26. No era un número cualquiera. Era el número de John Terry. Y el argentino lo estrenó a lo grande, en un debut frenético que terminó con victoria de Chelsea por 4-3 ante Brighton.

Parecía el comienzo de una nueva era para el “26” en el Bridge. Duró apenas unos días.

La salida de Robert Sánchez, cedido a Como en el último día de mercado, dejó libre un trono que en cualquier vestuario pesa: el 1. Y Martínez no dudó. Cambio inmediato. De la herencia de Terry al dorsal clásico de los porteros.

Chelsea ya ha oficializado el movimiento y lo ha acompañado con un guiño directo a la grada. Los aficionados que compraron la camiseta “Martinez 26” en la megastore oficial del club o en la web podrán llevarla a Stamford Bridge antes del 4 de octubre, con el comprobante de compra, para que el nuevo guardameta titular la firme en persona. Un pequeño gesto para desactivar el enfado de quienes apenas habían estrenado camiseta… y ya se han quedado con un número “antiguo”.

El guiño a Terry… y un giro de guion

El cambio de dorsal llega justo después de que el propio Martínez contara públicamente cómo pidió la bendición de John Terry para usar su legendario 26. No era una elección caprichosa: ya lo había llevado en una cesión anterior y se sentía cómodo con ese peso simbólico en la espalda.

“John fue alguien con quien hablé antes de venir, y me dijo que estaba encantado de tenerme aquí”, explicó el argentino. “La mañana que firmé, le mandé un mensaje y le dije: ‘Voy a llevar tu camiseta, y lo voy a hacer con orgullo’”.

Terry respondió con entusiasmo. No solo dio luz verde al dorsal, también elevó el fichaje a la categoría de golpe maestro. “Si pudiera elegir a cualquier portero del mundo, él estaría muy arriba para mí”, afirmó el ex capitán de Chelsea. “Lo fichamos en Aston Villa desde Arsenal y estuvo increíble. La confianza que transmite, la forma en que entrena, la influencia que tuvo en el grupo, la mentalidad es increíble”.

Para Terry, ver a un portero con el carácter de Martínez hacerse cargo de su número era casi una cuestión de principios. “Se queda con el 26, sí, le hemos dado el visto bueno”, dijo. “¿Sabes por qué? Porque le encanta dejar la portería a cero tanto como a mí cuando llevaba el 26”.

Ahora, esa conexión sentimental queda en segundo plano. El argentino cambia el 26 por el 1 y se coloca en el centro del proyecto como dueño indiscutible del arco.

Un número pesado y una historia que se resiste

Desde la retirada de Terry, el 26 ha sido un número incómodo en Chelsea. Kalidou Koulibaly lo lució brevemente en su paso por Londres. Después lo tomó el canterano Levi Colwill, solo durante una temporada, antes de cambiar al 6. Nadie ha logrado asentarse de verdad con esos dígitos a la espalda.

Martínez, en cambio, decide romper con la tradición y abrazar el dorsal que marca jerarquía en cualquier plantilla. El 1 no deja lugar a interpretaciones: es el titular, el que manda en el área, el que no se esconde.

Y el contexto deportivo le da la razón. Con Sánchez fuera a préstamo, el argentino se ha afianzado como primer portero en un equipo que necesita estabilidad desesperadamente tras su caótica victoria ante Brighton. Chelsea busca impulso, continuidad, resultados. Y lo hará con Martínez como referencia bajo palos, ya sin intermediarios ni dudas numéricas.

Regreso al Emirates, con otro número y la misma mirada

El estreno del nuevo dorsal no será un trámite cualquiera. Martínez lucirá por primera vez el 1 de Chelsea en un escenario cargado de historia personal: el Emirates Stadium, ante Arsenal, su antiguo club.

La ironía es evidente. En el norte de Londres, el argentino fue durante años “el 26”. Ahora vuelve como líder de otro gigante, con el 1 en la espalda y un rol muy distinto al que tuvo en su etapa gunner.

El viaje de Martínez lo ha llevado de suplente paciente a campeón del mundo y fichaje estrella en Stamford Bridge. El número ha cambiado. La exigencia, también. La pregunta es clara: ¿cuánto tiempo tardará en convertir ese 1 en un símbolo propio en el Bridge?