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Maresca inicia la era post-Guardiola con triunfo agónico y Cherki

La primera noche del Manchester City sin Pep Guardiola terminó como tantas otras con él: con un rugido tardío en el Etihad Stadium. Enzo Maresca debutó en la Premier League con un 2-1 agónico ante Bournemouth, resuelto en el descuento y sostenido por un cambio que lo cambió todo: la entrada de Rayan Cherki.

Durante muchos minutos, el campeón pareció un equipo desorientado, todavía aturdido por el 3-0 encajado ante Arsenal en la Community Shield y por la sombra alargada de una década gloriosa bajo Guardiola, coronada con 20 títulos y seis Premier League. La nueva etapa empezó con dudas, pases sin filo y una defensa que concedía más de la cuenta.

Bournemouth olió la fragilidad y golpeó. En la primera parte, Marcus Tavernier silenció el estadio con el 0-1, premiando el plan valiente del conjunto visitante. El City atacaba sin ritmo, defendía sin sincronía y el murmullo en la grada crecía con cada minuto que se escapaba.

Maresca, inquieto en la banda, buscó una chispa. La encontró en el banquillo.

La entrada de Cherki cambió el pulso del partido. El francés pidió el balón, giró, arriesgó. Y el City, por fin, se encendió. Con seis minutos por jugarse, el centrocampista francés sirvió un balón perfecto para que Marc Guehi, imperial en el salto, firmara el 1-1 de cabeza. El Etihad despertó de golpe.

La presión ya era asfixiante cuando llegó el desenlace. En el tiempo añadido, otra aparición de Cherki, otro servicio con veneno y Josko Gvardiol, frío en el área, cruzó el remate para el 2-1 definitivo. Estallido de alivio. Y un mensaje: el City aún sabe ganar cuando juega mal.

Maresca no escondió la importancia de su revulsivo: “El impacto fue increíble, es ese tipo de jugador. Me gusta Rayan, se lo dije también después del partido”, admitió, antes de recordar que había tenido que gestionar un once con varios futbolistas que regresaron tarde de sus vacaciones. La victoria no borra las dudas, pero sí le concede algo de aire en un estreno cargado de presión. Guardiola también había arrancado su ciclo con un triunfo ajustado en casa, ante Sunderland en 2016. El italiano se agarra a ese paralelismo.

La sensación, sin embargo, es clara: si el City quiere seguir el ritmo del vigente campeón, tendrá que ofrecer algo más que una remontada tardía y destellos aislados.

Szoboszlai rescata a Iraola en un debut turbulento con Liverpool

En St James’ Park, la otra gran historia del día tuvo un tono muy distinto. Andoni Iraola se estrenó al frente de Liverpool con un 2-2 agónico ante Newcastle, salvado en el último suspiro por Dominik Szoboszlai, pero marcado por viejos fantasmas defensivos.

El técnico vasco aterriza como rostro visible de una reconstrucción profunda: el despido de Arne Slot en pretemporada, la salida de Mohamed Salah rumbo a Trabzonspor y la entrada de un nuevo grupo inversor encabezado por Jeff Bezos han sacudido los cimientos del club. El primer paso de esta nueva era fue todo menos cómodo.

Newcastle atacó donde más duele a este Liverpool: la zaga. Anthony Elanga abrió el marcador en la primera parte, castigando una estructura defensiva que ya le costó caro al equipo la temporada pasada. Tras el descanso, Cody Gakpo apareció pronto para firmar el 1-1 y dar aire a Iraola, que pedía intensidad desde la banda.

El alivio duró poco. Joe Willock, en su primer gol en Premier desde 2024, devolvió la ventaja a los locales y reavivó las dudas sobre la solidez de un Liverpool que sigue concediendo demasiado. Cuando el tiempo se agotaba y el debut del técnico español se encaminaba a la derrota, llegó el giro final.

En el descuento, Victor Muñoz cayó en el área tras un contacto con Lewis Hall. El árbitro señaló penalti. Matthais Jaissle, nuevo entrenador de Newcastle, lo definió después como “un penalti muy blando”, pero la decisión ya no cambiaría. Szoboszlai se plantó frente al punto de cal, soportó la presión y ajustó el disparo para el 2-2 con la última acción del partido.

Iraola, entre la frustración y el alivio, se quedó con la reacción de su equipo: “Es el resultado que quieres, marcar en el último minuto. Valoro que los jugadores nunca se rindieron”, apuntó. También dejó claro que el partido le dejó heridas: habló de ocasiones desperdiciadas, de jugadas que no se terminan y de un Newcastle que castigó a la contra cuando Liverpool no se atrevió a finalizar.

La sensación es doble: carácter para no caerse, pero demasiadas grietas atrás para un proyecto que aspira a competir desde ya.

Brighton destroza a una Aston Villa en desbandada

El tercer golpe del día lo dio Brighton. Un 4-0 contundente ante una Aston Villa desmantelada, campeona de la Europa League pero irreconocible en el Amex Stadium, dejó una imagen preocupante del equipo de Unai Emery.

La lista de salidas en Villa Park desde el final de la pasada temporada ha vaciado el vestuario de referentes y, sobre todo, de gol. El equipo se presentó sin un ‘9’ puro, en medio de los rumores sobre el futuro de Ollie Watkins. El delantero inglés y el guardameta argentino Emiliano Martínez ni siquiera entraron en la convocatoria, mientras se multiplican las informaciones que los sitúan siguiendo el camino de Ezri Konsa, Youri Tielemans, Lucas Digne y Morgan Rogers hacia la puerta de salida.

Brighton no tuvo piedad. Primero, un desastre defensivo de Victor Lindelof terminó en un gol en propia puerta que abrió la brecha. Poco después, Maxim De Cuyper aprovechó un balón suelto en el área para empujar el 2-0 y encaminar la goleada.

Lo que vino después fue el show de Jack Hinshelwood. En apenas dos minutos, el joven futbolista firmó un doblete que destrozó cualquier atisbo de reacción visitante. Dos zarpazos seguidos, dos golpes que dejaron a Villa aturdida y sin respuestas.

Para Emery, el panorama se oscureció todavía más justo antes del descanso: Joao Gomes vio la tarjeta roja en su debut liguero, dejando a su equipo con diez y sin margen para soñar con una remontada imposible.

Brighton celebró una victoria rotunda. Aston Villa, en cambio, se marcha del sur con una pregunta incómoda: cuántas piezas más puede perder antes de que el proyecto deje de sostenerse.