Maresca y el desafío tras la derrota ante Arsenal
Enzo Maresca llegó a Wembley hablando de “cerrar la brecha” con Arsenal. Salió con un 0-3 en contra, una defensa hecha jirones y la sensación de que el abismo, ahora mismo, va en dirección contraria.
El Community Shield no decidirá la temporada de Manchester City, pero sí encendió todas las alarmas. Mikel Arteta y los suyos desnudaron a los campeones de la Premier League: desorganizados atrás, sin sostén en el centro del campo, sin una voz clara que mandara en los momentos críticos. Un equipo partido en dos.
Un City incompleto y un golpe a destiempo
A menos de una semana del inicio liguero, City parece un proyecto a medio hacer. Maresca lo admitió con naturalidad tras el encuentro: “Tenemos bastante claro lo que necesitamos hacer y seguro que vamos a hacer algo antes de que cierre el mercado”. Horas después se confirmó la salida de Rodri rumbo a Barcelona. No era precisamente ese “algo” lo que tenía en mente.
La confianza del club en el técnico italiano es firme; un tropiezo en el Community Shield no va a tambalear el proyecto. Pero la forma de la derrota obliga a una reflexión profunda. ¿Tiene Maresca las piezas adecuadas para el sistema que quiere imponer? Lo visto ante Arsenal apunta a un no rotundo.
City tuvo más balón, más pases, más posesión en campo rival. De poco le sirvió. El once de Maresca estaba repleto de talento ofensivo, de futbolistas creativos y goleadores, pero todos se apagaron. El dato es demoledor: 200 pases más en campo contrario que Arsenal para generar solo una ocasión clara, por cuatro de los de Arteta. La única, desperdiciada por Erling Haaland.
El contexto ofrece alguna coartada. Nico O’Reilly, Elliot Anderson y el propio Haaland apenas llevaban unos días de vuelta tras el descanso post-Mundial. Se notó. Ninguno de los tres fue determinante, aunque su bajo rendimiento, con matices evidentes, no es lo que más preocupa a Maresca.
Un equipo partido y un plan que no cuaja
El verdadero problema está en la estructura. City jugó como once islas. Las líneas desconectadas, el equipo alargado, Arsenal corriendo entre huecos como si el partido fuera un ejercicio de entrenamiento.
El rol de Mateo Kovacic como “rotador” central no funcionó. Tampoco la idea de que O’Reilly se metiera por dentro para formar ese 3-2 en la salida que tanto le gusta a Maresca. Sobre el papel suena coherente. Sobre el césped fue un regalo.
Cada vez que O’Reilly abandonaba su carril, dejaba una autopista para Noni Madueke. Ben White llegó a parecer extremo por momentos. El joven de 21 años tiene condiciones para brillar por dentro, eso es indiscutible, pero se vio superado por la jerarquía y la inteligencia de los centrocampistas de Arsenal. Hoy por hoy, no puede hacer lo que hacía Bernardo Silva. Y desde luego, no puede hacer de Rodri.
Cuando Arsenal decidió atacar con intención y varios hombres, la zaga de City quedó expuesta. La línea defensiva, altísima. La presión, sorprendentemente pasiva. Nadie saltaba, nadie corregía. Martin Odegaard tuvo tiempo de mirar, pensar y ejecutar. Un centro medido, Christos Tzolis la baja, Kai Havertz define. Parecía un rondo, no una final.
No es la primera vez que se señala a Maresca por lo mismo. En su etapa en Chelsea ya se le criticó esa combinación de línea adelantada y presión tibia. En la Premier League, eso es una invitación al desastre.
Un mercado que aprieta y un vacío en el medio
Hasta el cierre del mercado, el 1 de septiembre, a City le espera mucho trabajo de despacho y de pizarra. Enzo Fernández sigue en el radar. Es un objetivo claro, pero llega rodeado de ruido: divide opiniones, fue abucheado por parte de su propia afición el fin de semana, aunque con Maresca ya demostró en Chelsea que pueden entenderse bien.
No es el sustituto de Rodri. Nadie lo es. Pero el argentino sí ofrece dos cosas que este City echa en falta en la medular: gol y picardía. Fernández compite, muerde, a veces se pasa de frenada, pero justo eso necesita una zona del campo que el domingo fue blanda hasta la caricatura. Arsenal tuvo el control total, como si jugara en casa.
Para colmo, Tijjani Reijnders está a un paso de salir, lo que reduce aún más las opciones en el centro y carga de responsabilidad a jugadores todavía verdes. Anderson tiene solo 23 años. Ayyoub Bouaddi, objetivo prioritario, apenas 18. Kovacic, con 32, ya mira el fútbol desde la otra ladera del pico de forma. La pregunta es inevitable: ¿dónde está el equilibrio?
Entre la alarma y la oportunidad
Es cierto que parte de estos males se explican por la falta de ritmo. Era el primer partido oficial. No había título de liga en juego. Haaland afinará puntería. Anderson aprenderá a sostener mejor el medio con ayuda y minutos. La defensa, por muy desfigurada que pareciera, debería ajustarse con trabajo, automatismos y una mejor coordinación en las distancias de presión.
Y, por supuesto, City no se enfrentará a Arsenal cada fin de semana.
Pero el choque dejó cicatrices. Maresca habló de reducir la distancia con los de Arteta y salió del estadio con la impresión de que, ahora mismo, esa distancia se ha ampliado. El calendario le ofrece un margen: tres meses y medio hasta el siguiente duelo directo, a finales de noviembre.
Tiempo para fichar, corregir y, sobre todo, decidir qué quiere ser este City sin Rodri y con un técnico nuevo al mando. El aviso ha llegado pronto, casi como un favor del calendario.
Ahora le toca a Maresca demostrar si este 0-3 fue solo un tropiezo de agosto o el primer síntoma de un problema más profundo. Porque la brecha con Arsenal no se va a cerrar sola. Y el reloj del mercado ya está corriendo.




