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Marcelo Bielsa y su autenticidad en el Mundial

En un Mundial donde casi todos sonríen, posan y aprovechan el segundo de gloria ante la cámara, Marcelo Bielsa volvió a elegir el camino contrario. El seleccionador de Uruguay, a los 70 años, mantiene intacta su condición de personaje inclasificable: ni se disfraza para la ocasión ni interpreta un papel. Simplemente es Bielsa.

Su retrato oficial para la Fifa ya circula por el mundo. No hay sonrisa, no hay mirada directa al objetivo, no hay pose estudiada. Bielsa aparece con la vista clavada hacia abajo, gesto pétreo, como si lo hubieran arrancado de un análisis de video para sentarlo unos segundos frente al fotógrafo. Nada de complicidad con la cámara. Nada de coqueteo con el foco. Casi una declaración de principios: el protagonismo, para los jugadores; el trabajo, para él.

No sorprende en alguien apodado “El Loco”, un técnico cuya fama se ha construido sobre la obsesión por el detalle, las horas interminables de estudio y hasta la imagen ya clásica de él sentado sobre una conservadora de hielo en plena banda. Tampoco extraña en el exentrenador de Leeds, acostumbrado a vivir el fútbol desde una intensidad que roza lo extremo.

La imagen, claro, encendió las redes y las preguntas. ¿Gesto de protesta? ¿Mensaje velado a la organización? ¿Desprecio al protocolo? Después del 1-1 de Uruguay ante Arabia Saudita en Miami, en el debut de su equipo, Bielsa tuvo que escuchar cómo la rueda de prensa se desviaba del análisis del partido para entrar en el terreno de la fotografía.

La respuesta fue tan seca como el gesto en la imagen.

—No tengo que dar ninguna explicación, la foto se tomó como se tomó —dijo, cortando de raíz cualquier intento de interpretación creativa.

Y remató con una frase que resume su postura ante el circo que rodea al fútbol moderno:

—No soy modelo.

Nada más que añadir. En un Mundial de sonrisas estudiadas y poses milimétricas, Bielsa vuelve a elegir la incomodidad, el desvío, la autenticidad. Mientras otros se preocupan por cómo salen en la foto, él sigue pensando en lo de siempre: el próximo entrenamiento, el próximo rival, el próximo detalle que pueda marcar la diferencia.