“Defy the odds”.
El eslogan elegido por Manchester United Women para la temporada 2025-26 nació como grito de guerra. Directo, desafiante, casi perfecto para un equipo que por fin se asomaba a Europa y que debía consolidarse entre la élite de la Women’s Super League, frente a gigantes como Arsenal, Chelsea y Manchester City.
Pero dentro del vestuario y en los despachos cercanos al equipo femenino, la frase ha acabado significando algo muy distinto. No solo invita a desafiar al rival. Invita, de forma incómoda, a desafiar las propias limitaciones que impone el club.
Una noche en Múnich que lo explica todo
El miércoles, en Múnich, ese espíritu de resistencia volvió a asomar. Melvine Malard marcó pronto, empató la eliminatoria ante Bayern Munich (3-3 en el global) y dejó 79 minutos por delante para soñar con unas semifinales de Champions en el primer curso europeo del club.
Durante una parte del partido, United fue exactamente lo que dice querer ser: valiente, compacta, agresiva. Seis disparos, cuatro a puerta, presión alta, personalidad. Con un banquillo reducido a cuatro jugadoras de campo, incluida la joven de 18 años Jess Anderson, recién debutante en la WSL, el equipo exprimió hasta la última gota de energía.
La factura llegó después del descanso. United volvió del vestuario con un centro del campo más hundido, un físico al límite y una lista de lesionadas que condiciona hasta el diseño de los entrenamientos. Bayern salió a morder. Y United no tuvo respuesta.
En la segunda parte, el dato es demoledor: un solo disparo, xG de 0, 24 por ciento de posesión. Bayern, nueve remates, 1,45 de xG. El asedio se tradujo en lo que se venía anunciando toda la temporada: debilidad en los balones parados. Dos goles en dos saques de esquina casi consecutivos, en los últimos diez minutos, certificaron el 5-3 global y el adiós.
Bayern marcó en su córner número 12 y 13 del partido. No era mala suerte. Era una grieta conocida, no resuelta.
Hay una línea que se puede aguantar durante un tiempo. Otra cosa es vivir permanentemente de desafiarla.
Una temporada al límite
La eliminación en Champions llega en un contexto que agranda las dudas. United Women ya está fuera de Europa, fuera de la FA Cup, perdió la final de la League Cup ante Chelsea y encara sus tres últimos partidos de WSL peleando a la desesperada por volver a clasificarse para la Champions.
Dentro del club, la pregunta se repite desde hace meses entre la estructura del femenino y miembros del ejecutivo: ¿cuál es el plan para que el equipo vuelva a Europa sin tener que sobrevivir siempre contra pronóstico?
El verano pasado trajo refuerzos importantes —Jess Park, Fridolina Rolfo, Julia Zigiotti Olme— pero también dos operaciones frustradas por falta de músculo económico frente a otros clubes. A partir de ahí, se abrió un debate interno: cómo aumentar la inversión en el femenino, incluso explorando la opción de capital externo.
Desde la entrada de INEOS con una participación minoritaria en diciembre de 2024, la necesidad de buscar nuevas vías de financiación para el equipo femenino está sobre la mesa. El ritmo, sin embargo, ha sido lento. El copropietario Sir Jim Ratcliffe reconoció en 2024 que su foco estaba casi por completo en la estructura y las finanzas del masculino, dejando el proyecto del femenino en un segundo plano.
Mientras tanto, la realidad deportiva no espera. Competir en varias competiciones con una plantilla corta ha tensado al máximo al grupo. El desgaste físico y mental ha sido evidente.
Inversión, sí. ¿Suficiente?
En marzo se señaló una reunión como punto crítico: personal senior del femenino y miembros del ejecutivo debían sentarse con los decisores para valorar opciones de inversión, incluida la venta de una participación a un tercero. Según fuentes del club, esa posibilidad se descartó rápido. Nada firme se ha materializado. Pero las conversaciones internas siguen, con recomendaciones pendientes de elevar al consejo y a los propietarios.
En ese marco también se ha mencionado, de forma muy preliminar, una posible “rebrand” del equipo con cambios sutiles. De momento, la cúpula no contempla dar ese paso.
United no vive esta discusión en el vacío. El mercado se mueve. Alexis Ohanian compró en mayo pasado alrededor del 10 por ciento de Chelsea Women por 20 millones de libras, valorando el equipo por encima de los 200 millones. Everton Women cerró en diciembre una inversión minoritaria de GED Investments. Sunderland Women negocia vender una mayoría a Sixth Street a través de su plataforma Bay Collective.
En ese ecosistema, United empieza a quedarse corto. Varias personas implicadas en el día a día del femenino aseguran que el club sufre para seguir el ritmo de los salarios y traspasos actuales por restricciones presupuestarias. Desde dentro, la respuesta es que se trata de un enfoque “sostenible”.
Los hechos: al menos dos fichajes del mercado de enero eran operaciones que se querían cerrar ya en verano y se retrasaron por falta de margen. Y un fichaje para este próximo verano sigue sin poder confirmarse porque los responsables del presupuesto global del club no han definido aún el dinero disponible para refuerzos.
Una plantilla al límite físico
Durante la temporada, varias figuras del entorno del equipo han enviado mensajes directos a la cúpula, incluyendo capturas de un banquillo plagado de canteranas y jugadoras tocadas ante un rival directo en WSL. La imagen hablaba sola.
La lista de bajas es larga: Dominique Janssen, Ellen Wangerheim, Anna Sandberg, Leah Galton, Elisabeth Terland, Ella Toone. Ante Bayern, Simi Awujo se marchó con lo que parecía una lesión muscular en el isquiotibial. Con este panorama, los entrenamientos se han transformado en sesiones de vídeo, trabajo táctico a baja intensidad y recuperación. Menos carga, menos riesgo… pero también menos tiempo real para construir automatismos.
Sería falso decir que no se ha invertido. En los cinco años de Marc Skinner como técnico, el club ha realizado 37 fichajes. El presupuesto operativo del equipo ha pasado de menos de 5 millones de libras en 2021-22 a 10,7 millones en 2024-25.
La cuestión es otra: ¿basta para competir con los mejores?
Los números de la temporada pasada dibujan el escenario. United gastó 5,88 millones en salarios, algo más de la mitad que Arsenal (11,3 millones). Manchester City, cuarto en la WSL, reportó 14 millones en gastos operativos, cuatro más que United. Chelsea aún no ha publicado sus cuentas de 2024-25, pero en la campaña anterior, en la que encadenó su quinto título de WSL y llegó a semifinales de FA Cup y Champions, su presupuesto operativo superó los 20 millones. El doble que United.
El balance Skinner: logros, límites y dudas
El ciclo de Skinner ofrece luces y sombras. En cinco temporadas, United ha firmado un cuarto puesto, un segundo (el mejor de su historia), un quinto y un tercero en liga. Ha jugado cuatro finales importantes, con un solo título: la FA Cup 2023-24 con un contundente 4-0 a Tottenham Hotspur. Las otras tres finales, todas ante Chelsea, se saldaron con un global de 6-0 en contra.
En los dos últimos cursos, el registro frente a la élite inglesa es elocuente: tres victorias en 17 partidos oficiales contra Chelsea, Arsenal y City. Frente a Chelsea, una sola victoria en los últimos 19 duelos, aquella semifinal de FA Cup en 2023-24. El balance de Skinner ante las londinenses: una victoria, un empate, 13 derrotas.
Desde el entorno de varias jugadoras se cuestiona su capacidad para desarrollar talento joven. Se le ve más cómodo con futbolistas ya hechas, con experiencia acumulada. El dato lo respalda: United es el equipo que menos minutos concede a menores de 21 años en toda la liga. Antes del debut de la joven de 16 años Layla Drury el 15 de febrero, Skinner solo había dado 90 minutos en toda la temporada de WSL a una jugadora sub-21. Fue en el 0-3 ante Manchester City en noviembre, cuando la portera galesa Safia Middleton-Patel tuvo que suplir a Phallon Tullis-Joyce por una fractura en el ojo.
Algunas fuentes describen un cuerpo técnico poco intervencionista en la banda. Pocas correcciones en vivo, escasa dirección en la creación de patrones ofensivos. Skinner delega buena parte del trabajo de campo en su staff, en parte por otras obligaciones. Hay entrenamientos en los que miembros del cuerpo técnico participan como jugadores para completar números o actúan como árbitros, más que como entrenadores activos.
Otras voces, sin embargo, defienden al técnico. Valoran su capacidad para absorber la presión pública y proteger al vestuario, su organización defensiva y su habilidad comunicativa en privado y ante los medios. Destacan sus charlas individuales con las jugadoras y su voluntad de dar libertad creativa a ciertos perfiles.
Esa libertad ha funcionado ante rivales de menor entidad. Frente a equipos más potentes, en Inglaterra y en Europa, varias futbolistas sienten que esa misma libertad se convierte en exposición. El segundo tiempo en Múnich fue un ejemplo: sin salidas claras, sin soluciones con balón, cada recuperación de Bayern empujaba a United un metro más atrás.
El talón de Aquiles: las jugadas a balón parado
Las dudas tácticas se concentran especialmente en la defensa de córners y faltas laterales. La marcha el verano pasado de Ian Willcock, histórico entrenador de porteras y responsable también de la organización defensiva a balón parado, dejó un vacío. Bajo su tutela, United había firmado un récord de porterías a cero en WSL en 2022-23. Su sustituto, Joe Potts, llegó desde Liverpool Women.
El cambio no ha sido sencillo. Esta temporada, United cayó 2-1 ante Chelsea en la quinta ronda de FA Cup con un gol en la prórroga… de córner. Y ha dicho adiós a la Champions con dos tantos encajados, otra vez, en saques de esquina.
La capitana Maya Le Tissier lo resumió sin rodeos tras la eliminación: los tres adioses de la temporada —FA Cup, Champions y otra vez ante Chelsea— han llegado por acciones a balón parado. Es una herida abierta.
Las decisiones de Skinner con algunas piezas ofensivas también han levantado cejas. Terland, fichada como delantera, ha sido utilizada como mediapunta en la final de la League Cup ante Chelsea. Wangerheim, incorporada en enero desde Hammarby para actuar como ‘9’, ha sido desplazada a la banda. Ella misma explicó en febrero que necesitaba “entrenamientos y partidos” para adaptarse a esa nueva demarcación. El calendario, saturado, apenas le ha concedido margen. Desde el club insisten en que desde el principio se le advirtió de que, en ocasiones, jugaría abierta.
Un club que crece… y al que miran por el retrovisor
El final emocional de la primera aventura en Champions deja cicatriz. Pero no concede tiempo para lamentos. Quedan tres jornadas de WSL y United vuelve a su punto de partida: necesita, otra vez, desafiar las probabilidades.
Para volver a Europa, el equipo de Skinner probablemente tendrá que mejorar su paupérrimo registro reciente ante Chelsea en la última jornada, además de ganar a Tottenham Hotspur, quinto, y Brighton & Hove Albion, sexto. Tres partidos, poco margen y un desgaste acumulado enorme.
Mientras tanto, desde abajo ya apuntan hacia arriba. Directivos de tres clubes que persiguen a United en la tabla han señalado internamente al conjunto de Skinner como objetivo a superar la próxima temporada. No solo por sus limitaciones económicas en el mercado, también por lo que consideran una infraestructura insuficiente alrededor del equipo.
En ocho años de vida, United Women ha avanzado a gran velocidad. Ha pisado finales, ha tocado la Champions, ha construido una identidad competitiva. Pero la pregunta que flota en el ambiente es otra: ¿puede seguir creciendo sin que el club, de una vez por todas, deje de pedirle que desafíe las probabilidades y empiece a nivelar el tablero?





