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Manchester City rescata un punto gracias a Doku

El Hill Dickinson Stadium vivió una de esas tardes que dejan cicatriz. Manchester City dominó, mandó y acosó desde el primer segundo, pero salió tambaleándose, agarrado a los destellos de Jeremy Doku y con la sensación de haber dejado escapar algo más que dos puntos. El empate in extremis mantiene a los de Pep Guardiola a cinco puntos de Arsenal, con cuatro partidos por delante. Aún respiran. Pero el susto fue mayúsculo.

Un monólogo celeste… hasta que apareció Doku

El plan visitante funcionó desde el inicio. City apretó arriba, ahogó la salida de Everton y fue encerrando a los de David Moyes cada vez más cerca de su propia área. El balón apenas cambiaba de dueño. Faltaba el gol.

Antes de que llegara, el campeón se asomó al abismo. Media hora de juego, centro tenso al corazón del área y Beto preparado para empujar a placer. Entonces emergió Gianluigi Donnarumma, rapidísimo para interceptar el envío y evitar un gol cantado. Fue una parada de portero grande, de las que sostienen un equipo cuando el marcador aún no se ha abierto.

El premio al dominio llegó en el minuto 43. Rayan Cherki filtró un pase sencillo, casi inocente, pero Doku lo convirtió en oro. Control, recorte mínimo y un latigazo precioso a la escuadra. Un disparo limpio, imparable, que se coló en la esquina superior y silenció a la grada local. City se marchó al descanso con la sensación de tener el partido bajo control.

Del control al caos: City se derrumba

La segunda parte fue otra historia. Y no una que vaya a gustar a Guardiola.

Everton salió con colmillo y el partido se partió. Iliman Ndiaye empezó a atacar una y otra vez la banda de Matheus Nunes, que pasó de lucirse con un gran pase en la acción del 0-1 a sufrir un auténtico calvario. Donnarumma, de nuevo, tuvo que intervenir con dos paradas de mérito ante el delantero local para mantener la ventaja.

El aviso estaba ahí. City no lo leyó.

En una jugada sin aparente peligro, Marc Guehi recibió atrás y, en lugar de reiniciar con calma, regaló el balón de forma incomprensible a Thierno Barry. El delantero, recién salido desde el banquillo, no perdonó: controló y fusiló el empate con una frialdad impropia de un suplente. El asistente levantó el banderín, pero tras unos instantes de incertidumbre se confirmó lo inevitable: gol válido. El partido se encendía y City empezaba a descomponerse.

Cinco minutos después, el golpe fue aún más duro. Saque de esquina, Erling Haaland falla el despeje de cabeza en el primer palo y Jake O'Brien, llegando desde atrás, conecta un testarazo poderoso a la red. El estadio estalla. El campeón, noqueado.

Barry castiga, Haaland responde

Con City grogui, Everton olió sangre. Los de Moyes mordieron cada balón dividido y encontraron premio a nueve minutos del final. Merlin Rohl probó suerte con un disparo defectuoso, sin demasiada intención, pero Barry se cruzó en la trayectoria y desvió el balón al fondo de la portería. 3-1. Remontada completada. Sorpresa mayúscula.

Parecía la sentencia. No para Haaland.

Casi desde el saque, City encontró aire. Balón al espacio, carrera del noruego, potencia pura y una definición de nueve de élite: toque sutil por encima de Jordan Pickford para el 3-2. Un gol que no solo devolvía a los visitantes al partido, sino que encendía de nuevo la pelea por el título. Quedaban minutos. Y Doku aún tenía algo que decir.

Doku, otra vez: un zurdazo, un derechazo y una vida extra

El reloj se estiraba hacia el descuento y la ansiedad se apoderaba de City. Los centros se acumulaban, los nervios también. Everton se defendía como podía, cada despeje celebrado como un gol.

Hasta que apareció, de nuevo, Doku.

Minuto 97. Balón suelto en la frontal. El belga encaró, se perfiló esta vez hacia su pierna derecha y dibujó un disparo gemelo al del primer tiempo, pero con el otro pie: rosca perfecta, altura justa, potencia suficiente para dejar clavado a Pickford. Otro disparo imparable, otro estallido, esta vez en la zona visitante. 3-3. Un punto rescatado del desastre.

No fue un empate cualquiera. Fue un salvavidas en una carrera por el título que parecía escaparse entre las manos.

Luces y sombras: el rendimiento del City

El partido dejó retratos muy nítidos en clave individual.

Donnarumma, pese a su duda en el córner del 2-1, sostuvo al equipo en varios momentos críticos, con la acción salvadora ante Beto y las dos paradas a Ndiaye como grandes intervenciones. Abdukodir Khusanov se mostró firme en el cuerpo a cuerpo con Beto, duro y competitivo, aunque también perdió claridad cuando el equipo se partió tras el descanso.

Guehi vivió una noche cruel. Durante buena parte del choque se dedicó a sacar el balón jugado con personalidad, incluso sumándose por momentos al mediocampo. Pero su error garrafal en el 1-1 cambió el guion del partido. Solo una gran entrada posterior sobre Ndiaye maquilló ligeramente una actuación marcada por ese fallo.

Nico O'Reilly ofreció soluciones interesantes al invertir su posición y ayudar a City a ganar metros, especialmente en la jugada del primer gol. Sin embargo, tras el descanso Everton castigó sin piedad el espacio que dejaba a su espalda. Matheus Nunes, brillante en el pase que inició la jugada del 0-1, acabó desbordado por Ndiaye en la reanudación.

City se marcha de Hill Dickinson con un punto y muchas preguntas. El talento le alcanza para escapar del abismo, pero los desplomes de concentración le acercan peligrosamente al borde. Con Arsenal cinco puntos por delante y solo cuatro jornadas por disputarse, la cuestión ya no es solo si tiene fútbol para revalidar el título, sino si tiene nervios para sostenerlo.