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El Madrid de Mourinho gana en el 91'

Jude Bellingham necesitó nueve minutos para recordar al RCDE Stadium por qué es el futbolista que marca el pulso del nuevo Real Madrid. Falta lateral botada con seda por Arda Güler, carrera al primer palo y un cabezazo imperial del inglés para abrir la temporada liguera con un 0-1 que sonó a declaración de intenciones.

El inicio fue un asedio. La presión alta de los de José Mourinho ahogó a un Espanyol que no encontraba salida ni aire. Cada pérdida blanquiazul parecía el preludio del segundo tanto. Pero el partido, muy pronto, dejó claro que no iba a ser un paseo.

Espanyol se rebela

En plena superioridad visitante, Clemens Riedel encendió a la grada con un disparo brutal desde casi 30 metros que obligó a Thibaut Courtois a volar. Manotazo firme, aviso serio. El Madrid dominaba, sí, pero el Espanyol empezaba a encontrar resquicios.

Un corte en la ceja de Dean Huijsen detuvo el juego unos instantes y, casi sin querer, enfrió al Madrid y dio oxígeno al conjunto local. A partir de ahí, los catalanes comenzaron a juntar pases, a ganar duelos, a discutirle el balón al equipo de Mourinho.

La recompensa llegó al minuto 30 con una jugada que cambió el tono del encuentro. Javi Hernández encaró, apuró hasta la línea de fondo, se inventó un regate en un palmo y sirvió atrás para que Álex Calatrava, llegando desde segunda línea, empalara el empate. Gol de manual. Gol que descolocó al Madrid.

Los blancos perdieron el hilo durante varios minutos. Espanyol olió la sangre. Justo antes del descanso, Roberto Fernández tuvo el 2-1 en su cabeza: centro medido, Courtois vendido… y el remate, inexplicablemente, se marchó desviado ante la portería prácticamente vacía. El estadio se llevó las manos a la cabeza. Mourinho, también.

Mbappé se topa con Dmitrovic

El estreno liguero de Kylian Mbappé con Mourinho en el banquillo tenía foco propio. Pero la noche del francés se encontró con un muro llamado Marko Dmitrovic. El guardameta serbio respondió primero con una parada de puro reflejo, sacando la pierna ante un mano a mano que muchos ya cantaban como gol.

No fue la única. Mbappé lo intentó después con un disparo raso, ajustado, buscando el palo. Dmitrovic, otra vez, se estiró abajo para frustrar al nuevo ’7’ del Madrid. Cada ocasión del francés reforzaba la sensación de que el portero local estaba firmando una de esas actuaciones que se recuerdan.

El Madrid apretaba, pero no remataba. El Espanyol, mientras tanto, defendía con orden y esperaba su momento para salir. El partido se movía en una cuerda fina: un error, un detalle, podía decidirlo.

Mourinho agita el banquillo

Con el reloj avanzando y el empate enquistado, Mourinho tiró de su arma favorita: el banquillo. Entró Yan Diomande, el fichaje récord, para cambiar el ritmo del choque. Su impacto fue inmediato. Una carrera, un centro desviado, un balón suelto en la frontal… y Federico Valverde reventando el cuero contra el exterior del poste. El rugido visitante se mezcló con el suspiro de alivio local.

La sensación de que el gol rondaba el área del Espanyol crecía. Bellingham volvió a presentarse como el más peligroso. Esta vez, a balón parado otra vez de Güler: córner, salto perfecto y un cabezazo que se estrelló en el larguero. La madera se convirtió en el mejor aliado de Dmitrovic.

El ataque blanco empezó a desfigurarse. A diez minutos del final, una media volea de Mbappé, sin oposición y en buena posición, se marchó tan desviada que acabó cerca del banderín de córner. Una imagen que resumía la frustración del francés y las dificultades del Madrid para traducir su dominio en goles.

Espi decide en el descuento

Parecía que el Espanyol iba a amarrar un punto de enorme mérito. El estadio ya vivía cada despeje como un triunfo, cada falta como un respiro. El Madrid seguía empujando, pero con más ansiedad que claridad.

Y entonces apareció el guion favorito de Mourinho.

Minuto 91. Balón al área, Mbappé rodeado, la defensa local logra frenarle, pero no despejar con contundencia. La pelota queda suelta y, en medio del caos, Espi se adelanta a todos y fusila. Disparo seco, sin contemplaciones. Gol. Silencio de golpe en buena parte del RCDE, estallido en el sector visitante.

El suplente firmó el momento que cualquier canterano sueña: debutar en un contexto grande, decidir un partido en el tiempo añadido y ser tragado por un mar de camisetas blancas en la celebración.

La racha sigue… y el mensaje de Mourinho también

Con este 1-2 agónico, el Real Madrid encadena 18 temporadas sin perder en su estreno de La Liga. Una estadística que habla de hábito competitivo, de costumbre ganadora, más allá de estilos y entrenadores.

Para Mourinho, la victoria alimenta otra racha todavía más personal: siete triunfos consecutivos en sus debuts oficiales como técnico en un nuevo club. El “Special One” volvió al primer plano con una versión muy reconocible: equipo intenso, resultado ajustado, golpe final cuando el partido parecía apagarse.

El juego mostró aristas, dudas en la integración de los fichajes y tramos en los que el Madrid perdió el control. Pero el marcador dice otra cosa. Y si algo ha demostrado la carrera de Mourinho es que, cuando el reloj se acerca al 90, pocas veces se le puede dar por vencido.