Lions vencen a Tailandia pero quedan fuera del campeonato ASEAN
BANGKOK – El rugido llegó tarde, pero llegó. Los Lions ganaron 2-1 a Tailandia en el Rajamangala Stadium, se despidieron con la cabeza alta… y aun así quedaron fuera del campeonato de la ASEAN. El 3-4 global, tras el 1-3 encajado en el Jalan Besar Stadium el sábado, fue una losa demasiado pesada.
Llegaban con una montaña por escalar. Y, sin embargo, salieron disparados.
Un golpe antes del descanso
Sobre un césped empapado por el aguacero de la tarde, Tailandia avisó primero: disparo de Patrik Gustavsson que se desvió en Hariss Harun. Nada más que un susto, pero un recordatorio de quién mandaba en el ranking FIFA: los tailandeses, número 94 del mundo y máximos favoritos del torneo.
Singapur, en cambio, vivía de medias ocasiones. Los locales se replegaban, esperaban y salían como flechas al contragolpe. En una de esas transiciones, minuto 19, Gustavsson se escapó por la derecha y cayó ante la salida de Izwan Mahbud. Silencio, revisión del VAR… y decisión: nada de penal.
Los Lions se agarraron al partido con lo que les ha sostenido todo el torneo: la energía de sus jóvenes y la fe en el área rival. Ilhan Fandi, la revelación del campeonato para Singapur, dispuso de dos buenas oportunidades. Primero, un tiro libre raso desde la frontal que Kampon Phatomakkakul blocó con seguridad. Después, un cabezazo que el mismo guardameta desvió por encima del larguero.
La ocasión más clara llegó poco antes del descanso. Song Ui-young se plantó con todo a favor, pero volvió a aparecer Kampon, firme, enorme, para negar el 1-0.
Parecía que el intermedio llegaría sin goles. Parecía.
En el descuento, Farhan Zulkifli explotó el espacio, encaró portería y obligó a una salida desesperada de Kampon, que se lanzó al suelo para frenarle. El rebote cayó a los pies de Harhys Stewart, que, desde fuera del área, dibujó un disparo con efecto que se coló en la red. Golazo. 1-0 al descanso y la eliminatoria, por un momento, volvía a respirar.
Reacción tailandesa y respuesta inmediata
Tailandia salió del vestuario herida en su orgullo. En el minuto 53 rozó el empate: centro desde la banda y Seksan Ratree, solo ante Izwan, no logró controlar el balón con todo a favor. Un suspiro de alivio para Singapur.
El alivio duró poco.
Anthony Hudson empujó a los suyos hacia adelante y la presión acabó por romper la resistencia visitante. Una jugada trenzada dejó a la zaga singapurense a contrapié y Ryhan Stewart derribó a su rival dentro del área. Penalti claro.
Entró el suplente Kakana Khamyok. Un golpe seco, violento, directo a la escuadra. Izwan, clavado. 1-1 y el Rajamangala rugiendo.
Pero estos Lions no se rinden. No esta vez.
Apenas unos minutos después, Ryhan Stewart se redimió con una acción de pura determinación. Atacó la banda, puso un balón raso y fuerte al corazón del área y Pansa Hemviboon, en su intento por despejar, desvió la pelota hacia su propia portería. 2-1 para Singapur. Otra vez por delante en el marcador, otra vez a un gol de forzar la prórroga en el global.
Izwan resiste, el reloj no
El tramo final fue un ejercicio de supervivencia. Singapur apretaba cuando podía, Tailandia buscaba el tanto que matara cualquier duda.
La ocasión clave para los locales llegó en el minuto 79. Teerasak Poeiphimai conectó un remate poderoso que parecía gol cantado, pero Izwan voló, rozó el balón lo justo y lo estrelló contra el poste antes de que se marchara a córner. Una parada para enmarcar, una de esas que sostienen un resultado… aunque no siempre una eliminatoria.
Tailandia, siete veces campeona del torneo, supo manejar los tiempos hasta el pitido final. No necesitaba ganar el partido. Le bastaba con no desmoronarse. Y aguantó.
Para Singapur, la victoria tuvo un sabor extraño. Habían roto una racha de 11 derrotas consecutivas ante Tailandia, un rival al que no vencían desde 2012, cuando se impusieron 3-1 en el Jalan Besar Stadium en la ida de la final antes de levantar el título pese a perder 0-1 en la vuelta. Desde entonces, no habían vuelto a pisar una final. Tampoco será esta vez.
Una campaña de resistencia
El trayecto de los Lions hasta estas semifinales ya había sido una prueba de carácter. Empezaron con un ajustado 2-1 ante Camboya, luego derrotaron en casa a Timor-Leste. Después resistieron un 0-0 en el campo de Vietnam y cerraron la fase de grupos con un 1-1 frente a Indonesia que les dio el segundo puesto del Grupo A, por detrás de los vigentes campeones vietnamitas, que dominan 2-0 a Malasia en la otra semifinal.
Tailandia, en cambio, había paseado su favoritismo: cuatro victorias en cuatro partidos de grupo, diez goles a favor, ninguno en contra.
En Bangkok, Singapur por fin encontró la forma de herir al gigante regional. Ganó el partido, se ganó respeto, se ganó a sí misma. Lo único que no logró fue lo único que contaba: seguir viva en el torneo.
La pregunta, ahora, no es por qué quedaron eliminados, sino cuánto tiempo tardarán estos Lions en volver a pelear por una final. Porque, con noches como esta, la distancia ya no parece tan imposible.




