Lincoln City y su regreso a la segunda categoría: Portsmouth lo amarga
Sesenta y cinco años después, Lincoln City volvió a saborear fútbol de segunda categoría en Sincil Bank, ahora rebautizado como ProAmpac Stadium. Ambiente de fiesta, entradas agotadas, un día señalado en rojo para el club. Y, sin embargo, quien se marchó celebrando fue Portsmouth.
El conjunto de John Mousinho se impuso 3-1, frío y eficaz, en una tarde que debía ser histórica para los Imps y que acabó convertida en un recordatorio de lo duro que será este salto al Championship.
Un adolescente silencia la fiesta
Lincoln salió como un vendaval. Energía, presión alta, intención clara de marcar territorio en su nuevo escenario de élite. Adam Reach probó de falta, Ben House tuvo un mano a mano clarísimo. En ambas, Nicholas Schmid respondió con reflejos felinos para mantener el 0-0.
Y entonces, con el estadio todavía rugiendo, apareció un chico de 17 años.
Ryan Kavuma-McQueen, cedido por Chelsea y titular en uno de los tres cambios de Pompey respecto al 3-1 encajado ante Queens Park Rangers, apenas necesitó una ocasión. Primer disparo serio de los visitantes, primer golpe. Control, calma y un remate raso ajustado al fondo de la red para firmar su primer gol como profesional. El ProAmpac se quedó helado.
Lincoln acusó el golpe. Y Portsmouth olió sangre.
Segecic castiga, Hackett reaviva la esperanza
Poco después, Abu Kamara fue derribado al borde del área. La falta, ideal para un especialista. Adrian Segecic tomó carrera, golpeó con potencia y, con la ayuda de un leve desvío, el balón se coló para el 0-2. Dos llegadas claras, dos goles. Un ejercicio de contundencia brutal ante un rival que llevaba más de diez meses sin perder un partido de liga en casa, desde la derrota ante Exeter City a comienzos de octubre.
Pese al doble mazazo, Lincoln no se escondió. Mantuvo su plan agresivo, empujó por bandas, buscó el área con insistencia. El premio llegó pasada la media hora.
Un disparo de Reach fue interceptado por Zak Swanson con la mano dentro del área. Penalti. Reeco Hackett, una de las novedades en el once tras la derrota en Middlesbrough, asumió la responsabilidad y definió con autoridad desde los once metros. 1-2, el estadio volvió a creer. El partido, de repente, se abría de nuevo.
Adams apaga el sueño de remontada
Tras el descanso, Lincoln siguió fiel a su guion: ritmo alto, acumulación de gente en campo rival, fe en la presión. Pero el desgaste y la falta de precisión en los últimos metros empezaron a pasar factura.
Desde el banquillo, Mousinho movió ficha y dio entrada a Ebou Adams. El cambio resultó decisivo.
A unos 25 metros de portería, el centrocampista encontró espacio y no dudó. Zurdazo seco, violento, directo a la escuadra. Un golazo que prácticamente sentenció la tarde y que puso el 1-3 en el marcador. El impulso local se desinfló de golpe.
Lincoln aún rozó el milagro en el tiempo añadido: un disparo de Rob Street se desvió y salió en globo, superando a Schmid, pero se estrelló en el larguero. El estadio contuvo la respiración. El balón botó hacia fuera. Nada de épica, nada de final de película.
Un salto de categoría… y de realidad
En la grada, entre los 10.545 aficionados que llenaron el ProAmpac Stadium, estaba Ron Fowler, el inversor estadounidense y ex copropietario de San Diego Padres, ahora con participación de control en Lincoln City. Su presencia subrayaba el momento histórico: el club, de vuelta en la segunda categoría después de 65 años, con un presupuesto todavía modesto para el nivel, pero con ambición y respaldo.
El contraste con el pasado reciente es brutal. Hace apenas una década, los Imps peleaban por salir de las profundidades del fútbol no profesional. Menos de 25 años atrás, los propios aficionados tuvieron que rescatar al club de la administración concursal en 2002. Hoy, Lincoln paga más de un millón de libras por un traspaso por primera vez en su historia, con la llegada del rumano Andrei Coubis, y se espera otro récord para fichar al danés Mikkel Ladefoged desde Vasteras SK.
La luna aún quedaba a ocho años de ser pisada por el ser humano la última vez que Lincoln compitió a este nivel, en 1961. Ahora, su regreso al Championship se siente como un salto gigantesco… y este estreno en casa ha dejado claro que la gravedad de la categoría no perdona.
La atmósfera de fiesta se apagó sin remontada ni final feliz. Lo que queda, tras la derrota, es una pregunta inevitable: ¿será este tropiezo un simple aviso temprano o el primer síntoma de lo duro que será mantenerse entre los grandes?




