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Lewis Hamilton llora por el título del Arsenal y el fútbol en el paddock

En Montreal, a dos días de que los motores despierten para el Gran Premio de Canadá, el ruido que más se escuchó en el paddock no fue el de los V6 híbridos, sino el del fútbol. Y en el centro de la conversación apareció Lewis Hamilton, con una confesión muy poco habitual en un piloto acostumbrado al acero de la alta competición: lloró con el título de la Premier League del Arsenal.

El piloto de Ferrari, hincha declarado de los ‘Gunners’ desde niño, no escondió la emoción que le provocó ver al club de su infancia acabar con 22 años de espera. El campeonato se confirmó el martes, cuando el 1-1 entre Manchester City y Bournemouth entregó matemáticamente la corona al equipo del norte de Londres.

“Derramé una lágrima, siendo sincero”, admitió Hamilton, enlazando el presente con un recuerdo muy nítido. Se vio a sí mismo, con cinco años, jugando al fútbol en una esquina de Stevenage, el único niño negro del barrio, rodeado de camisetas de West Ham, Tottenham y Manchester United. Allí empezó todo.

La escena que cambió su vida futbolera tuvo una protagonista clara: su hermana. “Ella me dio un pequeño golpe en el brazo y me dijo: ‘Tienes que apoyar al Arsenal’. Nos reímos de eso el otro día”, contó. Aquel gesto infantil, una broma de familia, se ha convertido décadas después en una lealtad inquebrantable que ahora se ve recompensada con un título largamente perseguido.

Gasly se planta: corazón de PSG antes de visitar al Arsenal

El fútbol no se quedó ahí. A unos metros, en el garaje de Alpine, Pierre Gasly recogió el guante y ofreció la réplica desde el otro lado del canal de la Mancha. Orgulloso seguidor de Paris Saint-Germain, el francés miró ya a la inminente eliminatoria de Champions League contra el propio Arsenal.

“Me alegra que empecemos a hablar de cosas importantes”, bromeó Gasly, marcando territorio con una sonrisa. PSG viene de asegurar su quinto título consecutivo de Ligue 1 tras vencer 0-2 a Lens, su perseguidor más cercano. Llega lanzado, con el colmillo afilado y sin dudas sobre sus colores.

El francés anticipó “un partido fantástico de fútbol” y dejó claro que no habrá lugar para medias tintas. “Obviamente voy a estar apoyando a PSG, y ojalá puedan conquistar una segunda Champions League”, afirmó. En su voz, la ambición de un club que lleva años persiguiendo la consagración europea definitiva.

Checo Pérez y un viaje exprés por el Mundial en casa

Más abajo en el pitlane, el fútbol se mezcló con la logística extrema. Sergio Pérez, al volante del Cadillac, tiene una misión personal para este año: volar a mitad de temporada desde Europa solo para ver a México en el Mundial que se aproxima.

El plan es tan simple como desgastante: cruzar el Atlántico, aterrizar en su Guadalajara natal, vivir el partido… y regresar de inmediato al calendario europeo. “Literalmente tengo que ir solo para el partido y luego volver a Europa. Lo vamos a hacer”, aseguró el mexicano, decidido a no perderse una cita histórica.

“Es un Mundial en casa. Cualquier cosa puede pasar”, añadió, ilusionado pero con los pies en el suelo respecto a las opciones de su selección. Para Pérez, el sacrificio de horas de vuelo y cambio horario se justifica con una frase que cualquier aficionado entiende: hay torneos que no vuelven.

Antonelli, sin Italia y con debilidad por Brasil y Messi

En el extremo opuesto, Kimi Antonelli, líder del campeonato, vive el próximo Mundial desde una perspectiva extraña: la ausencia de Italia lo deja huérfano de selección. El joven piloto de Mercedes aún no tiene claro a quién seguir, pero ya ha dejado entrever sus preferencias.

“Me gusta mucho Brasil, por ejemplo, la manera en la que juegan”, explicó, dejando ver su admiración por la tradición ofensiva de la ‘Canarinha’. Pero su corazón futbolero no se detiene ahí. También confesó que anima a Lionel Messi, al que considera uno de sus ídolos de infancia y al que tuvo la oportunidad de conocer en Miami.

“Italia no está, por desgracia. Así que tendremos que esperar otros cuatro años, quizá”, lamentó. “Es un desastre, pero está bien”, remató, con una mezcla de resignación y esperanza. La frase resume el sentir de todo un país que vuelve a quedarse fuera del mayor escaparate del fútbol mundial.

En Montreal, mientras los ingenieros afinan mapas de motor y estrategias de paradas, el paddock dejó algo claro: por muy rápido que vayan estos coches, el fútbol siempre encuentra la forma de adelantarlos por la derecha. Y cuando suene el himno en el próximo Mundial o en esa noche grande de Champions entre Arsenal y PSG, más de un piloto mirará la pantalla con el mismo nervio con el que afronta la salida del domingo.

Lewis Hamilton llora por el título del Arsenal y el fútbol en el paddock