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Lesión de Mendy agrava futuro del Real Madrid

El gesto de Ferland Mendy al sentarse en el césped ante el Espanyol parecía el de una rotura muscular más. Diez minutos de juego, mano al muslo, mirada al banquillo y entrada inmediata de Fran García. El guion de siempre para un futbolista acostumbrado a convivir con las lesiones. Esta vez, sin embargo, el final es mucho más oscuro.

Los primeros partes hablaban de un desgarro en los isquiotibiales y de unos meses de baja. Un contratiempo serio, pero asumible en un club acostumbrado a gestionar ausencias en plena temporada. Las pruebas posteriores han cambiado por completo el escenario: según informó Cadena Cope, uno de los tendones de Mendy se ha desprendido por completo del hueso. Palabras mayores.

La lesión exige pasar por el quirófano y un proceso de rehabilitación que se alargará, como mínimo, un año. Los plazos sitúan su posible regreso ya en el inicio de la temporada 2027-28. Para un lateral cuya principal arma siempre fue la potencia física, la perspectiva es devastadora.

No hay garantías de que Mendy vuelva a ser el mismo. Ni en zancada, ni en fiabilidad, ni en continuidad. El francés arrastra dos años de calvario físico, una secuencia de recaídas que no solo ha castigado su cuerpo, también su cabeza. Desde la propia Cope se apunta incluso a que la opción de una retirada prematura ya no es un tabú en el entorno del jugador.

El golpe deportivo para el equipo de Álvaro Arbeloa es evidente. Cada vez que ha estado sano, Mendy ha respondido en las grandes noches. Su rendimiento en eliminatorias de Champions, frente a gigantes como Bayern Munich, lo había consolidado como un especialista para escenarios de máxima exigencia. Cuando la competición se encendía, el francés solía aparecer. El problema es que, últimamente, apenas aparecía.

Su disponibilidad se ha convertido en un lujo esporádico. Esta temporada lo resume con crudeza: apenas 448 minutos sobre el césped, solo nueve partidos disputados y hasta cinco parones distintos por problemas físicos. Demasiadas interrupciones para encontrar ritmo, demasiadas dudas para construir una defensa estable alrededor suyo.

El contraste con el curso anterior es llamativo. Entonces, pese a molestias recurrentes, Mendy alcanzó los 31 encuentros y acumuló más del cuádruple de minutos que en esta 2025-26. No era un modelo de continuidad, pero sí una pieza utilizable, capaz de encadenar tramos competitivos. Ese margen se ha evaporado.

A todo esto se suma un matiz clave: el contrato. Mendy tiene vínculo con el Real Madrid hasta junio de 2028. Si se cumple el pronóstico médico y pasa un año completo en la grada, regresará con solo una temporada por delante en su acuerdo. Un escenario incómodo para todas las partes.

Para el club, la planificación de la banda izquierda se convierte en un rompecabezas. Con un futbolista de alto salario, contrato largo y una incógnita enorme sobre su nivel futuro, la dirección deportiva se ve obligada a mirar más allá del francés. Fran García gana peso, el mercado vuelve a asomarse y la idea de un Madrid sin Mendy deja de ser una hipótesis lejana para convertirse en una necesidad estratégica.

Para el jugador, la ecuación es aún más dura. Un año entero de trabajo en la sombra, sin certezas sobre cómo responderá su cuerpo, con el historial reciente jugando en su contra y la etiqueta de “cristal” persiguiéndole. La misma zaga que hace no tanto se apoyaba en su contundencia defensiva y su fiabilidad en noches de vértigo, hoy se ve obligada a imaginarse sin él.

El último parte médico no es solo una noticia de baja prolongada. Es un punto de inflexión en la carrera de un lateral que había encontrado en el Real Madrid su gran escaparate y que ahora se asoma a la etapa más delicada de su trayectoria. La pregunta ya no es cuándo volverá Mendy.

La pregunta es en qué versión, y si el club estará dispuesto a esperarle.