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Kilmarnock busca la magia en Hampden

El mensaje de McCann es claro: Kilmarnock no viaja a este duelo de copa a especular. Va a ganar. Va a morder.

“Planteamos el equipo para ganar cada partido y queremos ser agresivos”, insiste el técnico, que reconoce que la noche tendrá un matiz distinto por el formato: a vida o muerte. Eliminatoria directa, sin red. Y ahí, dice, su equipo quiere mostrarse con otro filo.

Hampden como recompensa

En la cabeza de McCann hay una imagen muy concreta: Hampden lleno y la afición de Killie disfrutando de una semifinal. No lo esconde. Lo desea. Y lo verbaliza como un premio colectivo.

Quiere regalar ese viaje a los hinchas y también al propietario Billy Bowie y al consejo. Pero, sobre todo, a los jugadores. “Sería mágico para nuestros aficionados, mágico para Billy Bowie y toda la directiva, pero ahora mismo, para mí, es mágico para los chicos del vestuario”, subraya, recordando el trabajo diario del grupo para encontrar esa “racha” que les permita sumar los puntos que, está convencido, pueden conseguir.

Un torneo abierto por el Old Firm

El sorteo ha dejado un Old Firm en cuartos de final y McCann no necesita adornos para explicar lo que eso significa. “Es obvio, porque son los dos grandes de la competición, por su riqueza y su experiencia en ganar cosas”. Cuando se cruzan, uno cae. Y cuando uno cae, se abre una puerta.

La lectura es directa: cuando “se ganan entre ellos”, el resto ve un camino más despejado hacia las últimas rondas. Kilmarnock quiere estar en esa pelea. No se ve como mero espectador.

Primer cimiento: el arco a cero

El fin de semana pasado llegó la primera portería a cero en liga. No fue una exhibición, pero sí un respiro. Para McCann, un “buen punto de partida”.

Sintió al equipo “estructuralmente en un buen lugar”, compacto, serio, sin perder del todo la capacidad de amenaza. Faltó “ese último toque de brillo”, la jugada final, el remate que cambia un empate por una victoria. Pero la base defensiva, al fin, apareció.

Entre la impaciencia y el proyecto

La grada, sin embargo, mira la tabla y se inquieta. El arranque de liga ha sido flojo y la decepción se palpa. McCann no se esconde ante ese malestar, pero pone contexto.

Su primer objetivo al llegar fue sencillo y crudo: estabilizar, con la ayuda de Billy Dodds, asentar el vestuario y evitar el descenso. A partir de ahí, el club ha tenido que “ajustar sus miras” por la inversión en instalaciones de entrenamiento, un gasto pensado para blindar el futuro, no para un golpe inmediato.

Ese equilibrio entre presente y mañana no siempre casa con la urgencia del hincha. Y el entrenador lo sabe.

Fútbol que enganche

Hay, no obstante, una línea roja que McCann se marca: el equipo debe entretener. Es un “objetivo claro”. No le basta con sobrevivir; quiere que la gente disfrute viendo a Killie.

Han trabajado para ello, pero los resultados no han acompañado “al nivel de lo que esperamos y queremos”. La autocrítica está ahí. La hinchada, admite, “con razón” se ha sentido decepcionada.

El empate del sábado no cambia el mundo. Es “solo un punto”. Pero el técnico se agarra a algo más profundo: la actuación. Cree que hay mucho que rescatar de ese partido. Una estructura más sólida, una idea más definida, un equipo que empieza a reconocerse.

Ahora falta el salto definitivo: transformar esa mejoría en victorias y, si el guion lo permite, en un billete a Hampden que devuelva a Kilmarnock a un escenario grande. Y entonces, sí, que la magia sea para todos.