logo

Jules Koundé y su lucha por el puesto en el Barça

Jules Koundé vive una temporada desconocida para él. Por primera vez desde la llegada de Hansi Flick, el francés ha dejado de ser un fijo casi intocable en el once del Barcelona y se ha visto empujado a una carrera a contrarreloj para recuperar su mejor versión… y el sitio que siente que le pertenece.

Según el diario catalán Sport, Koundé dejó de ser una prioridad para Flick ya el pasado mes de junio. La dirección deportiva incluso estaba dispuesta a escuchar ofertas serias por el defensa, y el propio jugador había dejado de cerrarse en banda a la posibilidad de un cambio de aires. El escenario ha cambiado de forma silenciosa, pero de manera contundente.

El arranque de curso solo ha confirmado ese giro. Su rendimiento bajó la temporada pasada y, en las últimas semanas, otros compañeros le han ganado la partida en el lateral derecho. El mensaje es claro: el nombre ya no basta, hay que ganarse el puesto cada semana.

Koundé lo sabe. Sabe que no está en su techo y que la confianza de Flick se construye de nuevo, día a día. Lo que nadie discute es su entrega física. El francés siempre ha perseguido el mejor estado de forma posible, aunque eso implique sumar trabajo extra al que marca la planificación del club.

Cuando termina la sesión del primer equipo y sus compañeros se marchan al vestuario, Koundé se queda. Según Sport, el internacional francés prolonga su jornada sobre el césped de la ciudad deportiva, trabajando con los preparadores físicos y los fisioterapeutas del club. Mientras el resto ya piensa en la ducha o en el descanso, él sigue corriendo, estirando, puliendo detalles.

Su respuesta a un rol menguante es directa: trabajar más. Más gimnasio, más carga específica, más horas en la ciudad deportiva. No hay discursos, ni gestos hacia la galería. Solo rutina, sudor y una idea fija: volver a ser imprescindible.

No es una pose reciente. Koundé ya funcionaba así en el que probablemente fue el mejor momento de su carrera, cuando grandes clubes europeos —con Manchester City entre los más atentos— seguían de cerca su situación. Entonces se entrenaba como si aún tuviera que demostrarlo todo. Hoy, con su estatus en entredicho, ha vuelto a ese punto de partida.

La diferencia es que ahora no pelea por un gran traspaso. Pelea por algo más básico y, a la vez, más duro: recuperar su lugar en el once y convencer a Flick de que todavía puede ser el dueño de la banda derecha del Barcelona.