Josh Flook, el centro de los Wallabies con seis tests, decidió dejar de escuchar las dudas sobre su físico desde la distancia. Prefirió ir a buscarlas a la cara. A Italia. Al frío y al choque del United Rugby Championship.
El jugador de 24 años habló por primera vez tras confirmarse el mes pasado su fichaje por Benetton con un contrato de dos temporadas. No fue una decisión impulsiva ni sencilla. Él mismo la define como “la decisión más dura de su vida”.
De la crítica de siempre a un salto arriesgado
La historia de Flook tiene un estribillo repetido: “eres demasiado pequeño”. Lo ha escuchado desde niño. Lo sigue escuchando en la élite. Y, lejos de agotarle, se ha convertido en combustible.
Su mudanza a Treviso nace, en parte, de una conversación que lo marcó. Tras ser llamado a la concentración de los Wallabies para la gira de fin de año, apenas jugó un partido, ante Japón. El mensaje que recibió después fue directo: no estaban seguros de cómo se emparejaría con los centros escoceses y sudafricanos si le tocaba enfrentarlos.
Flook no se encogió. Respondió con un plan.
“¿Por qué no ir a probarme en esa competición y demostrar, a mí y a los demás, que quizá sea un poco más pequeño, pero que puedo dar una pelea tremenda?”, razonó. Su juego se apoya en el tiempo de carrera, en las líneas de apoyo y en una técnica limpia. No presume de kilos, presume de lectura.
El viaje a Benetton no es una fuga improvisada. El año pasado ya estaba previsto que se incorporara al club italiano en calidad de cesión, dentro de una alianza con los Queensland Reds. La llamada de la selección frenó aquella primera aventura. Esta vez, no.
Un adiós incómodo a Super Rugby… con la mirada en el oro
La marcha de Flook se produce desde el corazón de Super Rugby Pacific, el escaparate principal para la mayoría de jugadores que aspiran a estar en la lista de los Wallabies para el Mundial que Australia organizará el año que viene.
Por eso duele tanto irse. Él lo sabe. Lo ha pensado “semanas y semanas”, admite, hasta el punto de “haber molestado a unas cuantas personas” con sus dudas y vueltas. Pero el desenlace lo deja claro: prefiere apostar por su crecimiento antes que quedarse por inercia.
A sus 24 años, no quiere que su carrera gire solo alrededor de una camiseta dorada.
“Sea que consiga o no un jersey dorado, mientras esté mejorando y haciéndome mejor jugador y mejor persona, estoy en paz”, explica. Cree que medirse de forma regular con equipos irlandeses, italianos, galeses, escoceses y sudafricanos en el URC puede, paradójicamente, reforzar sus opciones de seguir en el radar de los Wallabies.
Un regreso amargo y un calendario que aprieta
Mientras su futuro se aclara, su presente con los Reds atraviesa turbulencias. Flook volvió de lesión el sábado, en una derrota contundente por 42-19 ante Western Force que dejó un regusto agrio en Brisbane.
Esa caída llegó justo después de otra actuación floja frente a Hurricanes en Wellington. Dos tropiezos seguidos que han empujado a Queensland de la posibilidad de ser terceros a ocupar el sexto lugar en la tabla.
El calendario no concede respiro. Los Reds, con balance 4-3, reciben este sábado a Crusaders (quintos, también 4-3). Luego llegará la fecha de descanso, y después una secuencia que puede definir la temporada: Super Round en Christchurch ante Blues (segundos, 5-2) y, de vuelta en casa, duelos frente a Brumbies (cuartos, 4-3) y Chiefs (terceros, 5-2).
Cada partido pesa. Cada error se magnifica. Y sobre todo porque hay un foco extra encendido sobre el banquillo.
Les Kiss bajo la lupa… y el respaldo del vestuario
Les Kiss, actual técnico de Queensland, tomará las riendas de los Wallabies cuando termine la temporada de Super Rugby Pacific. Cada resultado de los Reds se lee ya con doble tinta: lo que significa para la franquicia y lo que insinúa sobre el futuro de la selección.
Flook no compra la narrativa que apunta al entrenador como culpable del bache reciente. Al contrario, la rebate con firmeza.
Cuenta que, tras las dos derrotas, llegó el momento de mirarse al espejo. Primero cada uno, luego todos juntos. “Hubo muchas miradas individuales al espejo y después hemos visto como grupo qué podemos hacer mejor y qué pequeños detalles de nuestro juego nos están faltando”, explica.
Para él, cargar a Kiss con la responsabilidad es “definitivamente injusto”. El centro insiste en que las últimas semanas han demostrado algo sencillo: si los Reds cometen errores, los rivales de nivel no perdonan; si cuidan la posesión, pueden desplegar un rugby de alto vuelo.
El mensaje es claro. El problema no es el plan, sino la ejecución.
Flook se marcha a Italia con una etiqueta que lo persigue desde niño: demasiado pequeño. La diferencia es que ahora la usa como arma. Entre Brisbane y Treviso, entre Super Rugby y URC, su carrera se juega en un punto de inflexión. La próxima vez que alguien dude de su tamaño, quizá tenga que hacerlo viéndolo chocar de frente con los centros más duros del hemisferio norte.





